Molina: turismo sin estrategia ni marca propia

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Presentación de la guía del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo, el pasado miércoles, en Fitur. // Foto: Diputación de Guadalajara.

Por Raquel Gamo

Uno de los compromisos fundacionales de La Otra Guadalajara era “establecer y potenciar una marca turística que sea representativa y referencia de toda la comarca”. Ha pasado una década y es probable que este compromiso siga lejos de convertirse en una realidad. Y no por dejación de la plataforma molinesa, obviamente, sino por la falta de coordinación entre las distintas administraciones y las dificultades que siempre hay que vencer en la voluntad de esta tierra para acometer los cambios necesarios.

Un ejemplo evidente de este déficit de cohesión para promover el desarrollo de la comarca es la demora que arrastra la construcción del Parador “fantasma”, que ya abordamos en El Hexágono, y sobre el que ahora no voy a abundar. Baste decir que la ausencia de una infraestructura de este categoría supone un lastre para la oferta de Molina y su comarca. El Parador, de consumarse en su proyecto inicial de 70 habitaciones, aportaría un valor añadido de categoría superior a la oferta de alojamientos de la ciudad.

En todo caso, con Parador o sin él, la Tierra de Molina adolece en materia de turismo de una estrategia sólida y coordinada que aglutine no sólo a la capital del Señorío y al Alto Tajo –la principal marca turística de la comarca- sino al conjunto de la superficie de la comarca. Molina es el castillo-alcazaba y el puente romano, y también las maderadas de Peralejos o Zaorejas. Pero también el Valle del Mesa, la ruta celtíbera, los altos de Orea, la Sierra de Caldereros o el Camino del Cid.

Mientras no haya una planificación cohesionada alrededor de la idea con la que el Señorío de Molina quiera situarse en el segmento del turismo rural, poco o nada se habrá avanzado. Y ahora no la hay, básicamente, por la atonía de las administraciones locales y de la Junta de Castilla-La Mancha. De la Diputación ni hablamos. Los planes dinamizadores ejecutados en este ámbito han servido para potenciar el turismo en la zona y ampliar la oferta hostelera, pero no hasta el punto de crear una marca capaz de competir con algunos de los principales destinos de interior en España.

Los hosteleros molineses han tratado de impulsar una y otra vez la actividad turística en el Señorío con varias iniciativas que, aunque a priori parecían viables y contaban con el respaldo económico e institucional necesarios, finalmente se vieron frustradas.

Entre estas medidas, destaca la constitución de la Fundación “Donde Vas mejor que aquí. Turalma” dentro de las actuaciones del III Plan de Dinamización Turística en Molina de Aragón, suscrito entre el Instituto de Turismo de España y el Gobierno regional para la promoción del desarrollo sostenible. Fue un proyecto prometedor en sus inicios, diseñado desde una visión pragmática del terreno y que unió a alrededor de una veintena de socios entre la Administración, patronos y hosteleros locales. Pero, una vez más, la falta de financiación -se necesitaba una inversión inicial de 50.000 euros- dio al traste con una esperanzadora oportunidad para revertir el atraso y la falta de visión empresarial y profesional con la que se ha gestionado el sector en Molina.

El ejemplo es paradigmático y simboliza los esfuerzos baldíos, incluido el fracaso del hotel La Subalterna. La hostelería molinesa, clave en el sector turístico, sobrevive gracias al esfuerzo de familias que sacan adelante sus pequeños negocios, principalmente de fin de semana, verano y periodos festivos. Si en algo coinciden la mayoría de empresarios de la comarca es en criticar que “no hay una marca turística, ni marketing, ni sentido corporativo” que guíe una planificación organizada de los atractivos naturales, patrimoniales, gastronómicos y de tradiciones de esta tierra castellana tan cerca y tan lejos al mismo tiempo de los centros más desarrollados del país.

Esta semana, con motivo de la 36º edición de Fitur, la feria de turismo que se celebra en el recinto ferial de Madrid, Molina ha vuelto a ser uno de los ejes del discurso propagandístico en esta materia por parte de los responsables de la Junta y la Diputación. Ni la comarca ni la capital del Señorío disponen de un espacio propio en este certamen –es caro y los réditos no están claros- y su inclusión en el stand de Castilla-La Mancha y de Guadalajara hace que quede integrada en la oferta global que ofrecen la región y la provincia.

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Portada de la guía turística del Geoparque de Molina.

La presentación de la guía turística del Geoparque de Molina-Alto Tajo (el primero de Castilla-La Mancha) ha sido una de las banderas del mensaje de Guadalajara en Fitur. Se trata de una extraordinaria publicación de 300 páginas que compendia los recursos patrimoniales y turísticos de esta zona, incluidos aspectos como la gastronomía o las tradiciones festivas. Es un trabajo exhaustivo y riguroso coordinado por la periodista Marta Perruca y por Luis Carcavilla, técnico del Instituto Geológico y Minero de España, y en el que han participado 40 técnicos. La guía logra integrar toda la riqueza turística de la comarca, algo inédito por estos pagos.

El Geoparque de Molina- Alto Tajo, incluido en 2014 en la Red Europea de Geoparques, “está llamado a convertirse en imagen de marca turística de la Tierra de Molina”. Es lo que opina su gerente Manuel Monasterio, y los poderes públicos deberían atender sus palabras. Este espacio puede ser el núcleo sobre el que pivote al fin una estrategia turística coordinada en el Señorío. El de Molina es el geoparque más grande de España. Cuenta con más de 4.000 kilómetros cuadrados de extensión repartidos en 77 términos municipales, y su aprobación fue saludada por el Gobierno de Castilla-La Mancha, entonces controlado por el PP, como “un atractivo para el turismo internacional”.

Los actuales gestores de la Junta (PSOE) piensan lo mismo, así que no deberían escatimarse ni esfuerzos ni inversiones para llevarlo a buen puerto, aunque esta voluntad no se ha plasmado en acciones concretas. Monasterio añade que “el trabajo realizado en el geoparque tiene que ser refrendado por la Administración, tienen que tomárselo en serio”, y añade que esta prioridad debería incorporarse a cualquier plan de desarrollo rural que los distintos gobiernos implementen en la zona.

La relevancia histórica y los elocuentes atractivos que atesora convierten a Molina de Aragón en el principal núcleo turístico de una extensa y heterogénea comarca. Un potencial que viene avalado por el aumento de visitantes, principalmente nacionales, que año tras año se acercan por estas tierras. En 2015, 52.025 personas visitaron Molina, un 2,5% más que en 2014. El otro punto fuerte de la zona es el Alto Tajo, un enorme pulmón verde incrustado en el corazón de España y cuya superficie excede las 105.000 hectáreas.

Ambos puntos conforman los dos principales pilares en los que se cimenta el negocio turístico en la zona. Pero hasta ahora, ninguna de las administraciones ni entidades que operan en el sector han sido capaces de desarrollar un plan turístico comarcal que articule el potencial existente.

En su lugar, la comarca se ha deslizado por una serie de iniciativas aisladas e inconexas que alejan a Molina de la oferta sólida e integral que necesita para ser competitiva en un mercado exigente y relativamente reducido como el turismo rural. A ello hay que añadir la incapacidad de las administraciones para incentivar la iniciativa privada, que debería ser el motor del sector, tal como ocurre en otras provincias de interior.

Ángel Luis López, propietario de la casa rural “Villa de La Yunta” y miembro de la plataforma La Otra Guadalajara, solicita que “la planificación turística en Molina abarque todo el Señorío, esto es importante que se asuma. El turismo es la tabla de salvación de toda la comarca”. Es una reivindicación cabal, que inevitablemente va unida a la renovación de las infraestructuras viarias y la mejora de los servicios.

Nadie con dos ojos en la cara puede negar los avances experimentados en turismo durante los últimos años en el Señorío de Molina, que actualmente dispone de 80 alojamientos turísticos, según datos de la Junta. Es una cifra modesta, pero muy superior a la de hace uno o dos lustros. Conviene, pues, no caer en el desánimo. Pero tampoco en la autocomplacencia. Sin unión no habrá un negocio turístico óptimo.

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