Otro viaje a la Alcarria

Por Pedro Aguilar*

Cuando Cela decidió hace 70 años viajar por la Alcarria para escribir una serie de artículos en el periódico El Español, su intención no fue la de hacer turismo. El escritor, siguiendo una moda literaria del momento, quería mostrar la realidad de una sociedad rural que nada tenía que ver con los principios de modernidad que se atisbaban en ciudades como Madrid, siete años después de la guerra. Al echar a andar recorre un trazado predeterminado con el encargo de hacer unas cuantas visitas concretas a personas conocidas o recomendadas, que le harán más levadero el camino. Su viaje es uno, pero esta tierra tiene varios, muchos viajes posibles. Me encargan que recomiende otro viaje a la Alcarria para hacer esta Semana Santa, como homenaje en el centenario de Cela. Por eso voy a recomendar tres lugares por los que Cela no pasó en el año 1946 pero que le habrían dado juego a la hora de escribir su obra. Como hizo el Nobel echaros las botas de las siete leguas al hombro y disfrutad.

2016.03.20 Reato

Los Frailes del Reato, una sucesión de piedras de más de 30 metros de altura // Foto: PAG

Hay dos tópicos  sobre Guadalajara que, desgraciadamente, por más que pase el tiempo, no dejan de ser menos ciertos. El primero es que nuestra provincia es una gran desconocida. El segundo, no por celiano menos manido, es que la Alcarria es un país al que a la gente no le da la gana ir. Luchar contra los tópicos ciertos es como sembrar en barbecho, por eso recomiendo en primer lugar un ruta que naciendo de la A2 la deje a un lado, en concreto en el kilómetro 107. Allí tomaremos la salida que nos indica a Las Inviernas y antes de llegar al pueblo, cuando llevamos circulando diez minutos, nos desviaremos a El Sotillo, localidad que se encuentra a tiro de piedra y donde vamos en busca de unos frailes muy particulares, los Frailes del Reato.

En el Sotillo hay buena gente, una iglesia, varias huertas, una fuente con seis caños y un sobrante hecho de piedra que representa la cabeza de un perro, un choto o un cordero. Si echamos a andar calle abajo llegaremos a la cola del pantano de la Tajera. El suelo se vuelve cenagoso y no tenemos más remedio que recogernos en una de las sendas que avanzan junto a la ladera. A la vuelta de uno de los meandros que en su día dio forma al arroyo, nos encontramos con los frailes. ¡Un espectáculo único! Una enorme sucesión de “peinetas” de más de 30 metros de altura, caprichos de la naturaleza labrados en piedra que nos asemejan diferentes figuras. Si nos fijamos veremos unos frailes, de los de El Greco, altos y delgados como agujas, con sus sayales, con su capucha cubriéndoles la cabeza, que caminan juntos, en oración, como si rezasen el rosario alrededor del claustro de un convento.

Pero no están solos, los monjes comparten espacio con un hombre  sentado sobre las rocas, que disfruta mirando ensimismado el horizonte, y de una madre que parece aconsejar a su hija, con la mano apoyada en el hombro. Un mural que deja libre la imaginación, que se presta a la fantasía y la literatura y se muestra nítido sobre una enorme pared azul. Parad y disfrutad.

2016.03.20 SierraAltomira

Magnífica vista de los pantanos de Entrepeñas y Buendía. // Foto: PAG

Mi segunda propuesta es La sierra de Altomira, un balcón permanente, primero al pueblo de Sacedón, después a las Entrepeñas y más adelante a Buendía y a las estribaciones de Bolarque. Esta caminata exige una parada cada diez minutos para disfrutar de lo que vemos, de ahí que la hora y cuarto que dura se nos pueda convertir en casi dos horas en el camino de ida. Tiempo bien empleado, puro placer.

Nuestra primera meta es llegar hasta Sacedón y subir, tomando en la primera rotonda de entrada al pueblo  la carretera vieja, el camino de cemento que asciende hasta la imagen del Sagrado Corazón que vemos sobre nuestras cabezas. Subid en coche y dejadlo en el aparcamiento que hay bajo los pies de la enorme escultura.

Una vez arriba, ya podemos disfrutar del paisaje de agua, trigos, barbechos, olivos y carrascas que puebla este rincón de la Alcarria. Esa paleta de tonos ocres, azulados y verdosos que tan espléndidamente refleja en sus cuadros el pintor Jesús Campoamor. Junto a la tierra, la caprichosa silueta del pantano de Entrepeñas  se nos presenta de una manera única, imprevista, mostrando en toda su crudeza la desecación por culpa del trasvase Tajo-Segura. Desde allí tomaremos la pista de acceso que nos conducirá hasta nuestro punto final: la ermita de Nuestra Señora del Socorro. En el trayecto se suceden las atalayas, pero sin duda la más sorprendente la encontraremos al final del recorrido, unos minutos antes de llegar a la ermita del Socorro. El Tajo, encajonado,  convertido en el estrecho pantano de Bolarque, serpentea entre los barrancos de la sierra bajo la mirada atenta del castillo de Anguix, que permanece altivo a pesar de los años. La altura nos permite jugar con los rincones que trazan el agua y la montaña. Todo parece detenerse bajo nuestros pies.

2016.03.20 Cueva

Vista del río Tajo, en un tramo tranquilo de su cauce. // Foto: PAG

Y para terminar nos acercaremos al Manantial de los visigodos junto a la Fuente de la cueva. Iremos en busca del agua bendita de los bárbaros, y en concreto de un salto de agua donde, nos dicen, puede apreciarse el abundante caudal del arroyo que llegó a mover hasta 20 molinos. Es decir, que el agua que brotaba del paraje conocido como El Noguerón, en las inmediaciones de Albalate de Zorita, hacía competencia al Tajo y con generosidad acababa entregándole sus aguas, nada despreciables. El camino que tomamos, desde el mismo pueblo, parte en dirección a la vega por una pista amplia y confortable. Es un paseo abierto, ideal para recorrer en los días soleados de otoño e invierno. Los campos de olivo nos acompañarán durante todo el trayecto. Nos encontraremos dos cruces y tomaremos siempre el camino de la derecha, sin dejar la pista principal. Luego veremos otros dos cruces, y optaremos por la mano izquierda, no tiene pérdida, la pista manda. Media hora después, un letrero nos indica la Fuente de la Cueva. Nos adentramos entre los olivos, que ahora son altos, casi andaluces gracias al regadío, y nos encontramos con una enorme cueva que parece pensada para rodar películas de tribus primitivas. Desde que dejamos el camino, el ruido del agua nos guía incluso mejor que la senda. Junto a la cueva hay unos bancales de huerta y olivos, perfectamente trazados con muretes de piedra y detrás un salto de agua de varios metros que sorprende por su fuerza y su caudal. Ahora entendemos lo de los 20 molinos. Han pasado casi dos milenios desde que los visigodos aprovecharon este manantial y sigue intacto. Este es mi viaje a la Alcarria, al menos el de esta Semana Santa, espero que os invite a levantaros del sillón

2015.08.09 PedroAguilar

Pedro Aguilar. // Foto: Nando Ruiz

*Pedro Aguilar Serrano es doctor en Ciencias de la Información, licenciado en Filología Hispánica, perito calígrafo, grafólogo, miembro de la Academia de Gastronomía de Castilla-La Mancha, responsable de Diretes Comunicación SL, profesor universitario en UNED a tiempo parcial y editor del blog “Comer y andar por la Alcarría“. 

Anuncios

Un pensamiento en “Otro viaje a la Alcarria

  1. Muy interesante este itinerario propuesto por quien tan bien conoce esta tierra y sabe ponerlo por escrito. Es la primera noticia que tengo de esos frailes y voy a verlos en cuanto pueda. Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s