¿Mercado deluxe o galería municipal?

Mercado de Abastos de Guadalajara. // Fotos: R.G.

Mercado de Abastos de Guadalajara. // Fotos: R.G.

Por Raquel Gamo

El Mercado de Abastos de Guadalajara es una infraestructura casi desconocida para quienes no somos de Guadalajara de toda la vida. Este es el primer hecho que llama la atención teniendo en cuenta que su ubicación es privilegiada: en pleno centro de la capital, a dos pasos de la plaza Mayor y de las principales calles de su casco histórico, aunque en el caso de la vieja Arriaca la expresión “casco histórico” habría que extenderla con generosidad. El edificio data de finales del siglo XIX y su arquitectura historicista se debe a Mariano Medarde de la Fuente, entonces arquitecto municipal, si bien el edificio fue sometido a distintas reformas. Una, la que acometió Sanz Vázquez siendo alcalde en 1962 y otra, que no llegó a materializarse en su integridad, durante el mandato de Irízar, en 1989.

Quien desee conocer mejor la historia de este mercado le sugiero que lea el reportaje que publicó el historiador Pedro J. Pradillo y Esteban en El Decano de Guadalajara (junio, 1998). Quien quiera conocer cómo está ahora mismo este espacio basta con que se dé una vuelta por allí cualquiera mañana de un día laborable. O incluso un sábado. Hoy el mercado agoniza y sólo permanecen abiertos 8 puestos de los 24 que dispone de capacidad.

La situación del Mercado de Abastos no es un rara avis. La mayoría de las galerías municipales, las de siempre, en las ciudades españolas –ya sean éstas grandes, medianas o pequeñas- atraviesan circunstancias parecidas de descenso paulatino del negocio y de falta de inversiones. Porque la Administración se encuentra ante una paradoja de difícil encaje: no puede obviar la necesidad de renovación de estos mercados, pero tampoco puede mirar para otro lado a la hora de comprobar los cambios drásticos que se han producido en los hábitos de consumo entre los ciudadanos de casi todas las edades.

Los comerciantes se quejan de la falta de facilidades para instalar puestos y el escaso interés del Ayuntamiento por incentivar las compras, a lo que habría que añadir el efecto disuasorio de las multas de la ORA. Tienen razón. Pero el asunto parece más complejo porque radica en la evolución de las preferencias en la demanda. ¿La gente no va a comprar al Mercado de Abastos porque no está rehabilitado o porque la gente, directamente, ya no quiere comprar en este tipo de establecimientos? ¿debe el Ayuntamiento destinar recursos económicos manteniendo el recinto la titularidad municipal o la demanda de los ciudadanos exige su privatización para modificar el modelo de negocio?

La preocupación por este inmueble viene a cuenta de la moción aprobada en el Pleno del Ayuntamiento celebrado el pasado 29 de enero para exigir una reactivación del Mercado de Abastos. La iniciativa partió del Grupo Socialista y contó con el apoyo de Ahora Guadalajara, y la abstención de Ciudadanos. Como bien explicaba Concha Balenzategui en su artículo en El Hexágono, el Ayuntamiento tendrá que cumplir con un mandato que no cuenta con el beneplácito del equipo de Gobierno (PP). De hecho, en los recientes presupuestos aprobados por el PP y el partido naranja para este año, la partida destinada al mercado de Abastos se ha reducido en un 15%; lo que pone de manifiesto que “el Equipo de Gobierno del PP no tenía previsto hacer nada y que no hay ni un solo euro para inversión o promoción”, tal y como aseguraba la concejala del PSOE, Pilar Cuevas. No recordaré más detalles sobre el acuerdo plenario y el lastre deficitario que acarrea el mercado porque me remito al texto de mi compañera.

Sí merece la pena subrayar que el Ayuntamiento de la capital se encuentra ante una oportunidad extraordinaria –inicio de legislatura, predisposición de todos los grupos- para encontrar una solución definitiva para un mercado que actualmente no cumple, ni de lejos, la función de revulsivo social y comercial que necesita el centro de la ciudad. Román, en los ratos que le deje libre la medicina, debe valorar la propuesta de rehabilitación auspiciada por la Escuela de Arte y, cómo no, solucionar problemas perentorios como las humedades. Pero, a partir de ahí, lo conveniente es plantearse qué hacer con el mercado.

Lo primero es decidir si se quiere mantener la propiedad municipal o apostar por inversores privados. Creo que lo conveniente es lo primero, pero fomentando la capacidad de atracción empresarial. Esto no es una utopía. Es algo perfectamente factible, sobre todo, teniendo en cuenta las extraordinarias posibilidades que ofrece un edificio en pleno centro de Guadalajara, aunque ésta no sea una ciudad turística.

IMG_7210

Exterior del Mercado de Abastos de Guadalajara.

Lo idóneo para el futuro del Mercado de Abastos sería combinar los puestos de venta tradicionales con una oferta renovada que incentive otro tipo de comercio: bares de tapeo, tiendas gourmet… Pero siempre manteniendo el Ayuntamiento el control del edificio, que me temo no es el modelo de gestión que quieren ni PP ni Ciudadanos.
El cambio de estética tampoco es baladí porque es ahí donde estriba la diferencia entre un mercado mercado, si se me permite la redundancia, o un agregado de tiendas delicatesen.

La comparación más evidente podría hacerse entre La Boquería, en Barcelona, y el Mercado de San Miguel, en Madrid. El primero, aunque convertido en un escaparate turístico por su céntrico emplazamiento y su oferta heterogénea, sigue conservando la estructura y el negocio tradicional de los viejos mercados. El de San Miguel es un montaje moderno y ecléctico dirigido exclusivamente al sector turístico. La gente va a la Boquería a comprar frutas exóticas, pero también fuet de Olot y pescado fresco traído de la Barceloneta. A San Miguel la gente va a comer ostras y catar la repostería de San Onofre.

Mercado de Prosperidad, en Madrid, rehabilitado por el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Madridemprende.es

Mercado de Prosperidad, en Madrid, rehabilitado por el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Madridemprende.es

En este sentido, Barcelona conserva casi el triple de mercados municipales que Madrid. En la capital catalana se ha mantenido un modelo en el que prima el negocio de proximidad, aunque es evidente que su aceptación allí es mucho mayor que en Madrid. En la capital, el Ayuntamiento (tanto con Botella como ahora con Carmena) ha seguido un modelo ambivalente: mientras algunos espacios céntricos, como el Mercado de San Antón (Chueca), han sido reinventados como lugares para compras chic al estilo de San Miguel; en los mercados municipales de barrio se ha procedido a una rehabilitación paulatina basada en la inversión mixta, pública y privada. Con esta fórmula, el Ayuntamiento de Madrid está consiguiendo dos cosas: remozar las obsoletas galerías de distrito y, al mismo tiempo, fomentar la creación de empleo con la instalación de supermercados en el mismo inmueble de estas galerías. Esto se ha plasmado, por ejemplo, en la puesta a punto de los mercados de los barrios de Alto de Extremadura y de Prosperidad: en la planta baja, el mercado de siempre, nuevo y atractivo; en la planta superior, un supermercado Carrefour y Ahorramás. El modelo, además, demuestra que ambos negocios no se anulan, sino que se retroalimentan.

El Ayuntamiento de Guadalajara podría explorar ideas similares para su Mercado de Abastos. Lo que no puede es seguir anclado en la parálisis y la falta de iniciativa. Porque la condena al mercado, además del declive comercial que supone, alimenta la decadencia de un centro histórico ya de por sí tullido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s