En busca de una identidad necesaria

José Luis Verde, arquitecto

José Luis Verde, arquitecto

Por José Luis Verde Rubio*

Me gustaría proponerles un ejercicio de interacción como se hace en las modernas ciencias de inteligencia emocional. Es muy sencillo. Ustedes únicamente deben responder a la siguiente pregunta: ¿Conocen alguna capital de provincia española con un casco histórico que tenga menos actividad que el nuestro? Responder con un sí o un no será suficiente, pero si el interaccionante reflexiona sobre el monosílabo que le ha venido a la cabeza encontrará sentido a lo que sigue.

Antes, cuando las ciudades eran más estrechas, se podría decir que no habías estado allí si no conocías su plaza Mayor. La mayoría de las que conozco y son bastantes, gozan de este espacio representativo como punto de referencia de su ciudad. En la nuestra no es así; está completamente abandonada, aunque ya se va viendo un tímido haz de luz con el resurgimiento de dos establecimientos hosteleros, aunque uno de ellos ya existía décadas atrás. Aun así es todo un logro para nuestra ciudad que se siga manteniendo operativo.

No, la hostelería no lo es todo, no me tachen de ocioso, pero no me negarán que estos establecimientos con sus terrazas ensalzan nuestras calles y plazas como una seña de identidad propia.

Y de señas de identidad es a lo que yo había venido hablar aquí.

En fechas pasadas quedó aprobado el escaso texto de 20 páginas que cinco de los técnicos municipales han redactado para la dinamización del casco antiguo -a cuatro páginas por cabeza- a pesar de las advertencias en contra de los diversos colectivos, Arquitectos, Arquitectos Técnicos, Ingenieros de Caminos Canales y Puertos, comerciantes, hosteleros, vecinos, etcétera que fueron consultados y que encontraban inapropiada su aprobación, ya que lo entendían como ineficaz para el fin para el que se decía haber sido concebido. El documento se aprobó, pero a pesar de esto ha servido para unir las distintas opiniones que se han materializado en las dos mesas redondas que ya han concluido y otras tres pendientes de celebración a la fecha del presente escrito. Desde aquí animo al lector interesado a su asistencia ya que son puramente participativas.

En estos debates se ha dicho y se dirá de todo: lo que necesita el casco histórico y lo que no, lo que podría haber sido y no fue, lo que debería de ser… Yo por mi parte creo haber dado mi opinión en los distintos foros donde he participado sobre el documento y el proceso que se ha llevado a cabo hasta su aprobación, e incluso me he atrevido a vaticinar lo que ocurrirá en un futuro en caso de aplicarse el documento de marras, pero ahora veo necesario secarse las lágrimas y aportar soluciones.

Guadalajara tiene una actividad… llamémosla dispersa. Me explico. Guadalajara, en mayor o menor medida, tiene todo tipo de actividades; de ocio, comercial, hostelera, artística, administrativa, deportiva, residencial etcétera. El problema es que estas se desarrollan en zonas distintas, no concentrándose en ningún sitio en cuestión, pero en todos a la vez. Al casco histórico podemos atribuir la actividad burocrática-administrativa que se ejerce durante las mañanas de los días de diario. Pero entonces, ¿qué pasa en el casco por las tardes/noches y fines de semana? Nada. La respuesta es nada, excepto la noche de los viernes y sábados que abren algunos bares de copas. El domingo, como imaginarán, para echarse a llorar.

Entonces, si el casco existe y parroquianos hay, ¿por qué no hay actividad en él? Pues muy sencillo, nuestros vecinos vienen prefiriendo otras zonas de la ciudad para realizar sus actividades debido fundamentalmente a que nuestro centro de ciudad es bastante incómodo frente a alternativas que ya existían y otras de nueva creación – Aguas Vivas-.

Como comenté en la charla organizada por el Colegio Oficial de Arquitectos con motivo del Día Mundial de la Arquitectura, si queremos recuperar la actividad del casco histórico es necesario atraer a ese ciudadano disperso y, sobre todo, crear turismo, ya que como hemos visto, por nosotros mismos no sería posible. Digo crear, porque podría decir incentivar, pero el turismo que yo me refiero es de nueva creación, ya que ha quedado demostrado que únicamente con los visitantes de nuestro patrimonio arquitectónico y el turismo guiado que nos aporta no es suficiente. Necesitamos un turismo autónomo, y para ello me apoyo en los apuntes de Miguel Ángel Troitiño Vinuesa, catedrático de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid:

“…El futuro de nuestros centros históricos se encuentra estrechamente relacionado al turismo y a la cultura, y éste debería desenvolverse en el marco de los principios de la sostenibilidad (…) La problemática de todos los centros históricos es compleja y diversa, pero existen en todos una serie de constantes: deterioro físico, crisis del comercio tradicional, degradación social, envejecimiento, precario nivel de dotaciones y servicios para los residentes, precarias condiciones de vitalidad, infrautilización del espacio residencial (…) Se ha planteado el superar la fase del urbanismo físico y avanzar en la línea de urbanismo cultural, entendido como una forma nueva de comprender la ciudad y de hacer la ciudad para el bienestar de sus habitantes y de sus visitantes. Los visitantes son ciudadanos de las ciudades durante un determinado tiempo, y no son turistas extraños que se utilizan como un producto y se exprimen para obtener la máxima rentabilidad; esto es un planteamiento equivocado y económicamente insostenible…”

Pues bien, se trata de crear una seña de identidad mediante el turismo, lejos de los bizcochos borrachos, la miel o el cordero asado, con el fin de que nuestro casco se regenere y reactive. Se trata de generar interés al paisano nacional, y sobre todo al madrileño, para empezar y porque estamos a tiro de piedra. ¿Cómo? Pues evidentemente nosotros no podemos generar interés con un Guggenheim, una Ciudad de las Ciencias o un Pilar como el de Zaragoza, al igual que han hecho otras capitales de provincia más pudientes, pero sí como el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, que ha significado para la ciudad un fuerte incremento de visitantes, por lo que propongo crear como seña de identidad:

Guadalajara, Ciudad del Arte Público

Propuesta de remodelación de la plaza del Concejo, edificio Negro y ábside de la iglesia de San Gil.

Propuesta de remodelación de la plaza del Concejo, edificio Negro y ábside de la iglesia de San Gil.

“Guadalajara, Ciudad del Arte Público” es el título que podría llevar la iniciativa de crear un espacio expositivo que abarcara todo nuestro casco antiguo y que aunque pudiera ser extensivo a todas las disciplinas del arte, mi propuesta empezaría por la escultura. ¿Motivo? La escultura puede permanecer al aire libre y no necesita ni mantenimiento diario, ni empleados, ni horario de visitas, por lo que el visitante tiene amplia libertad para programar su turismo. Tomaría como nave nodriza el recién inaugurado museo Francisco Sobrino y dotaría de obra permanente los espacios del mercado de abastos y los jardines árabes cercanos al Palacio del Infantado. Pero es fundamental que cada una de las plazas del casco antiguo fuera un espacio expositivo en sí mismo, exhibiendo cada una de las esculturas de la colección itinerante que se programaría cada seis meses por ejemplo, con la intención de que esté constantemente renovándose y haga que el turista interesado repita visita a nuestra ciudad, cosa que no ocurriría así si se tratara de una colección permanente.

Evidentemente, las obras expuestas deberían de ser de un mínimo prestigio, para que con el tiempo se consolidara la idea y finalmente, Guadalajara obtuviera el merecido galardón de ser la ciudad de encuentro de grandes artistas, organizando eventos, concursos, simposiums, etétera, consiguiendo así su ansiada seña de identidad.

Todo ello no se podría conseguir sin haber realizado previamente un serio y exhaustivo estudio urbanístico-social de la ciudad: lo que tenemos, de dónde venimos y dónde queremos ir, para posteriormente aprobar un Plan de Protección del Casco Histórico mediante el cual poder abordar los asuntos de carencia relativos a permeabilidad y conexión con el resto de la ciudad, creación de las directrices que han de cumplir los nuevos establecimientos y los antiguos ubicados en el casco, cuidando así los aspectos estéticos, cartelera, unificación de mobiliario urbano, itinerarios expositivos, rehabilitación de viviendas, nuevas edificaciones residenciales, recuperación de usos de antiguos edificios emblemáticos, potenciación de comercio, hostelería, hotelería, incorporación de espacios universitarios, recuperación del transporte publico en el centro ciudad, etcétera.

Y lo más importante, poner en valor el casco histórico, ya que con la aportación de estos nuevos visitantes se establecería un ciclo de auto regeneración que incentivaría la actividad gastronómica, hostelera y de comerciantes, que a su vez atraería a nuestros propios convecinos para el disfrute de los nuevos espacios culturales, lo que supondría para los constructores que el centro de la ciudad volviera a estar en el punto de mira y realizar sus edificaciones de nueva planta y rehabilitación, dado el interés mostrado por el guadalajareño movido por el ansia de reconquistar de nuevo el casco histórico para su vida cotidiana.

Aquí queda mi aportación como solución al problema del casco histórico, a la que añado que el éxito no se alcanza en el período que dura una legislatura, sino que para hacerlo bien, el político que la llevara a cabo debe de contar con la posibilidad de que probablemente la termine el siguiente equipo de gobierno. No digo yo que sea la única solución, posiblemente habrá mejores y es lo que hay que intentar buscar, pero lo que sí podría afirmar es que la solución vendrá por una idea feliz como la aquí mostrada y no con el único hecho de habilitar más plazas de aparcamiento o edificando en los solares resultantes de las inspecciones ITE´s o un somero asfaltado de calles.

Por ultimo, me voy a permitir hacer una nueva pregunta al lector, que sin duda reconocerá en ella no haber sabido donde meterse cuando alguien le haya cuestionado un domingo por la calle Mayor: ¿Me podría decir algún sitio para comer por aquí cerca?.

*José Luis Verde Rubio es arquitecto, arquitecto técnico e ingeniero de la Edificación y miembro de la Comisión de Urbanismo del Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha. Vecino del casco histórico, comprometido con la regeneración y revitalización de la parte antigua de la ciudad de Guadalajara, ha realizado conferencias, artículos de opinión, reuniones con diferentes grupos políticos con el fin de tratar asuntos relativos al casco.

Anuncios

Un pensamiento en “En busca de una identidad necesaria

  1. Es una lástima que nuestros políticos hayan remodelado el centro eliminando antiguos bancos de piedra y preciosas farolas cambiando las por plazas planas y bancos nuevos …. Así es como se ha ido perdiendo la identidad de la ciudad.
    Lo que yo me pregunto es qué hay que hacer para que los propios habitantes de Guadalajara vuelvan al centro y disfruten de su ciudad, antes de pensar en turismo, aunque la remodelación del edificio negro me gusta y la exposición de esculturas también le daría más vida al centro, enhorabuena por el proyecto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s