Más lecturas sobre un pacto

Firma del acurdo entre José Luis Blanco (PSOE) y el concejal Diego Parra.

Firma del acurdo entre José Luis Blanco (PSOE) y el concejal Diego Parra.

Por Concha Balenzategui

El alcalde de Azuqueca de Henares, el socialista José Luis Blanco, firmaba a principios de mes un acuerdo de gobierno con el concejal Diego Parra, que concurrió a las elecciones municipales el pasado mayo al frente de “Ganemos”, y que supuestamente ha sido expulsado de esta formación política. El PSOE, al que le faltó un concejal para obtener la mayoría absoluta el pasado mes de mayo (logró 10 ediles, por 4 el PP, 3 Ciudadanos, 3 IU-Ahora Azuqueca y 1 Ganemos) se garantiza de esta manera la estabilidad, en el sentido clásico del término. El pacto, como supimos dos días después, cuando Blanco anunció la remodelación del Equipo de Gobierno, también supone que este concejal pase a estar liberado, es decir, a percibir un sueldo del Ayuntamiento que antes no le había sido concedido, además de dotarle de un administrativo a media jornada.

La pasada semana, cuando se dio cuenta en sesión plenaria de la nueva estructura del Gobierno municipal, los tres grupos de la oposición cuestionaron este acuerdo, con diferentes maneras y razones, pero fundamentadas en el hecho de que Parra haya sido expulsado de su partido. La tesis de quienes critican el pacto es que Parra no puede ser liberado porque no constituye un grupo político, al haber causado baja en su partido, sino que debería considerarse un concejal no adscrito, o dicho de otro modo, un tránsfuga, que es lo que le llaman sin dudarlo. Y claro, pactar con un tránsfuga no está bien, y pueden poner aquí los calificativos que unos y otros emplean: ilícito, inmoral, ilegal o falto de ética.

Y eso es más o menos lo ocurrido en Azuqueca, simplificando mucho lo que no es fácil de entender sin estar al pie de la actualidad del municipio y con el paseo de los Reyes Magos de por medio. Lo que a mí me empujaba a desenredar esta madeja -o a meterme en este jardín, lo admito- era averiguar qué hacían dos fuerzas en las antípodas políticas como IU y el PP argumentando cosas parejas, o dos grupos que parecían irreconciliables en la vega del Henares, como PP y Ciudadanos, dirigiendo sus críticas en la misma dirección. Será verdad que la política hace extraños compañeros de cama, tanto en el Gobierno como en la oposición.

IU-Ahora Azuqueca ha presentado recurso de reposición contra el decreto del alcalde, y el PP ha anunciado que también estudia poner el asunto en manos de los tribunales. Así que no es cuestión de debatir aquí sobre si es legal o no un acuerdo sobre una situación que será dirimida por el juez. Por la otra parte, también Diego Parra ha recurrido su expulsión de Ganemos, y asegura que sigue perteneciendo a la formación, puesto que no hay una decisión firme. Con estos mimbres, es de prever que el culebrón azudense tendrá algunos capítulos aún en la prensa y en los plenos, y que la pretendida estabilidad no va a ser tan plácida como se pensaban algunos.

Al margen de si es legal o no, ya que la Ley está sujeta a interpretaciones, es evidente que el acuerdo ha escocido mucho. En gran medida puede deberse a lo que la oposición tilda de “oscurantismo”, puesto que en la firma del pacto no se dieron a conocer todos los extremos del acuerdo, que no se desvelaron hasta el Pleno, en lo tocante a los sueldos.

Aure Hormaechea y Lorenzo Robisco en comparecencia del PP.

Aure Hormaechea y Lorenzo Robisco en comparecencia del PP.

Pero lo cierto y verdad es que lo ocurrido en Azuqueca no es una situación anómala, y mucho menos lo es bajo el prisma del fin del bipartidismo y de las mayorías absolutas. En las instituciones en las que un partido no llega a la mitad más uno de los apoyos, se establecen acuerdos, bien de investidura, bien de Gobierno, con las fuerzas minoritarias. Pactos como el que se firmó en el Ayuntamiento de Guadalajara entre el PP y Ciudadanos, o en el mismo sentido en la Diputación Provincial, y también con la contrapartida de unos cuantos sueldos para el partido bisagra. ¿O hay que recordar aquí que Ciudadanos, en la capital, tiene más del doble de liberados que Ahora, con la mitad de concejales? Tan inmoral debería considerarse una cosa como la otra.

Tampoco puede entenderse como un pacto “contra natura”, puesto que lo establece un partido de tradición de izquierdas con un edil que presume de encarnar esos mismos valores, o al menos una trayectoria de lucha sindical. Aunque asumamos que el PSOE persiga con la firma la estabilidad de Gobierno y el otro su pecunio, no se puede obviar el contenido programático del acuerdo, que no contradice los programas con que unos y otros concurrieron a las urnas. Nada muy distinto, en fin, a los matrimonios que PSOE e IU (o Nueva Izquierda, depende del momento) han mantenido en varias ediciones en este mismo municipio de la provincia.

Finalmente, tampoco es un acuerdo que altere eso que el PP tiene como verdad absoluta, por mucho que no esté recogido en la Ley Electoral, de que debe gobernar el más votado. El partido con más apoyos en las urnas fue, con enorme diferencia, el PSOE. El concejal con más votos para gobernar fue Blanco, y es él quien ha tomado la iniciativa de buscar un apoyo de mayor consistencia y ha encontrado en su camino a este edil.

Por último, haya grupo o transfuguismo -ya digo que no lo sé-, el hecho es que nuestra normativa sostiene que el sillón pertenece al concejal y no al partido, por lo que Parra puede decidir con quién pacta, diga lo que diga Ganemos. Ocurre lo mismo en el recién constituido Congreso de los Diputados, donde el comisionista de Segovia ha sido expulsado del PP, pero no ha devuelto su escaño.

Estemos o no de acuerdo con ello, no es raro pensar que en un municipio del tamaño de Azuqueca buena parte de los votos que recibió Parra fueron debidos a su propio cartel más que a la adhesión a esas siglas neófitas que encabezaba, además de al río revuelto y a la confusión de nombres a la que jugó (también en la capital) este extraño grupo.

En definitiva: A nadie le gusta que la política de pactos deje abierta (como en este caso) la posible lectura de que los escaños se cambian por sueldos en un juego de mercadeo. Pero también empiezan a cansar quienes siempre ven la paja en el ojo ajeno y están dispuestos a regalar lecciones de moralidad llenas de epítetos hacia el rival, antes de barrer su casa.

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