Todo para el público (Tragicomedia en un acto)

Ultramarinos, en su 'Pinocho', retratados por Raquel Fernández.

Juan Berzal y Juam Monedero, de Ultramarinos, en una escena de su ‘Pinocho’, retratados por Raquel Fernández.

Por Ultramarinos de Lucas *

DRAMATIS PERSONAE

CORO (de madres de actores)

EL ACTOR VIEJO

EL ACTOR TAN VIEJO COMO EL ACTOR VIEJO

EL ACTOR JOVEN

EL ACTOR MUY JOVEN

UN ALCALDE (cualquiera)

PRÓLOGO

CORO

Érase una vez un grupo de imprudentes muy ignorantes de Guadalajara que montaron un grupo de teatro hace veintitantos años. Prepararon algunas obras, compraron una furgoneta (y luego otra y luego otra más), se hicieron esclavos de una nave industrial que les daba libertad para trabajar, convirtieron su grupo en una empresa (por imperativo legal), dieron trabajo a unos y otros, que fueron y vinieron, viajaron por el mundo buscando miradas y compartiendo dudas e inquietudes, les dieron premios (los normales cuando aguantas mucho tiempo), fracasaron unas cuantas veces, defendieron causas muy imposibles (incluyendo la de mantener un grupo de teatro) y decidieron insistir, resistir y persistir, a toda costa, y en eso están veintitantos años después. Para alegría de sus madres. Para sufrimiento de sus madres. Fin (por ahora).

ACTO ÚNICO

Escena única

Sobre el escenario 4 actores discuten más o menos apasionadamente.

EL ACTOR VIEJO

Todo empieza cuando un muchachito (imprudente e ignorante) descubre que encima del escenario se siente muy bien, seguramente mejor que fuera del escenario. Ese chaval descubre que esto de hacer teatro es, por encima de otras cosas, jugar. Sí, hacer teatro es jugar con la seriedad con que juegan los niños, a vida o muerte, asomándose al abismo, cada vez un centímetro más allá.

EL ACTOR TAN VIEJO COMO EL ACTOR VIEJO

En realidad, todo empieza cuando uno descubre que esto consiste no solo en jugar a vida o muerte, asomándose al abismo, venciendo el vértigo (disfrutando de él), sino que además lo comparte con el público.

EL ACTOR JOVEN

El público, el público… ¿A quién le interesa el público? Mucho más importantes son las palabras, las que salieron de la cabeza de don William, las de Beckett, las de Valle, las de Lorca o Angélica Liddell. Sin esas palabras no hay juego, no hay riesgo, no hay abismo, no hay nada que ver. Todo empieza cuando un autor se estruja para explicar el mundo con palabras inmortales.

EL ACTOR MUY JOVEN

¡Palabras…! ¿El público…? El público es un mal necesario. Señores, importante soy yo, YO, YOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYO, el actor. ¿Qué teatro ni qué historias ni qué nada, si no hay un héroe que se sacrifique, que se inmole, que se exponga, que se ofrezca a los dioses sobre el altar del escenario como representante de todos los hombres? ¿Saben ustedes lo que es un actor, viejos señores con viejas tablas? Un actor es el destilado de la Humanidad toda, es un diamante, tan frágil como fuerte, aquello por cuyo brillo todos suspiran, espectadores y autores. Un actor se somete al examen de los dioses y de los hombres, del presente y de la posteridad. Porque el teatro, señores míos, es presente que trasciende, un actor aquí, ahora y siempre.

EL ACTOR JOVEN

El actor no es nada. Sobre el escenario el actor no es persona, es personaje, y eso lo inventa el autor. El actor solo es una herramienta en sus manos, un altavoz que repite las palabras de un genio. El actor a menudo desaparece detrás de esas palabras.

EL ACTOR VIEJO

En realidad todo comienza cuando el actor y el autor desaparecen. Hasta que no desaparecen actor y autor, sobre el escenario solo hay un patético grupito de gusanos gritando “mamá, mira lo que hago, mira lo que soy” como si lo que uno es y hace le importara a alguien más que a su mamá.

EL ACTOR TAN VIEJO COMO EL ACTOR VIEJO

Pensar que un actor tiene algo que dar al público es como mínimo un acto de soberbia. El actor solo puede aspirar a jugar a partir de sus miedos, sus dudas, que son las de todos. Para empezar ha de tener la humildad de asumir que no sabe nada. Si después tiene el coraje de mirar a los ojos al espectador y darle la mano y juntos viajar durante un par de horas por el filo del acantilado en busca de preguntas, entonces es posible que todo tenga algún sentido.

El público no sabe lo que quiere. Cree que quiere que lo entretengan. Pero en realidad lo que quiere es que lo conmuevan. Y la conmoción es “mover con”: permitir que el otro nos cuente el mundo desde el lugar donde se encuentra, muy cerca o muy lejos del propio, pero nunca el mismo, siempre desde un ángulo distinto, para cambiar la visión propia. Entreteniéndose, es posible, pero no es obligatorio. Y cuando se conmueve, ya no quiere otra cosa. Cree que quiere que lo lleven de safari sentadito en un cochazo con aire acondicionado, pero lo que quiere de verdad es que lo paseen por el abismo.

EL ACTOR MUY JOVEN

Pero eso es como decir que el actor es un mono de feria, que está para desnudarse de sí mismo y disfrazarse de colores y hacer todas las payasadas que el público quiera y que se rían de él.

EL ACTOR VIEJO

No está mal ver al actor como un payaso. Pero en realidad es un bufón. No se expone para que el espectador se ría, o no necesariamente; se coloca delante de todos para cuestionarlo todo. El teatro está obligado a cuestionar la realidad, la vida, la de los que hacen teatro y la de los espectadores. Por eso todos cuantos han detentado un poder, el que fuera (político, religioso, moral, social), han querido siempre acallar a los teatreros: se les ha prohibido, detenido, torturado, matado, censurado, marginado, exiliado, silenciado a base de subvenciones, premios, halagos, aplausos.

buk sto domPero el actor tiene una responsabilidad social, o sea ética, o sea política, o sea humana: el actor tiene el altavoz que el espectador no tiene. No se puede traicionar la generosidad del espectador (que paga por adelantado, no lo olvidemos), escondiéndose detrás de la propia vanidad, del bosque de fuegos artificiales que cerrarán un año más unas ferias y fiestas gloriosas. Aquel que hace teatro está obligado a señalar las vergüenzas de nuestra sociedad y las suyas propias. El actor debe correr con la responsabilidad de ser libre, libertario.

UN ALCALDE

Nosotros estamos absolutamente comprometidos con la Cultura con C mayúscula. A nosotros nos gusta la Cultura. La Cultura es importante. Y los fuegos artificiales son Cultura y Tradición, una Tradición que vamos a mantener aumentando el presupuesto y solicitando que sean declarados Patrimonio Intangible, Festivo, Tradicional y Cultural con C Mayúscula de la Humanidad.

EL ACTOR TAN VIEJO COMO EL ACTOR VIEJO

Para ti y los tuyos, el público ha sido siempre un rebaño informe y despreciable de seres indefinidos que han de ser pastoreados con mano de hierro y zanahoria atada al borde del palo, de centro comercial en centro comercial y sometidos al ruido de mil pantallas y el grito abrasador de gargantas artificiales con voz metálica, y aplastados bajo toneladas de risas y aplausos prefabricados.

Tú y los tuyos huís del silencio, porque sabéis que sin silencio no hay pensamiento, no hay emoción, no hay sueños. Amáis el ruido y al ruido mandáis a vuestro pueblo.

El silencio es la patria del actor.

UN ALCALDE

Hasta aquí hemos llegado. No puedo consentir ese insulto. Nosotros sabemos lo que la gente de bien necesita, y trabajamos para dárselo. Y vosotros sois unos subversivos y unos antisistema y unos subvencionados que solo sabéis insultar y morder la mano que os da de comer.

EL ACTOR TAN VIEJO COMO EL ACTOR VIEJO

Al actor le da de comer el público y nunca muerde esa mano. Todo, absolutamente todo lo que hace el actor, es por el público y para el público.

EL ACTOR VIEJO

El actor sabe que fuera de este horror donde los presos nos hacinamos, hay otro mundo en el que las leyes permiten vivir bajo la luz del sol. Y es imprescindible que narre ese mundo a los presos de éste. Si consigue que ese mundo sea verosímil, entonces éste se convierte en una ficción y se puede mantener la esperanza de que este horror (en el que los niños se mueren de hambre por nuestra mezquindad) pueda tener fin.

Hacer teatro es abrir puertas y ventanas, pero no decir (por puro desconocimiento) hacia dónde se debe caminar. Sin soluciones, la alternativa es compartir preguntas. Con los pies firmes en el suelo se busca la emoción del espectador, el puente que lo lleve más allá de la realidad sin perderla de vista.

Y para esto, el actor apela al arma más poderosa de cada espectador: la imaginación. Y cuando al espectador se le hace imaginar y es capaz de construir, de crear desde un indicio, una palabra, un gesto, se siente inteligente y libre y digno y poderoso.

 A estas alturas todos, Un Alcalde incluido, han sacado cuchillos tan relucientes como afilados. En un segundo andan destripándose para regocijo del respetable. De algunas barrigas salen tripas, de otras, apenas humores y vahos ligeramente fétidos que desaparecen con sorprendente rapidez.

 EPÍLOGO

CORO

Y de charco en charco, estos hijos nuestros se nos van, perdidos en furgonetas demasiado incómodas ya, de plaza en plaza a la puesta del sol. Y nosotras lloramos su marcha tanto como agradecemos a la naturaleza su pasión y su fe en la mirada limpia del niño, del espectador niño y del espectador adulto que se permite ser niño ante el escenario, redimiendo a esta nuestra especie. Y rezamos para que no se cansen de insistir y persistir y resistir, mientras se nos va la vida viéndoles entregarse toditos enteros.

* En 1994 un grupo de personas inestables fundó en Guadalajara, como podría (¿debería?) haber sido en cualquier otro sitio, la compañía Ultramarinos de Lucas, con la intención de crear un proyecto estable de investigación en las artes escénicas, sin imponerse ningún límite, sin prejuicios, con pasión. El público es su horizonte: para él trabajan, con honestidad y humildad, hablándole de tú a tú, sin certezas, sin ser dogmáticos, apelando a su imaginación, buscando compartir con él emociones, pensamientos, inquietudes, descubrimientos y aventuras.

Partiendo de estas premisas, persistiendo en una línea artística, a menudo en contra de intereses comerciales (para desgracia de sus bolsillos y su tranquilidad), manteniendo un mismo grupo de trabajo, han creado una veintena de espectáculos dirigidos a públicos de todas las edades: desde bebés a adultos, pasando por adolescentes o niños de diferentes edades.

Con esas obras han recorrido mucho mundo y recogido muchas miradas llenas de humanidad.

No se sabe si son de esta época.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s