Cuatro legislaturas y un Parador (o ninguno)

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Cospedal, junto a José Manuel Soria, Ana Guarinos y Jesús Herranz, en marzo pasado, durante la presentación de las obras del Parador. // Foto: JCCM

Por Raquel Gamo

En el mejor de los casos, para que el Parador Nacional de Turismo de Molina de Aragón abra sus puertas se habrán necesitado cuatro legislaturas, dos jefes de Gobierno, tres mandatarios autonómicos, dos alcaldes de Molina y algo más de diez años. En el peor, el proyecto volverá a encallar y se mantendrá varado en los despachos del Ministerio de Industria, que es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora con gobiernos del PP y del PSOE.

Si la paciencia del pueblo alcarreño es ilimitada, tal como comprobó el conde de Romanones, la de los molineses raya el estoicismo. Pero incluso en esta tierra, relegada al ostracismo desde que los Señores de Lara construyeron castillos y palacios en el siglo XII, la capacidad de resistencia tiene un límite, si bien en este caso la rebeldía parece haber mutado en resignación. O en un hartazgo taimado por el sosiego con el que los molineses encajamos los sueños rotos.
Dado el periodo de interregno en el que estamos, después de las elecciones del 20-D, merece la pena dar fe de que la legislatura que acaba de expirar ha sido una oportunidad perdida -otra más- para un proyecto llamado a sacar del marasmo a la Ciudad de los Caballeros. Ni el margen de maniobra que otorga una mayoría absoluta, algo que no se va a dar con el nuevo Ejecutivo; ni el hecho de que tanto Moncloa como la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento molinés hayan estado regidos por los populares, parece haber beneficiado en nada a Molina. Y la historia se repite, a modo de ejercicio castigador, porque eso mismo ocurrió entre 2006 y 2011 durante la hegemonía socialista.

El Parador de Molina es un expediente fantasma. Tal vez una quimera. O, simplemente, el bucle melancólico de los ciudadanos de este rincón de paso entre Castilla y Aragón. Podemos remontarnos a los años 60, que es cuando Molina perdió el tren que sí supo coger a tiempo Sigüenza. Pero basta consignar que la frustración generada por la falta de este establecimiento engorda la sensación de ocaso que congela el futuro de esta comarca, convertida en arquetipo de la despoblación de la España interior.

Ha pasado una década desde que, a rebufo de la tragedia mortal del Ducado, Zapatero comprometió la construcción de un Parador destinado a revitalizar la zona. El proyecto arrancó atascado, que es como sigue, fruto de la burocracia estatal y la lentitud del Ayuntamiento de Molina -entonces en manos del PSOE y de IU- a la hora de facilitar los trámites para ubicar los terrenos en los que se levantaría el edificio.

Molina de Aragón (Guadalajara) 28/05/2010.- El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, asistió a la presentación de la maqueta del Parador de Molina de Aragón, en la Iglesia Santa María del Conde de Molina de Aragón (Guadalajara). En la imagen (de izquierda a derecha), con la delegada de la Junta en Guadalajara, Magdalena Valerio; el alcalde de la localidad, David Pascual; y con el secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida. (Foto: Yolanda Soria // JCCM)

El entonces presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en la presentación de la maqueta del Parador, el 28 de mayo de 2010, junto a Magdalena Valerio; David Pascual, entonces alcalde de Molina; y Joan Mesquida. // Foto: JCCM.

En mayo de 2010, Barreda y el ex secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, presentaron a todo trapo la maqueta de un Parador que debía tener 70 habitaciones, 21.000 metros cuadrados y un presupuesto de 29 millones de euros. El sueño de la Tierra de Molina. Pero el sueño se tornó en pesadilla porque la iniciativa fue primero ninguneada por Miguel Sebastián, entonces ministro de Industria y enfrentado con Barreda a cuenta del almacén nuclear; y luego desterrada por el Gobierno de Rajoy, tijera en mano.

El PP se presentó a los comicios de 2011, tanto regionales como generales, con la promesa de ejecutar lo que los socialistas, efectivamente, habían reducido a una simple maqueta. Ramón Aguirre, presidente de la Sepi y diputado por Guadalajara hasta el 20-D, exhibió la magnanimidad con la que los cuneros hablan de sus feudos y llegó a anunciar, a principios de 2012,  la licitación de las obras y se comprometió a informar puntualmente de su marcha. Al final, ni una cosa ni la otra. Aguirre, el cargo mejor pagado del Gobierno (210.000 euros anuales brutos), se va a ir al paro sin haber cumplido con su palabra.

El pasado marzo, Cospedal y el titular de Industria, José Manuel Soria, presentaron un nuevo proyecto para el Parador, ahora de 22 habitaciones, 6.900 metros cuadrados, sin spa ni piscinas. “La pensión de la Lola”, llaman a este miniparador en La Otra Guadalajara. Cospedal lo consideró “un símbolo de lucha de los guadalajareños”. Y Ana Guarinos no dudó entonces en alardear, sin reparar en citas de Churchill, que había llegado la hora de pasar de “los dichos a los hechos”.

La capacidad hotelera del Paradorcito, más allá de pertenecer a una red de primera como Paradores de España, degrada el calibre de esta infraestructura al de muchos hostales de pueblos de menor entidad que Molina. Será muy difícil así articular una oferta competitiva que haga las veces de motor tractor de la comarca. Y ello, además, con un presupuesto inexplicable de 19,9 millones de euros. ¿Cómo se entiende una diferencia de presupuesto de apenas nueve millones de euros cuando entre el primer proyecto y el actual hay 38 habitaciones de distancia? O engañaron los socialistas o engañan ahora los populares, o ambos.

Con todo, lo peor es que las obras que en teoría arrancaron hace siete meses progresan como cabía esperar. Es decir, lentamente. Durante este tiempo, los trabajos se han ceñido a la porfía de una máquina excavadora que ha horadado un pozo de unos siete metros en el paraje conocido como Piedras de Santa Librada, en el margen izquierdo del río Gallo.

Ángel Luis López Sanz, de La Otra Guadalajara, me cuenta que el actual proyecto “es un fracaso que no sirve para revitalizar la zona”. El problema, añade, “es que no hay voluntad política y lo que más nos irrita es la reducción de capacidad y de servicios del futuro Parador”. Además, considera que hoy, con el actual presupuesto, se podría hacer el original establecimiento de 70 habitaciones por la bajada de los costes de la construcción.

Pero, más allá del dinero, está la dignidad. Cualquiera puede comprobar que la cosa va camino de convertirse en el timo del tocomocho. En septiembre de 2015, Isabel Borrego, secretaria de Estado de Turismo, señaló en la comisión de presupuestos del Senado que el Parador se está ejecutando “de acuerdo con la demanda” y también “de acuerdo con un diseño con las tipologías arquitectónicas de la zona”. Menos mal. Sólo faltaba que plantaran un hórreo o una barraca de la Albufera delante de uno de los más impresionantes cascos medievales de la Península Ibérica.

El indignómetro explotó hace dos años durante la visita de la ex presidenta Cospedal a la capital del Señorío. La protesta contra los recortes (Parador incluido) fue morrocotuda. Y dos destacados miembros de La Otra Guadalajara, Miguel García y Jerónimo Lorente, han recibido recientemente la notificación de sendas sanciones de 300 euros. La cuantía será abonada con una cuestación organizada por la plataforma, pero el hecho queda ahí. En España protestar ya cuesta dinero.

El senador De las Heras (PP) terminó durante la campaña de romper el indignómetro en Molina, tras asegurar en Nueva Alcarria que el Parador “es una realidad incontestable”. Vaya por Dios. En ese caso puede que las gentes de Molina, todas ellas, sufran de ceguera. Y no sólo porque no vean las máquinas de Tragsa trabajar al ritmo que sería deseable, sino porque el Parador no tiene consignada ninguna dotación específica en los Presupuestos Generales del Estado para 2016. Sí, ninguna.

Veremos qué pasa hasta 2019. De momento, cuesta entender por qué sale tan barato, políticamente hablando, reírse de los molineses.

PD.- Este texto es mi primer artículo en El Hexágono de Guadalajara, un blog de opinión y análisis, un espacio de libertad compartido con magníficos periodistas. Agradezco la invitación de los compañeros y, sobre todo, agradezco de antemano la atención de los lectores. Sólo prometo seguir el recado de Enric González: “Un periodista debe desconfiar siempre, siempre, siempre de los que mandan, porque nunca, nunca, nunca dicen la verdad” (Memorias líquidas).

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