Guadalajara en verde

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Jaime Carnicero y Francisco Úbeda plantaron un par de ejemplares con motivo del Día Internacional del Árbol el pasado lunes. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Por Borja Montero

En la vieja Educación General Básica (EGB), una de las primeras lecciones de “Natu” consistía en explicar el modo de vida de las plantas, todas aquellas cosas acerca de la clorofila, las raíces, la fotosíntesis y demás. Recuerdo que don Luis, que también daba clases de Matemáticas y Dibujo (que lo de la escasez de medios materiales y humanos en la educación pública no la inventó Cospedal, aunque sí se encargara de revitalizarla tremendamente) hacía un gran hincapié en la importancia que la vegetación tenía, ya que conseguía transformar el dióxido de carbono en oxígeno, algo esencial para la vida humano. Tanto era así que algunos alumnos, cuyos padres no eran especialmente aficionados a los tiestos, nos sentíamos mal por no tener aquel maná en casa (cabe resaltar que algunos entraron en pánico al conocer que, por la noche, el proceso es al revés y sacaron a toda prisa las plantas de sus habitaciones por miedo a que les arrebataran su aire mientras dormían, cosas de niños).

El pasado lunes, 21 de marzo, un día internacional, de esos creados por Naciones Unidas para ser políticamente correcto y que casi todas las sensibilidades tengan una jornada para difundir su mensaje, ejerció de moderno don Luis y, con el árbol como protagonista, nos recordó, como cada año, que la vegetación es un factor indispensable para la vida en el planeta Tierra, dado que de ella depende en gran parte su habitabilidad para la raza humana. De este modo, y al margen de las fotografías de concejales y alcaldes con los mejores parques de sus localidades a la espalda o plantando árboles pala en mano, la reflexión que se plantea en una jornada como esta debe ser mucho más profunda, tanto para las administraciones y poderes públicos como para cualquier hijo de vecino. Conductas de consumo sostenible, políticas medioambientales, utilización razonable de los recursos naturales, planeamiento urbanístico, prevención de incendios; todos estos y muchos otros son los factores que entran en juego cuando se trata de promover de forma efectiva la importancia y la preminencia del árbol y de la vegetación en general, misión fundamental del Día Internacional del Árbol.

Tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo, Guadalajara puede sacar pecho de su patrimonio medioambiental. Así, mientras que media española de metros cuadrados de zonas verdes por habitante se sitúa en alrededor de 15, la capital alcarreña casi dobla esa cifra, con 27 metros cuadrados de parque para cada guadalajareño. Y lo hace gracias a grandes extensiones de zonas verdes como el parque de Las Lomas y otros en los nuevos desarrollos, las dos fases del de Adoratrices (aún poco frondoso) o el Minizoo. Y también por ese corredor de paseo agradable en pleno centro de la ciudad que componen La Concordia y San Roque. Prácticamente cada barrio tiene un parque de tamaño considerable de referencia, tanto en medioambiental como en lo social.

 

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Un momento del acto de plantación de la nueva olma de Bejanque el pasado mes de febrero. // Foto: guadaque.com

Además, no suele haber malas noticias en este sentido en la política municipal, más bien al contrario. Recientemente, se ha sustituido la vieja olma de Bejanque, la que sucumbió a la grafiosis, por otro ejemplar sano, yse ha aumentado la nómina de parques de la capital con el de Las Torres, adecentando una zona que ya se usaba como tal, y el del Adolfo Suárez, continuación de otro parque ya existente. Sin olvidar ese compromiso (no recuerdo cuándo se enunció tal juramento, pero se ha sacado a colación de este Día del Árbol como si fuera una ley por todos conocido) de plantar dos árboles por cada uno que se talara por motivos de enfermedad o seguridad, si bien es cierto que el Ayuntamiento capitalino no es muy destructor de la masa arbórea existente.

Sin embargo, como en todos los aspectos, por muy bien que vaya, siempre hay algo que hacer. La principal asignatura pendiente de la capital en lo que a su relación con el medioambiente se refiere es, principalmente, la finca de Castillejos. A pesar de los muchos proyectos, incluso con subvenciones europeas, que han rondado este espectacular espacio, con tantas posibilidades como metros cuadrados, el Consistorio capitalino no termina de encontrarle el cometido exacto a estos terrenos, toda vez que tampoco se han ganado el favor de los guadalajareños, quizás por su lejanía con el casco urbano, quizás por su carencia de actividad, quizá una cosa lleve a la otra. Otro de los trabajos pendientes del Ayuntamiento en materia verde tiene que ver con el Parque de La Concordia. Si bien nadie duda del carácter y la importancia, lo simbólico incluso, de esta zona verde como punto principal de la vida social guadalajareña, hay en ocasiones una cierta pérdida de memoria para con ella. Es cierto que, hace pocas semanas, veíamos cómo su fuente vuelve a lucir lustrosa y que la afluencia de gente en la zona nunca ha decaído, pero no es menos verdad que, cuando de celebrar actividades de cualquier tipo se refiere, las prioridades ahora se centran en otros puntos de la ciudad, dejando el que fuera recinto ferial vacío y solo. Quizás el ejemplo más grave y de actualidad sea el de la Feria del Libro, ubicado tradicionalmente en La Concordia y que, por empecinamiento de los gestores municipales, no volverá allí, aunque hayan de llevarse las condiciones de vegetación a la Plaza Mayor para hacerla más confortable.

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