De peticiones desatendidas

Pleno-02.10

Imagen del Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara, en el que hay representados cuatro grupos políticos y no existe una mayoría absoluta en el Gobierno. // Foto: C’s Guadalajara

Por Borja Montero

“Para quien le gusta la política, ir a un Pleno de Ayuntamiento es como ir a un partido para el que le gusta el fútbol”. Con estas palabras me despidió mi jefe cuando me envió a mi primer Pleno como periodista en Guadalajara en el año 2007. De este modo, con cierta solemnidad, uno acudía a la Casa Consistorial de la plaza Mayor con gran motivación y algo de nerviosismo, convencido en cualquier caso de que aquellas interminables reuniones realmente servían para regir los destinos de la ciudad.

Como la de un niño según va creciendo, la inocencia del cronista plenario se va diluyendo con el contraste de sus ideas con la realidad, máxime cuando la largas discusiones no sirven sino para refrendar lo ya decidido sin que las aportaciones de unos y otros de planes en modo alguno en lo aprobado o sean siquiera tenidas en cuenta.

Sin embargo, la situación que se vive en Guadalajara en los últimos meses supone una nueva vuelta de tuerca al delicado estado de salud del parlamentarismo municipal. Gran parte de las mociones aprobadas en esta legislatura no se están desarrollando, a pesar de ser decisiones plenarias tan vinculantes como cualquier otro punto del orden del día. La situación ha sido denunciada en distintos momentos por los diferentes grupos políticos que no forman el equipo de Gobierno, PSOE, Ahora Guadalajara y Ciudadanos (C’s), y parece que ha llegado a tal volumen de trabajo acumulado para los gestores municipales que los socialistas van a pedir, también a través de una moción, que el alcalde dé cuenta en cada una de las sesiones ordinarias del estado de tramitación o puesta en marcha de las medidas aprobadas por el Pleno a propuesta de los diferentes grupos.

Las elecciones del pasado mes de mayo dieron como resultado un equilibrio de fuerzas diferente al de los últimos lustros. No hay una mayoría absoluta ni un pacto de Gobierno exclusivo y vinculante para las votaciones, de modo que los Plenos vuelven a convertirse en los partidos de fútbol de los que hablaba mi jefe en lo que a emoción e incertidumbre se refiere. Ahora hay que tener talante y saber negociar, consensuar, convencer. Manca fineza, dicen algunos. Eso es democracia, digo yo.

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Román y su equipo de Gobierno tienen que llevar a cabo medidas que no han apoyado. // Foto: Nueva Alcarria

Sin embargo, después de ocho años de mayoría absoluta, absolutísima los últimos cuatro con quince de los veinticinco ediles votando a favor, Antonio Román y su equipo están un poco oxidados en lo que a dialogar y llega a acuerdos se refiere, y muchos menos acostumbrados a perder. Y ahora se encuentran con que es bastante frecuente que PSOE, Ahora y C’s, con sus catorce concejales y el 54,68% del apoyo ciudadano en las urnas, sean capaces de sentarse a hablar y ponerse de acuerdo sobre algunos temas y sacarlos adelante en el Pleno, exigiendo así el compromiso de que el equipo de Gobierno llevará a cabo las medidas aprobadas. El conflicto viene cuando algunos de estos asuntos, así como las soluciones propuestas por los grupos políticos, pueden escocer a los encargados de la gestión municipal, ya sea por su oposición ideológica a llevarlos a cabo, porque se trata de problemas que derivan directamente de su gestión o por su incapacidad de haberlos resuelto antes y por sus propios medios.

El caso es que, según las cuentas del PSOE municipal, se han aprobado alrededor de treinta mociones a propuesta de todos los grupos en estos meses de legislatura, y son apenas seis los que se han llevado a cabo o para los que se ha iniciado algún trámite (supongo que ascenderán a siete si se cuenta como gestión conducente al cumplimiento la carta de disculpa enviada por el alcalde a los vecinos con motivo del cambio de nombre de las calles con resonancias franquistas). El bagaje se antoja escaso, máxime si se trata de decisiones que pueden ser beneficiosas para la ciudad, como así se presupone cuando han concitado la aprobación de tan amplio espectro ideológico.

Utilización política. Cabe recordar que esta cerrazón del PP local para con las mociones no es nueva. Durante sus ocho años anteriores de Gobierno, pocas, por no decir ninguna, han sido las mociones propuestas por los grupos políticos de la oposición (PSOE e IU, en este caso) que han sido aprobadas contando con su voto positivo. Quizás podamos encontrar algún caso de abstención. O su apoyo a las propuestas presentadas por IU pidiendo responsabilidades a la Junta de Comunidades (en tiempos de Barreda, se entiende) por algún tema en concreto.  Tanto era este rechazo a dar la razón a otros, sobre todo a los socialistas, que incluso cuando se trataba de peticiones irrenunciables, objetivamente buenas para la ciudad, antes de dar su voto a favor, proponían una redacción alternativa (una transaccional, como se conoce en el mundillo plenario), ya fuera para despojar la exposición de motivos de determinadas lecturas políticas o, por el contrario, para introducir algunas de sus consignas en la misma, colocándose en cualquier caso como promotores de la misma y afeando a aquellos que, con una nueva redacción, no estaban dispuestos a apoyarlas.

Por pedir que no quede. Al contrario de lo que pueden pensar los que preconizan la mayoría absoluta como única fuente de estabilidad de una institución, la nueva configuración del plenario en la capital supone una gran oportunidad para el Ayuntamiento de Guadalajara, ya que cada una de sus decisiones deberá obligatoriamente ver enriquecida por las aportaciones del resto de grupos políticos, o al menos deberá recibir el visto bueno de algunos. Aquello de que cuatro ojos ven más que dos llevado al terreno de la gestión municipal. Por otro lado, y dado que la Ley de Grandes Ciudades ha despojado al Pleno de algunas de sus competencias, con temas y decisiones pueden aprobarse en otras comisiones cerradas al público o directamente en el despacho de un concejal, las mociones son la única fórmula que tienen los partidos que no forman parte del Gobierno para hacer sus propuestas y, precisamente porque ahora pueden salir adelante buscando puntos de conexión con el resto de grupos políticos, sin un rodillo que niegue sistemáticamente cualquier atisbo de pensamiento autónomo o diferente, animo a los concejales a ser ambiciosos con sus mociones, proponiendo obras, proyectos y programas que pueden ayudar a resolver los problemas de los ciudadanos de Guadalajara, aunque también han de ser más responsables que nunca en lo que piden que, esta vez, puede que se cumpla.

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Un pensamiento en “De peticiones desatendidas

  1. discrepo
    considerar a ciudadanos como grupo de la oposición es erroneo; mantienen al alcalde, apoyan al pp y forman bloque de gobierno con sus votos en las votaciones decisivas sin pestañear, vease aprobación presupuestos, aprobación estrategia dinamización centro historico, etc..y además lo hacen repitiendo y ampliando los mismos argumentos que se les escucha a los peperos.
    Apoyan y mantienen al alclade, no va a presentar una necesaria moción de recusación contra Roman por no cumplir los mandatos del pleno, parece ser que con dar la imagen de que si pero no les vale, nada estan dispuestos a arriesgar en aras de que su lucartiva relación con el PP siga en los parámetros en los que está o en todo caso, mejore.
    En esta confianza se basa la acción del PP,minimizar el impacto de los plenos, seguir como hace cuatro años, pero con bastantes concejales menos.

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