La enésima primera piedra

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El colegio Las Cristinas será el emplazamiento definitivo del Campus de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Por Borja Montero

El Campus Universitario de Guadalajara vuelve a acaparar titulares, si es que alguna vez ha dejado de hacerlo. El presidente regional, Emiliano García Page, ha anunciado que el 3 de febrero, el próximo miércoles, presentará los detalles de un contrato programa para la puesta en marcha definitiva del proyecto en el casco histórico de la ciudad. Se trata del enésimo documento de este tipo que se presenta entre las cambiantes cabezas visibles de las administraciones implicadas en el proyecto y, como sus antecesores, viene a desbloquear definitivamente su puesta en funcionamiento, encallada por las divergencias acerca de su emplazamiento y, posteriormente, por los rigores presupuestarios impuestos por cuestiones macroeconómicas, quizás también por una cierta falta de voluntad real de llevarlo a cabo.  Si, en lugar de firmas de contratos, protocolos, actas, compromisos y demás fórmulas empleadas para definir a cada uno de estos actos solemnes, se tratara de la colocación de la “primera piedra”, otra oportunidad de salir en la foto también muy codiciada por los políticos de todas las administraciones, el Campus contaría ya con más de una pared bastante bien cimentada.

El presidente regional no ha adelantado nada más que la fecha de la presentación del contrato y que el emplazamiento final será cerca del centro de la capital, así como que el desarrollo del Campus Universitario irá acompasado con el del que iba a ser su hermano y compañero, el Parque Científico y Tecnológico, que sí que ocupará el lugar anunciado en el polígono de El Ruiseñor. Por el momento no se sabe nada de inversiones, presupuestos, licitaciones, obras, reformas, plazas… Ni siquiera la fecha de la formalización del mismo.

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Diseño ganador del concurso arquitectónico para ‘poner cara’ al Campus, cuando iba a construirse en El Ruiseñor. // Foto: archivo / Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

De convocatorias vacías de contenido, los periodistas y, gracias a ellos, los ciudadanos, sabemos un rato. La primera vez que se escuchó hablar de aquello del Campus Universitario de Guadalajara fue a principios de 2007, cuando el presidente de la Junta de Comunidades entonces, José María Barreda, presentó junto al alcalde del momento, Jesús Alique, este proyecto. Al margen del cierto tufillo electoral que podría tener el anuncio, realizado a apenas tres meses de las elecciones municipales y autonómicas, cierto es que lo que allí se adelantó sí se ha cumplido: un concurso internacional de arquitectura para elegir el diseño del futuro edificio de nueva planta que se construiría en El Ruiseñor, para facilitar la llegada de estudiantes en tren, confiando también en que se produciría una reforma en la estación guadalajareña (otra de las utopías de los días de bonanza).

Con el cambio de Gobierno local resultado de aquellas elecciones y dada la oposición total de Antonio Román, nuevo regidor, a la implantación del Campus tan lejos de la ciudad, la Junta y la Universidad de Alcalá decidieron poner en un brete al alcalde capitalino con un protocolo de colaboración para llevar adelante el proyecto tal y como estaba previsto, haciéndole ver que era conformarse con eso o perder el tren definitivamente. Aquella firma a cuatro bandas (Barreda, Román, Virgilio Zapatero como rector y el consejero de Educación, José Valverde) no sirvió de mucho, salvo por la foto y por la presumible victoria del sector pro-Ruiseñor: faltaba por conocer los planos definitivos de la instalación (el concurso se falló en septiembre de 2007 dando como ganador al estudio Cano Lasso de Madrid pero el proyecto técnico totalmente desarrollado no se dio a conocer hasta julio de 2010, ya con Fernando Galván al frente de la UAH), urbanizar la zona (se puso la primera piedra en abril de 2009 y no se han puesto muchas más desde entonces) y muchos millones disponibles en el presupuesto regional para poder llevarlo a cabo (hubo algunos anuncios de que se incluirían pequeñas partidas en las cuentas de la Junta en la era Barreda, pero nada comparado con los más de cien millones que se prometían). Cada uno de estos pasos ha contado con su consiguiente rueda de prensa o convocatoria pública para recordar las bondades del futuro Campus, pero sin indicar nada acerca de lo tangible.

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El colegio Las Cristinas será el emplazamiento definitivo del Campus de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Nuevo periodo electoral y nuevo cambio de caras (y de cartas). En 2011, se mantienen Román y Galván, pero llega María Dolores Cospedal, que, como no podía ser de otra manera, se alinea con el que es presidente de su partido en Guadalajara y el que ha hecho ganar al PP las elecciones municipales, regionales y generales en la provincia (se presentó como cabeza de lista a las tres). El Campus debe ir al  centro de la ciudad, algo que tampoco asegura que se vaya a hacer inmediatamente, aunque la inversión necesaria fuera menor. Y es que los recortes en el gasto, los presupuestos ajustados al milímetro, la prioridad del déficit, el “austericidio”, en definitiva, no permiten excesos de este tipo. Sí que hubo un cierto amago en el que el consejero del ramo, Marcial Marín, vino a decir que había una operación de crédito negociada para poder poner 25 o 30 millones de euros sobre la mesa para el Campus, una maniobra poco habitual ya que la cosa en sí no aparecía reflejada en las cuentas anuales. Sea como fuere, parecían otros cuatro años sin avances. Sin embargo, sobre la bocina, en marzo de 2015, a dos meses de las elecciones y para no dejar el álbum de fotos vacío por toda la legislatura, la Junta (que pondría el dinero), la UAH (que lo dotaría de contenido), el Ministerio de Defensa (que cedería los terrenos y los edificios) y el Ayuntamiento (que daría a cambio algunas parcelas en los nuevos desarrollos al Ministerio) firman un acuerdo de colaboración para ubicar definitivamente el Campus en el colegio de Las Cristinas.

Por lo que se desprende del anuncio de Page, no hay intención de marear más la perdiz: el Campus se queda en el entorno del Palacio del Infantado. Ahora, en el nuevo capítulo, habrá que ver si lo del miércoles es realmente el inicio de unos trámites conducentes a las obras de habilitación del nuevo espacio universitario o un nuevo brindis al sol que permita aplazar el proyecto sin que parezca olvidado en un cajón.

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