La hora de Bonaval

Por Raquel Gamo

El estado de ruina avanzada que sufre el Monasterio de Bonaval, fundado en 1164 en Retiendas (Sierra Norte), lleva décadas exigiendo una intervención urgente por parte de la Junta de Castilla-La Mancha, que es la administración competente en materia de patrimonio histórico. Ya no valen promesas incumplidas, parches ni partidas irrisorias para apuntalar los cimientos del edificio monacal. Quizá por ello ha levantado ilusión el anuncio formulado recientemente por la consejera de Cultura, la alcarreña Reyes Estévez, sobre la reserva de una partida de 200.000 euros para Bonaval en los Presupuestos regionales para 2016.

El objetivo, según Estévez, es “detener su deterioro, evitar el derrumbe de lo que está ahora en pie -la parte oriental- e impedir su desaparición”. Además, aunque el conflicto sobre la propiedad del edificio aún no se ha resuelto todavía –pertenece a un numeroso grupo de propietarios-, fuentes de la consejería han reconocido que es “muy probable” que se convoque un proyecto de restauración “integral y temporalizado” para dar respuesta al riesgo inminente de derrumbe del monasterio.

Monasterio de Bonaval, en Retiendas, fundado en 1164, actualmente en estado ruinoso. // Fotos: R.G.

Monasterio de Bonaval, en Retiendas, fundado en 1164, actualmente en estado ruinoso. // Fotos: R.G.

Ya era hora. Ya era hora de que el Gobierno de Castilla-La Mancha se tomara en serio la recuperación de uno de los monumentos de mayor valor histórico no sólo de la Serranía sino de toda Guadalajara y, por tanto, de Castilla.

Bonaval, de estilo cisterciense y declarado Bien de Interés Cultural, necesita de un proyecto de rehabilitación preciso con un presupuesto definido y una serie de medidas que se desarrollen en unos plazos, encaminadas a garantizar su supervivencia. Es decir, que ha llegado la hora de pasar de los cantos de sirena a los hechos.

A lo largo de los últimos años, varias asociaciones han clamado por el lamentable deterioro de un monumento convertido, junto al castillo de Galve de Sorbe y la iglesia de Villaescusa de Palositos, en icono del abandono del patrimonio histórico arquitectónico en Guadalajara y Castilla-La Mancha.

En 2012, la Asociación Serranía de Guadalajara publicó la Lista roja del patrimonio arquitectónico de la Sierra de Guadalajara, en el que tuve la suerte de poder participar, un interesante documento que recogía información detallada del valor histórico y del estado de conservación de los monumentos más deteriorados de la comarca. El fin –obvio- consistía en llamar la atención de la sociedad, de los medios y del Gobierno regional sobre la necesidad apremiante de intervenir en estos edificios.

Pero si alguien ha perseverado a la hora de buscar una salida digna para Bonaval ésa ha sido la Plataforma ciudadana Salvar Bonaval. Durante los últimos años, este colectivo, junto al Grupo de Defensa del Patrimonio de Guadalajara, ha levantado la voz, ha promovido iniciativas sociales y ha reclamado de manera cívica fondos a la administración para salvar al monasterio de su destrucción. Ahora sus reivindicaciones comienzan a ver la luz, pese a que no se haya satisfecho su demanda de expropiación del edificio y que aún queda un largo trecho hasta ver el inmueble en buen estado.

Imagen del interior de Bonaval que revela el deplorable estado de conservación de este monumento.

Imagen del interior de Bonaval que revela el deplorable estado de conservación de este monumento.

A lo largo de la legislatura anterior, el gobierno de Cospedal destinó la insuficiente cantidad de 15.000 euros para apuntalar la estructura del monasterio. Una aportación a todas luces escasa en lo que a obras de patrimonio se refiere.

Sin embargo, el destino de Bonaval puede cambiar radicalmente. El gasto anunciado por la Junta en este recinto es una buena noticia, que podría suponer su salvación a medio plazo y, que va en la dirección adecuada de lo que debe ser la gestión del patrimonio en decadencia de Guadalajara. No bastan ayudas puntuales. Sólo a través de la ejecución de proyectos técnicos a largo plazo se logrará la recuperación y preservación del patrimonio de la provincia. Es decir, la política en esta materia debería estar sujeta a una planificación ligada a plazos e inversiones, al estilo de lo que ya han realizado otras comunidades, como Castilla y León.

En la comunidad vecina está en ejecución un plan específico de patrimonio cultural (Plan Pahis), impulsado por la Junta de Castilla y León, que abarca desde 2014 a 2020. El proyecto no sólo concibe el patrimonio cultural como un servicio público, sino que busca que éste se convierta en un “activo para el desarrollo económico y social”. El plan contempla la gestión sostenible de este tipo de patrimonio y está supeditado a una metodología y ámbitos de intervención que en Castilla-La Mancha se abandonaron casi por completo tras la irrupción de la crisis.

Hace pocos días, el presidente García-Page anunció que la Junta destinará el 1% Cultural del presupuesto de Obras Públicas -ampliable al 1,5%- a la rehabilitación del patrimonio, imitando así el modelo del 1% Cultural que con tanto acierto desarrolla el Ministerio de Fomento desde hace más de una década.

Exterior de Bonaval, deteriorado por el abandono, la degradación de las piedras y la proliferación de maleza.

Exterior de Bonaval, deteriorado por el abandono, la degradación de las piedras y la proliferación de maleza.

Si se quieren tomar en serio este asunto, convendría que la Junta estableciera negro sobre blanco los objetivos con relación al patrimonio y que, en consecuencia, recuperara la línea específica de inversiones que llevó a cabo desde 2008 para trabajos de restauración y preservación de castillos y fortalezas defensivas. Aquel plan contemplaba ayudas de hasta un 60% en la intervención en inmuebles catalogados. En 2011, la tijera de la crisis dio al traste con la medida.

Estas acciones servirían para vertebrar una política coherente de patrimonio que permitiría la salvación de cientos de castillos, monasterios e iglesias que amenazan con desaparecer más pronto que tarde; y servirían, al mismo tiempo, para revitalizar la actividad económica y turística de las comarcas más despobladas.

“La mayor cultura de nosotros mismos y las generaciones venideras son la mejor guarda de nuestro patrimonio”, sostenía el malogrado profesor e investigador del patrimonio José Luis García de Paz. En la Consejería de Cultura deberían tener muy presente esta máxima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s