El sueño del Infantado

 

Patio de los leones del palacio del Infantado. // Foto: Fran Hermenegildo

Patio de los leones del palacio del Infantado. // Foto: Fran Hermenegildo

Por Concha Balenzategui

El sábado por la mañana, pasada la resaca de “La noche de los sentidos”, el palacio del Infantado seguía impresionando a los turistas que fotografiaban su soberbia fachada, ya solo iluminada bajo el sol de primavera, sin proyecciones de colores. Los jardines volvían a mostrar su reciente intervención, con el césped recién segado, los setos podados y repuestos; las vallas y los andamios en las zonas donde aún se está trabajando, y las baldosas rotas en la delimitación de los parterres y escaleras que aún necesitan un buen repaso.

El evento del viernes cumplió con creces su cometido, si es que este era atraer a los ciudadanos al palacio, para conocer un poco más de su historia, disfrutarlo con actividades especiales, y mostrar su apoyo a la candidatura en la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Tanta gente se acercó, que las visitas teatralizadas, los talleres infantiles y las catas se vieron desbordados por la demanda. Incluso en muchos momentos había que hacer cola para visitar la exposición sobre el legado de los Mendoza, y el lienzo donde los vecinos iban anotando sus mensajes de apoyo no tenía un hueco libre.

"Infantado de conocerte", un ingenioso lema inscrito el viernes en el panel. // Foto: Álvaro Nuño

“Infantado de conocerte”, un ingenioso lema inscrito el viernes en el panel. // Foto: Álvaro Nuño

Todo hace pensar que la afluencia superó las previsiones de un evento masivamente difundido en los días previos. No era extraño, por tanto, que algunos echaran de menos unas sillas para poder disfrutar de la música ambiente o una barra donde consumir, pues una vez copadas las actividades de inscripción previa, poco había que hacer en el lugar al margen de saludar a diestro y siniestro, al “todo Guadalajara” que pasó por allí. Pero, como en aquella Noche en Blanco celebrada hace unos meses o en el reivindicativo abrazo al Infantado, fue un momento compartido y entrañable. El cariño al Infantado quedó, una vez más, demostrado.

Que todos ambicionemos la declaración de Patrimonio de la Humanidad para nuestro palacio no allana el camino. Hay que saber que la inclusión en esta lista de lugares  maravillosos no dependerá de lo que los guadalajareños hagamos en este tiempo para promocionar nuestro monumento. No se trata de lograr una sede olímpica, en cuya elección puntúa la implicación de la ciudad. Dependerá del expediente que examinarán el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, por sus siglas en inglés) que determinará si cumple algunos de los diez criterios estipulados para ser incluido en la lista, seis de ellos específicos para bienes culturales y cuatro para los naturales.

Además de estudiar en profundidad el expediente de candidatura, elaborado por el Estado correspondiente, ICOMOS para Patrimonio Cultural examinará in situ el bien en cuestión. Para ello el país organiza una visita de evaluación aproximadamente a los seis meses del envío del expediente al Centro de Patrimonio Mundial. Es un objetivo muy difícil, casi utópico, que el Comité del Patrimonio Mundial adopte la decisión de inscribir al monumento junto a los 1.031 sitios (802 son culturales, 197 naturales y 32 mixtos) repartidos en 163 países que figuran en este club de la excelencia, después de que en 2015, se declararan 24 nuevos. Piensen solamente en los 44 monumentos, conjuntos urbanos y paisajes de nuestro país destacados en la lista (España figura en en el tercer lugar del Mundo, por detrás de Italia, con 51 sitios, y de China, con 48) y hagan un cálculo de si nuestra joya está a la altura.

Dibujos y palabras de apoyo a la candidatura. // Foto: Álvaro Nuño

Dibujos y palabras de apoyo a la candidatura. // Foto: Álvaro Nuño

Queda mucho camino por andar, pues no será en la próxima reunión, la que el Comité del Patrimonio Mundial celerbará en Estambul (Turquía) en julio, sino en la siguiente cita, en verano de 2017, toda vez que un candidato debe permanecer en la lista indicativa durante más de un año antes de someterse a la decisión. Pero el hecho de que el palacio del Infantado figure entre los candidatos ya es un logro. Porque no es fácil que el Ministerio de Cultura acepte la propuesta que las comunidades autónomas realizan para entrar, y es requisito imprescindible estar en la preselección para continuar en la carrera de la Unesco. Por eso, ya de entrada, hay motivos para celebrarlo, y sería de necios que Guadalajara no lo valorara y lo pregonara a los cuatro vientos.

Sería hermoso que nuestro Patio de los Leones y nuestras puntas de diamantes fueran reconocidas mundialmente. Y no solo por la cantidad de visitantes que atraería o la promoción que la noticia supondría. Es que, además, nos hace falta un poco de autoestima. Quizá si vienen de fuera a destacar lo que tenemos, empecemos a sacar pecho. Como cuando un grupo de actores de la producción de moda canta las alabanzas de nuestro castillo de silueta más sorprendente, el de Zafra, o cuando una serie de televisión nos escoge como escenario de sus tramas. Quizás entonces miráramos con otros ojos al patrimonio, empezando por este casco agujereado de solares en el que el Infantado es un pequeño oasis. Ojalá llegara la declaración, como un empujón de ánimo y un vendaval de voluntad.

Ojalá también que el camino sea largo, que decía Kavafis. Que tengamos más de un año para soñar antes de despertarnos.

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