Construir una ciudad

ampliación de aguas vivas

La ciudad aún dispone de zonas a desarrollar contempladas en el actual Plan de Ordenación Municipal. // Foto: B. M.

Por Borja Montero

El Ayuntamiento de Guadalajara ha iniciado estos días las reuniones con diferentes colectivos, tanto técnicos como ciudadanos, para ir avanzando en la redacción de un nuevo Plan de Ordenación Municipal (POM), anunciada hace apenas unas semanas por el alcalde, Antonio Román, y cuyos contactos está llevando el vicalcald y responsable municipal del área de Urbanismo y Vivienda, Jaime Carnicero. La mayoría de las líneas que se persiguen con este documento están claras, máxime aquellas que hacen referencia a la nueva legislación urbanística, tanto nacional como autonómica, que busca exprimir las zonas ya consolidadas antes de gastar suelo nuevo para desarrollos urbanos. Vamos, que le objetivo, más allá de construir nuevas casas, como ha ocurrido en anteriores planes en la capital, va a ser constuir una ciudad, con todo lo que ello significa.

Una ciudad es un organismo vivo, de esos que nacen, crecen y se desarrollan. Para la consecución de este normal progreso, sobre todo cuando se alcanza una cierta dimensión en el espacio o se quiere dar un especial carácter a la ciudad en cuestión o a alguna zona en concreto, tiene que haber normas destinadas a regir este desarrollo. De este modo, el planeamiento urbanístico se convierte en una cuestión capital, habida cuenta de que este tipo de planes no pueden depender tanto del ‘humor’ del político encargado, en los cuatro años de eventualidad en el cargo que proporciona el sistema actual, dado que su puesta en marcha y desarrollo completo han de contemplarse con vistas algo más largoplacistas.

En el caso de Guadalajara, las prisas iniciales se han cambiado por un reposo probablemente más beneficioso para la idoneidad del texto final que articule el futuro urbanístico de la ciudad. Si en 2009 se comenzaba a plantear la tramitación de un nuevo POM, a pesar de que en su redacción en 1999 el actual se estimaba válido hasta bien entrada la década de 2020, la realidad inmobiliaria se impuso y reveló que no era una cuestión tan apremiante como podía parecer dos o tres años antes. Lo que podía considerarse como un fracaso o un contratiempo, y el parón constructor claramente lo ha sido en términos de empleo, se ha convertido, en lo que al planeamiento de la ciudad se refiere, en una oportunidad para pararse a idear fórmulas que sirvan para cohesionar lo de dentro y no solamente para el crecimiento sin freno.

En aquel primer avance redactado en 2009, se optaba, evidentemente, por continuar con el modelo expansionista de los años anteriores, proyectando unas 14.800 viviendas nuevas más allá de la A-2, la R-2 y la carretera de Fontanar, a pesar de que aún quedaban zonas por desarrollar en Las Cañas y la Ampliación de Aguas Vivas, entre otros. “Ya no hay presión urbanística”, explicaba esta semana Carnicero en Nueva Alcarria, de modo que el plan que se irá detallando en los próximos años (que el concejal ha desatacado que se puede ir trabajando con tranquilidad) servirá para mirar y examinar lo que ya hay más que para ordenar lo futuro, siempre con el objetivo de mejorar la ciudad para sus habitantes.

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Uno de los mapas del término municipal de Guadalajara incluido en la documentación del avance del POM de 2009. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

En los primeros planteamientos que se han realizado desde el Ayuntamiento de Guadalajara, se han destacado una serie de líneas a seguir que, de primeras y a falta de su plasmación por escrito y, sobre todo, de su ejecución en la realidad, sí parecen ideas interesantes de cara a hacer una Guadalajara más habitable en un futuro a medio plazo. Uno de estos capítulos más importantes es el de la rehabilitación y el reciclaje urbano. La capital alcarreña tiene un importante parque de viviendas construido hace 40 años o más, prácticamente todo a excepción de más allá del Barranco del Alamín, lo que hace necesario que, de cara al mantenimiento de estos barrios en el futuro y que no sean olvidados y despoblados, se hace necesaria la renovación de servicios, pavimentos y, por supuesto, de los edificios, tanto a nivel técnico y energético como para hacerlos más atractivos a los nuevos gustos de la población. Esta línea de actuación también hace referencia, evidentemente, a la gran cantidad de solares vacíos de que dispone la ciudad, sobre todo en el casco histórico de la misma, y otras construcciones necesitadas de una importante rehabilitación o reestructuración, por lo que el ‘segundo uso’ que el Ayuntamiento quiere incentivar a través del nuevo POM será una herramienta esencial para que los barrios de la ciudad asentada, incluyendo el centro de la misma, no se convierta en un desierto de solares vacíos, fincas abandonadas y edificios faltos de vida.

Esta idea del reciclaje también ha de aplicarse a algunos inmuebles que, debido al desarrollo de nuevos sectores y, por tanto, de nuevos edificios destinados al servicio público más nuevos, grandes y cómodos, han perdido su actividad, o van a hacerlo en los próximos años. Así, el Consistorio habla de lugares como el edificio de Correos, pieza emblemática y plenamente integrada en el urbanismo de la zona, o del palacio de la plaza de San Esteban, la vista más reconocible del citado espacio, pero también de edificios de más envergadura como el Hospital Provincial, la ya casi olvidada cárcel o el monstruoso mamotreto de los Juzgados (éste aún en activo), inmuebles que han de recuperar su capacidad de atracción de ciudadanos a su entorno a través de la recuperación de su actividad, ya sea para el servicio público o a través dela iniciativa de un negocio privado.

La cuestión de la rehabilitación, la recuperación y la modernización de espacios no es la única meta que se marca el Consistorio para el nuevo POM, aunque quizás sí sea la que más se puede concretar antes de que se inicien los trabajos de redacción de tan complejo documento. Así, otra de las necesidades que intentará aplacar el futuro plan urbanístico es el de disponibilidad de suelo industrial y de uso terciario convenientemente urbanizado y dispuesto para su uso. El actual planeamiento contemplaba zonas como El Ruiseñor o los sectores al otro lado de la A-2 como zonas en las que las empresas, tanto industriales como de servicios, podrían instalarse, pero el devenir económico y los intereses de las empresas inmobiliarias han hecho que estos sectores hayan sido los últimos en desarrollarse, en beneficio de las zonas residenciales, lo que ha provocado, crisis mediante, que la ciudad se haya visto lastrada para la recepción de nuevas empresas por no disponer de lugares donde ubicarlas. Cabe no olvidar otras cuestiones que también se pretenden tratar en este documento, tales como las infraestructuras necesarias o, especialmente, la movilidad dentro de la ciudad.

A la espera de que las reuniones vayan celebrándose y los distintos colectivos implicados o especializados en el tema puedan expresarse, así como de que el equipo redactor comience su trabajo, parece que el nuevo POM sí intentará hacerse cargo de los problemas que puede tener, a medio y largo plazo, la ciudad. Como buen ser vivo que es, Guadalajara nació (hace ya muchos siglos), ha crecido (con especial intensidad en las últimas dos décadas) y ahora le toca desarrollarse. Los edificios ya están construidos, ahora vamos a construir una ciudad.

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