Funambulistas

Los concejales de la oposición reprueban a Román por sus declaraciones sobre las mociones de pleno.

Los concejales de la oposición reprueban a Román por sus declaraciones sobre las mociones de pleno.

Por Concha Balenzategui

Hemos asistido recientemente a la reprobación conjunta de 14 concejales hacia el alcalde de la capital, a un ofrecimiento de Antonio Román a Ciudadanos para que pase a formar gobierno, a la negativa de los concejales naranjas y a la primera intervención formal en el Pleno de un ciudadano de a pie en muchos años. Todo en un solo día, el pasado viernes, en una larguísima sesión plenaria -de cinco horas- y dos ruedas de prensa previas que marcan muy bien la temperatura de estos turbulentos momentos.

El nuevo tiempo abierto para los ayuntamientos prometía ser interesante y no está defraudando en absoluto. Aunque la temporada política nos tiene a todos pendientes de la formación de Gobierno a nivel nacional, nos reserva también sus movimientos vertiginosos en la provincia de Guadalajara. En unos y otros escenarios, acomodar las formas de gobierno a la ausencia de mayorías absolutas no es un ejercicio fácil. Es más bien tarea de funambulistas.

El Pleno del Ayuntamiento de la capital era en los últimos años un evento de poco interés, no por las decisiones que se adoptan, pero sí en cuanto al propio formato. Si bien en el debate podían confrontarse argumentos interesantes, las decisiones finales estaban prácticamente cantadas por la aplastante matemática de los grupos. Por ello, y por su retransmisión por internet, ya casi nadie acude al Ayuntamiento a ver el pleno, a menos que sea periodista (y muchas veces, ni aun así) o quiera levantar una pancarta de protesta. Pero cuestiones como las del pasado viernes, y sobre todo, el debate que subyace de fondo este mandato sobre la participación y el funcionamiento democrático les está dando más atractivo, más morbo si quieren, al menos desde el punto de vista periodístico.

El viernes, el alcalde de Guadalajara hacía un envido a Ciudadanos para buscar una mayor estabilidad y le respondieron con calabazas. Antonio Román dice que no está en peligro la gobernabilidad del Ayuntamiento. Y ciertamente, no corre riesgo, puesto que para ello tendría que darse una moción de censura que no está de momento en el horizonte, porque Ciudadanos estaría muy lejos de apoyarla, independientemente de su acercamiento al PSOE a nivel nacional. Pero es evidente que Román no está cómodo gobernando de esta manera, y que preferiría tener atado y bien atado lo que pueda pasar.

Antonio Román, explicando su postura sobre las mociones.

Antonio Román, explicando su postura sobre las mociones. // Foto: Televisión Guadalajara

Hace falta ser funambulista para caminar sobre las delgadas líneas trazadas por los concejales de Ciudadanos, que apoyaron la investidura de Román, no sin antes negociar unos acuerdos, pero que aseguran que son oposición. Cada mes, el PP corre el riesgo de que la abstención naranja permita que salgan adelante algunas incómodas mociones de la oposición, las apoye o directamente las presente. Pero es que ahora, incluso, se suman a la reprobación del alcalde, de momento de palabra, pero que en un futuro podría convertirse en una moción de reprobación en el Pleno. Por eso parece cabal que Román les “meta fichas”, como se dice ahora.

Pero también es comprensible que Ciudadanos no las recoja. Porque no tiene nada que ganar, y probablemente bastante que perder, máxime en estos momentos de incertidumbre. El partido naranja no añade nada a lo conseguido, puesto que ya ha logrado que se incluyan varios puntos en el acuerdo de investidura, vigila de cerca su cumplimiento y ejerce la presencia o la presidencia de varias comisiones. En el plano puramente pecuniario, tiene cuatro tres personas liberadas y ninguna responsabilidad de Gobierno, más de lo que cabalmente le correspondería. Por eso le interesa, de momento, seguir manteniendo su “ahora sí, ahora no” que desgasta y mantiene a un tiempo al PP. Y ahora le toca subrayar -el viernes lo reiteraba- que está en la oposición. Es una posición que, lo saben sus concejales, no se puede mantener demasiado tiempo, sobre todo de cara a las siguientes elecciones, cuando los votantes querrán tener una visión clara de qué están votando si apoyan a esta bisagra.

Cuestión curiosa de este “cortejo” de Román y de las calabazas naranjas es que se producen a través de la prensa, y no vis a vis. Dan a entender, ambos, que el mensaje va dirigido a los vecinos, o concretamente a sus votantes, más que una clara intención de ofrecerse y rechazarse.

Román se ve abocado por tanto a una temporada de negociación de cada punto que tanto parece agotarle. Sobre todo porque ha demostrado muy poco encaje con las pequeñas derrotas, en forma de mociones. Solo de esta manera se pueden entender sus declaraciones de la pasada semana, preguntado por el cambio de nombre de las calles franquistas. El argumento es “de traca”: “Las mociones son una fórmula de debate en el Pleno y no un mandato”, dice. Y el concejal Alfonso Esteban lo redondea: “El equipo de Gobierno gobierna. Es a quien le compete adoptar decisiones y ejecutarlas, y el papel de la oposición es fiscalizar la acción del equipo de Gobierno”. No es de recibo que el primer edil muestre tal desprecio por el pleno que preside. Ni es cierto que la oposición esté solo para criticar y vigilar, sino también para aportar y construir. Las mociones son, efectivamente, sugerencias de medidas, propuestas para el debate… hasta que se votan. Una vez aprobadas, son un mandato de Pleno.

No es la primera vez que una moción aprobada no se lleva a cabo o su cumplimiento se hace parcial y tardíamente. Pero es la primera vez que oímos a un alcalde de Guadalajara decir que no tiene por qué cumplirlas. Vean el vídeo si no dan crédito. Tras la reprobación, Román rebajó el tono, pero no el fondo de la cuestión. Insistió en que las mociones del Pleno no son vinculantes, según el informe de un técnico municipal. No hemos visto ese informe, y ni siquiera queda claro si este documento se refiere a la moción de las calles (sobre la que hay una sentencia) o a todas. Pero Román ya ha dicho que no llevará a cabo las mociones que contravengan la Ley (como es lógico), ni las que perjudiquen a los ciudadanos, que tiene más miga. Porque para decidir qué perjudica o beneficia a los ciudadanos tendrá que aplicar su propio criterio, sobreponiéndolo al de la mayoría del Pleno que ha aprobado la moción. Blanco y en botella: se llama despotismo.

Y no es Guadalajara el único lugar donde el gobierno de una minoría está haciendo saltar las chispas. La alcaldesa de Villanueva de la Torre, Vanessa Sánchez Rebollo, ha tenido un arranque de autoritarismo trasnochado al anunciar que no va a contestar a las preguntas de la oposición en el Pleno. Haciendo caso omiso al reglamento, explicó que el turno de ruegos y preguntas “se convierte en mítines y no estoy dispuesta a seguir con esta dinámica”. Así que contestará a todo por escrito. Como el PP en la capital, Ahora Villanueva también ha tratado de recabar apoyos estables, en este caso ofreciendo recientemente al PSOE formar gobierno. Qué casualidad.

Está visto que son tiempos para funambulistas.

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