“Ambientillo”

Navidad Guadalajara

La Plaza Mayor a todo color en estas navidades. /Foto: M.P

Por Míriam Pindado

No me gusta que me digan que Guadalajara es una ciudad dormitorio. No lo es. Prueba de ello es el ambiente que se respira durante estos días de Navidad en el centro de la ciudad. Bien es cierto que esta estampa no es la más habitual durante el resto del año, pero es una prueba inequívoca de que la gente que reside en Guadalajara ‘hace ciudad’ e incluso pasa parte de las navidades aquí.

Desde hace dos semanas (e imagino que hasta pasado el día de Reyes) las calles del casco histórico de Guadalajara se llenan de paseantes. Padres con carritos de bebé, niños con gorros navideños que tiran bombetas sin avisar, abuelos que pasean divididos  (los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres), parejas que caminan de la mano, independientes con las cartas a los Reyes Magos en la mano y viandantes con perros con los ojos como platos de tanta lucecita.

Así es nuestra pequeña y modesta ciudad durante estos días. Una ciudad con vida, con luz y con gente. El centro (aunque no todo) está lleno por las mañanas y por las tardes. Y los fines de semana los vermús se alargan para llenar los pubs de noche. Pero lo cierto es que este “ambientillo” que hoy en día se respira es eventual. Circunstancial. Provisional. Efímero. El espíritu navideño y el buen tiempo favorecen esta rutina ciudadana y los mismos que se dejan ver en ferias se atreven a asomar la cabeza en Navidad. ¡Bienvenidos sean todos a las calles de Guadalajara!

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El entorno del Palacio del Infantado un día de diario. /Foto: M.P

Esta ciudad necesita eso: ambiente. De hecho, si pudiese pedirle algo al 2016 para Guadalajara le pediría eso. Somos cerca de 85.000 vecinos pero muchos días nuestras calles más céntricas están vacías…aunque salga el sol y los pajarillos canten. Este año parece que nuestros ediles se han propuesto dinamizar el casco, pero lo que hay que hacer es mover a los ciudadanos. Evidentemente la gente tiene sus horarios, sus trabajos y sus quehaceres diarios. La mayoría dedica el fin de semana a descansar, viajar o pasear por el centro comercial. Pero cuando la calle Mayor (no muchas más) se llena de gente, a todos nos gusta. Y gente llama gente. Eso ya lo sabemos todos.

Y no sé si será por el ánimo navideño que nos contagian las películas moñas de la temporada o por la gratuidad de pedir prodigios al nuevo año, pero lo cierto es que creo que esta ciudad podría cambiar su inerte gris-cemento por un color más vivo. Hace unas semanas  el artículo  ‘Cómo hacemos ciudad’,  de nuestro compañero Rubén Madrid, se llevaba el Premio Libertad de Expresión de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Si aún no lo han leído les invito a que lo hagan porque escritos como este pueden ayudarnos a decidir qué es lo que queremos para esta localidad.

En Navidad

Podríamos aprovechar estos días de puestecillos, luces y jolgorio para darnos cuenta de que otra Guadalajara es posible, salvando las peculiaridades de estas fechas, que no son pocas. Los niños no tienen colegio, ni deberes, ni extraescolares; algunos afortunados están de vacaciones;  la gente queda con amigos a los que hacía mucho que no veía; los de fuera vuelven a casa como el turrón…Lo cierto es que no podemos comparar estas fechas con ninguna, pero la postal de esta Guadalajara debería animarnos a pasear durante el año o a tomar un chocolate con churros cualquier domingo lejos del estío.

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La Feria de Artesanía del Jardinillo y el Mercado Tradicional de la plaza de Los Caídos. /Foto: MP

Los puestos que ahora nos venden regalos de Reyes podrían hacernos pensar en la Feria de Artesanía, la Feria del Libro o las campañas de dinamización del comercio del centro (sobrepasando los límites de las plazas de los Caídos-Mayor-Jardinillo). Las terrazas de los bares que estas semanas hacen frente al invierno deberían verse recompensadas en primavera (no solo en verano). Los villancicos que suenan en la calle podrían dar paso a otras cantinelas para animarnos el resto de meses y la pista de hielo y el tiovivo podría ilusionar a los más pequeños para otras sorpresas durante el año.

Con esto no quiero decir que Guadalajara tenga que estar de charanga todos los fines de semana. No. Pero no estaría de más tener en cuenta que si a esta ciudad se le da “vidilla” se dará vida a sus vecinos. Quizá así podamos salir de este letargo zombie y se deje de decir que en Guadalajara no hay ambiente, que no hay nada que hacer fuera de nuestras casas.

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