Un nuevo futuro para la seguridad vial

Por Juan José Cabrera *

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Juan José Cabrera, ingeniero y miembro fundador de INSPIDE. / Foto: J.C

Cuando nos hablan de Seguridad Vial, en seguida se nos vienen a la cabeza los controles de velocidad y de alcoholemia, el uso del cinturón o las distracciones al volante. Llevamos años escuchando el mismo discurso, un discurso basado en el miedo y en las terribles consecuencias que supone tener un accidente de tráfico.

Los miembros de INSPIDE, una pequeña-pequeñísima empresa alcarreña, pensamos que en una sociedad donde la tecnología está al alcance de todos, ese discurso se había quedado obsoleto.

Es cierto que la industria del automóvil se ha puesto las pilas en lo que a “seguridad tecnológica” se refiere. Todos trabajan en la creación del famoso coche conectado, capaz de “hablar” con otros coches, motos y demás actores, y de detectar todo lo que está pasando a su alrededor para actuar en consecuencia. Pero mientras los fabricantes continúan elaborando sofisticados sistemas para hacernos sentir más seguros -y subir el precio de los vehículos o cobrarnos por suscribirnos a ciertos servicios- los ciudadanos de a pie seguimos utilizando métodos analógicos que no nos aseguran una protección 100% eficaz. ¿Se siente seguro un conductor cuando tiene un incidente y debe salir a colocar los triángulos en plena autovía? ¿Se siente seguro un ciclista por llevar un chaleco reflectante? Está claro que no.

Parece curioso que la tecnología se aplique en la creación de radares cada vez más precisos o de navegadores que te alertan de la existencia de esos radares y, sin embargo, esos navegadores no te avisen de la presencia de un ciclista o un peatón, los usuarios más vulnerables de nuestras carreteras. ¿Acaso es más importante el dinero que la vida de una persona?

Tras hacer este análisis, en INSPIDE nos dimos cuenta de que podíamos conformarnos con avanzar al ritmo de la industria automovilística y de las instituciones -un ritmo lento, sujeto a intereses políticos y económicos- o hacer algo. Y decidimos tirar por la segunda vía. Así nació nuestro proyecto para la creación de una plataforma colaborativa de seguridad vial. Sabíamos que era demasiado grande y ambicioso para una empresa tan enana como la nuestra, así que decidimos empezar poco a poco. Ya que la tecnología hoy está en manos de todos (literalmente) se nos ocurrió crear una aplicación móvil que permitiera a la gente colaborar de manera activa en la seguridad vial usando nuestra plataforma y evitar así accidentes de tráfico.

En mayo de 2014, después de dos años de jornadas interminables y muchos quebraderos de cabeza, lanzamos Phii. Una modesta aplicación con la que el usuario puede indicar su medio de transporte y si ha tenido un incidente. Por ejemplo, si un motorista tiene una avería y debe detenerse en la cuneta, indicará en su estado ‘Avería’ y automáticamente, Phii avisará de la nueva situación a los usuarios que vayan a cruzarse con él. Algo así como unos “triángulos virtuales”, porque ¿dónde llevan los motoristas los triángulos?

Algunas personas del “ecosistema startup” (como les gusta llamarlo a ellos) nos tacharon de locos por haber emprendido este proyecto sin haber hecho antes un plan de negocio o un análisis de mercado, pero sinceramente, nos pareció que algo que podía ayudar a salvar vidas no necesitaba ser analizado o cuantificado. Es cierto, decidimos saltarnos pasos y desafiar el proceso al que se ven sometidas las startups, definido por las empresas de capital riesgo, los inversores, los mentores y demás señores del ‘tinglao’. Pero eso no significaba que no tuviéramos una estrategia.

Phii no era solo una herramienta puesta en manos de las personas, era también un grito, una llamada de atención a las instituciones y a la sociedad para hacerles ver que la Seguridad Vial podía ser de otra manera. Y que nosotros podíamos hacerlo posible.

Y, en cierto modo, lo conseguimos. Un mes después la Dirección General de Tráfico llamaba a nuestra puerta y nos pedía que hiciéramos una aplicación con las mismas funcionalidades que Phii, pero algo más sencilla. Una muestra más de que las instituciones casi siempre van por detrás de las personas y de que podemos ser los motores del cambio. Con Comobity, la DGT cambiaba su viejo discurso de reprobación y miedo por una nueva visión basada en la comunidad y en la participación.

Pero Phii y Comobity son solo un primer paso en la creación de algo mucho mayor. INSPIDE continúa trabajando en nuevos conceptos e ideas que esperamos algún día podamos materializar. Poco a poco, estamos consiguiendo llamar la atención de gigantes tecnológicos a quien les sorprende que una empresa formada por personas “normales” quiera hacer algo tan extraordinario.

Somos la demostración de que tener los pies en el suelo, deshacerte de modas y seguir el camino que uno siente, puede dar resultado. Aún no sabemos dónde llegará este proyecto, pero lo que sí sabemos es que merece la pena cada momento dedicado si con ello hemos conseguido salvar la vida de una sola persona. Eso es lo que realmente nos mueve: tener la posibilidad de hacer algo que tiene impacto en la gente, en nuestros vecinos o amigos, y que lo que hacemos día a día en nuestra vida, pueda cambiar las suyas.

* Juan José Cabrera es Ingeniero de Telecomunicaciones. Tiene un Máster en Sistemas Electrónicos Inteligentes y un Máster en Sistemas Ferroviarios. Desde 2008 trabaja en el sector ferroviario y actualmente es responsable de Innovación. Autodidacta, observador crítico y fundador de INSPIDE.

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