Los tiempos y los acuerdos

Vista del pantano de Entrepeñas desde Sacedón, a principios de este mes. // Foto: Senderismo Guada y Guadaqué

Vista del pantano de Entrepeñas desde Sacedón, a principios de este mes. // Foto: Senderismo Guada en Guadaqué

Por Concha Balenzategui

El Gobierno estatal aprobaba el pasado viernes en Consejo de Ministros la segunda fase de la planificación hidrológica para 16 cuencas fluviales españolas, entre ellas la del Tajo. La aprobación, materializada a través de dos reales decretos después de un largo proceso de debate, regirá entre los años 2016 y 2021.

El documento no constituye ninguna sorpresa, ya que sus carencias se habían evidenciado en el memorándum previo, ampliamente criticado desde este lado del Tajo, y en diversos momentos del proceso de redacción. Si la memoria en la que se relacionan los recursos de agua disponibles, las necesidades de los distintos actores y los mínimos medioambientales es un despropósito, se aborta toda posibilidad de que el Plan resultante sea un instrumento bueno para gestionar el agua, puesto que la normativa y los usos obedecerán a estas cifras viciadas, y las inversiones y medidas previstas no serán las que el río necesita para su protección y para un buen uso en todos los tramos.

Llama la atención que un tema tan espinoso como es el uso de este preciado bien en España, sea zanjado de esta manera por un Gobierno en funciones, ostentado por un partido que ya ha perdido la mayoría absoluta y gran parte de los apoyos en las elecciones del pasado 20 de diciembre, y que tiene muy complicado repetir en el cargo.

El argumento empleado por el PP para la aprobación en este momento tiene su peso, no se puede negar. Estos planes deben aprobarse ahora, para cumplir el mandato de la Unión Europea y la Directiva Marco del Agua, que establece planificaciones de seis años. El PP heredó un gran retraso, puesto que en 2011 no se habían aprobado los planes correspondientes que debían estas listos en 2009, por lo que tuvo que elaborar la primera fase, y después la segunda, que tenía que estar lista antes de 2015, y que ha llegado ahora. Una de las cuestiones importantes es que hacerlo en fecha supone que se permitirá el uso de los fondos estructurales de la UE para las inversiones previstas, y hay que recordar que entre otras cuestiones se plantean nuevas presas, conducciones y puesta en marcha de regadíos.

En este sentido, está claro que el asunto de los plazos no es baladí, y que el PSOE, que se retrasó durante años, no es el más indicado para criticar que la aprobación llegue en los primeros días de enero y no antes de terminar el pasado año. Sin embargo, la diferencia entre hacerlo hace unas semanas y hacerlo ahora reside en que ha habido unas elecciones de por medio, con el resultado que todos conocemos, a pesar de que el futuro no se haya despejado. Por eso, porque la relación de fuerzas ha cambiado en el país, no es de recibo llegar con este plan en tiempo de descuento. Pero sobre todo, de nada sirve que los planes se aprueben a tiempo, si no hay consenso sobre ellos.

Ese es el otro hilo argumental del Gobierno provisional, y ese sí que tiene fisuras por todas partes. Dice la portavoz en funciones, Soraya Sáez de Santamaría, que la elaboración de los planes ha contado con una alta participación. Presume la vicepresidenta en funciones de un amplio consenso, superior al 80 por ciento de los miembros del Consejo Nacional del Agua.

Pero a la vista está que, en el caso del Tajo, no hay consenso, sino más bien una falta de representatividad real en los órganos de decisión. El Plan de Cuenca del Tajo ha sido fuertemente contestado en Castilla-La Mancha en diferentes momentos del proceso de redacción. El hecho de que haya un periodo de información pública durante los seis primeros meses no da carta blanca a hacer y deshacer, puesto que se comprueba que no se han recogido buena parte de las alegaciones presentadas.

El consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, y la consejera de Fomento, Elena de la Cruz, ayer, en rueda de prensa. // Foto: Junta de Comunidades.

El consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, y la consejera de Fomento, Elena de la Cruz, ayer, en rueda de prensa. // Foto: Junta de Comunidades.

De consenso, nada. La Junta de Comunidades ya ha anunciado que recurrirá el Plan del Tajo, y también los de Júcar, Segura y Guadiana, por entender que no hay un reparto equilibrado de los recursos hídricos y que el nuevo plan no tiene en cuenta cómo afecta el trasvase Tajo-Segura a la llamada cuenca cedente.

Pero hay muchos más descontentos con el plan en nuestra tierra. La Asociación de Municipios Ribereños de Entrepeñas y Buendía considera que la regulación defiende los intereses del trasvase al Segura por encima de la situación del Tajo. Similares argumentos usa la Plataforma en Defensa de los Ríos Tajo y Alberche, de Talavera de la Reina, que dice que el documento perpetúa el expolio, puesto que está basado en el memorándum que tanto se criticó, y que mantiene caudales similares a los que se ofrecían en la primera fase de la planificación (2009-2015) que fueron recurridos ante el Tribunal Supremo, que aún no se ha pronunciado al respecto.

Entre los opositores se encuentra además la organización Ecologistas en Acción, que critica en general los 16 planes hidrológicos, pero que asegura que la peor parte se la llevan el Ebro y el Tajo. Uno de los datos que argumenta para esta oposición es que se considera caudal ecológico solo el 7 por ciento del total de masas de agua, frente a otras cuencas donde se llega hasta el 100 por cien. Tampoco está contenta la Asociación de Jóvenes Agricultores, que anuncia que recurrirá el plan.

El senador Juan Pablo Sánchez, en su comparecencia de ayer. // Foto: PP Guadalajara

El senador Juan Pablo Sánchez, en su comparecencia de ayer. // Foto: PP Guadalajara

Sí hay defensores de esta nueva planificación, claro. Ayer leímos cómo la apoyaban la presidenta del PP en las Cortes, Ana Guarinos, y el senador Juan Pablo Sánchez, que suele presumir de ribereño y de haberse bañado en el pantano de Sacedón. Pero oímos pocos argumentos distintos a los expresados desde la Moncloa, sobre todo los de los plazos, y echamos en falta en los “populares” un poco de guadalajareñismo. Para variar, por otro lado. La única novedad que aportaron, eso sí, es mencionar los “logros” conseguidos por Dolores de Cospedal para la cabecera del Tajo.

Sólo mirando el estado de los embalses y los trasvases aprobados hasta hace pocos días basta para calibrar el éxito de esos lodos. Digo logros.

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