El doctor Román

2016.04.15 AntonioRoman

El alcalde de Guadalajara, Antonio Román, frente al Ayuntamiento. // Foto: http://www.encastillalamancha.es

Por Álvaro Nuño.

¿Deshoja Antonio Román en estos momentos la última margarita de su ya larga vida política? Si no es así, ¿por qué está posponiendo tanto la decisión de dedicarse en cuerpo y alma a ser alcalde de la ciudad, como ha prometido reiteradamente en este último año? ¿Por qué mantiene en vilo a propios y extraños, acudiendo cada mañana a su trabajo en el Hospital General Universitario de Guadalajara en vez de bajar a su despacho de Alcaldía? ¿Se puede ser Alcalde de una capital de provincia como Guadalajara a tiempo parcial, en los ratos libres que deja el trabajo, por las tardes o incluso con nocturnidad? O plateémoslo de otra manera, ¿puede una ciudad como Guadalajara ser gobernada por una persona que en vez de atender a los ciudadanos, atiende a sus pacientes, cambiando la vara de mando por el fonendoscopio? Todas ellas son preguntas que quedan en el aire tras las últimas declaraciones del todavía alcalde en las que no dijo ni que sí, ni que no, limitándose a criticar a los que critican esta indecisión.

Tengo que reconocer que fui uno de los que se equivocaron al pensar que 2015 sería el año de la despedida de Antonio Román del Ayuntamiento y que no se presentaría de nuevo a la reelección. Las fechas cuadraban. Cumplía entonces veinte años desde su primera toma de posesión como concejal de Juventud en el equipo de Gobierno de José María Bris en 1995. Recuerdo, incluso, que en una conversación informal, después de una entrevista en ese primer mandato, el propio Román me confesó que la política para él era una cuestión secundaria frente a su verdadera pasión y profesión, que era -y parece que sigue siendo- la medicina, y que no se veía más de ocho años dedicado a ella. Por supuesto, no existe testimonio ni grabado ni escrito de esas declaraciones, pero cada vez que Román ascendía un peldaño más en la política durante estas últimas dos décadas, sigo recordando sus palabras. Y la escalera es larga.

No es esta la primera margarita que deshoja Román en su trayectoria política. Ya en esos primeros meses del año pasado, la duda pululaba por los pasillos del Ayuntamiento y de los partidos políticos. Se rumoreaba que el todavía diputado por la provincia – también entonces desempeñaba dos funciones a la vez-, estaba un poco cansado de permanecer en la primera línea y que a su renuncia a la presidencia provincial del Partido Popular en 2012 seguiría la del Ayuntamiento para finalizar su vida política con el final de la legislatura como diputado. Insisto, a mí me parecía una salida coherente y lógica de un político que lo ha sido todo para el PP-literalmente en 2011, año en que se presentó y ganó las elecciones locales, autonómicas y generales como cabeza de cartel en Guadalajara- y que tiene bien ganado el retiro cuando aún se está en la cumbre. 

Pero Román decidió volver a presentarse como candidato del Partido Popular a la Alcaldía -también hubo muchas especulaciones volando sobre esa decisión- y, pese a que se pasó buena parte de la campaña electoral asegurando su compromiso con la ciudad durante el mandato completo, todavía resonaban voces que afirmaban que la operación encubierta era ganar las elecciones, aguantar en el puesto hasta que finalizara la legislatura  a finales de año, y después, dimitir para traspasar el bastón de mando a su delfín, el hoy vicealcalde Jaime Carnicero

Firma de convenio con la MAS

Román y Jaime Carnicero en el despacho de Alcaldía // Foto: http://www.clm24.es

También soy de los que creía en la honestidad de Román y de que, una vez tomada la decisión de seguir, cumpliría con su palabra de mantenerse al frente del Ayuntamiento hasta el final del presente mandado, en 2019. Pero he sido testigo de cómo nuestro alcalde es un hombre que ha sacrificado mucho su vida personal y familiar por el desempeño de sus múltiples cargos y, sinceramente, sigo creyendo en aquello que me dijo hace dos décadas y que todavía le sigue gustando más la bata blanca y la consulta que el traje y la corbata en el despacho del Ayuntamiento.

Antonio Román debe tomar una decisión: o seguir como alcalde con todas sus consecuencias, como prometió a los electores hace ahora un año, lo que implicaría abandonar de nuevo su puesto de trabajo en el Hospital, o dejar la política definitivamente dando paso al que hoy de hecho se muestra como primer edil en funciones, el vicealcalde. En estos meses, no sólo es Jaime Carnicero el que está dando la cara públicamente representando a la ciudad -buceen un poco en las noticias que da la página web del Ayuntamiento y lo comprobarán- sino que muchos nos preguntamos cómo, por ejemplo, el alcalde puede despachar con los técnicos y funcionarios municipales si estos trabajan por las mañanas mientras Román está pasando consulta en el Hospital. Aunque, si el alcalde decidiera seguir compatibilizando su puesto con su trabajo, a mí se me ocurre una solución: que solicite el cambio de turno en el centro sanitario, lo que le permitiría bajar al Ayuntamiento por las mañanas, atendiendo así las obligaciones del cargo, y seguir trabajando como médico por las tardes. Seguro que el director gerente del Hospital, el socialista Lucio Cabrerizo, no tendría problema en conceder ese cambio de horario por el bien de la ciudad.

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Un pensamiento en “El doctor Román

  1. Y la ventaja de venir al hospital por una urgencia, que te atienda el Alcalde, la queja se la das in situ! Cualquier día el pleno del Ayuntamiento lo celebran en el salón de actos del centro hospitalario.

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