La moda de irse a vivir a un pueblo

El alcalde de Arbancón, Gonzalo Bravo (d), durante la inauguración el sábado pasado del I Foro contra la Despoblación. // Foto: Facebook Arbancón

El alcalde de Arbancón, Gonzalo Bravo (d), durante la inauguración el sábado pasado del I Foro contra la Despoblación. // Foto: Facebook Arbancón

Por Raquel Gamo

Hace justo una semana, el Ayuntamiento de Arbancón organizó un acto al que bautizó como primer Foro contra la Despoblación Rural. Tiene mucho mérito Arbancón, su ayuntamiento y su alcalde, Gonzalo Bravo. No es habitual que la problemática alrededor de este asunto dé el salto de conversación de bar a objeto de debate. La jornada sirvió para poner en común experiencias alrededor de la vida en el medio rural: una tendera, un empresario de turismo rural y hasta un presidente de Diputación. El presidente provincial, José Manuel Latre, acudió hasta la villa de Arbancón, puerta de la Sierra Norte, para soltar su filípica sobre lo necesarias que son las diputaciones. También hubo exposiciones de fotos y una ruta senderista al despoblado de Jócar. Un programa digno y variado que merece el aplauso unánime de quienes se preocupan por los pueblos para algo más que tomar botellines.

Y sí, las diputaciones son necesarias en las zonas rurales mientras no se invente una alternativa mejor para vertebrar el territorio. Y sí, el ejemplo de quienes abandonan la ciudad es digno de elogio. Y sí, aterrizar en un pueblo pequeño como Arbancón y hacerse cargo de un comercio local tiene mérito.

Marcha hasta el pueblo deshabitado de Jócar, organizada por el Ayuntamiento de Arbancón. // Foto: Facebook Arbancón.

Marcha hasta el pueblo deshabitado de Jócar, organizada por el Ayuntamiento de Arbancón. // Foto: Facebook Arbancón.

La cuestión, como ya hemos abordado en este mismo espacio en anteriores ocasiones, es si la despoblación tiene remedio. El esfuerzo estéril conduce a la melancolía. Debatir y compartir reflexiones puede llegar a ser aleccionador. O, al menos, divulgativo. Pero la cuestión de fondo es: primero, aceptar que la despoblación es un problema de envergadura, no una cuestión secundaria; segundo, aceptar que ninguna de las medidas que hasta ahora se han puesto en marcha han servido más que para potenciar el turismo rural, pero no para atajar la desertización en el campo; y tercero, aceptar que sólo desde una visión global y crítica seremos capaces todos, políticos incluidos, de articular soluciones viables, sostenibles, para un mal que muchos consideran endémico.

El foro de Arbancón camina en la buena dirección. La despoblación ha sido un tema hurtado del debate público de Guadalajara, en parte por una cierta desidia y en parte porque Castilla-La Mancha no presenta la misma realidad demográfica que otros territorios, como Castilla y León, donde esta queja es compartida por todas las provincias que integran esta autonomía. De ahí la importancia que el asunto rebrote en Guadalajara, máxime si se hace, como en el caso de Arbancón, con protagonistas de primera mano y con un pueblo volcado en ello. Si bien en el programa se echó en falta la presencia de participantes de fuera de Guadalajara –las sinergias en esta materia son fundamentales y también –no sé si porque no quisieron o no estaban invitados- de representantes del Gobierno regional. El que sea, a cualquier nivel. Pero su voz es imprescindible porque cualquier alternativa a la realidad que tenemos ahora mismo encima de la mesa en los pueblos pasa por potenciar los servicios públicos esenciales. Todos, competencia de la Junta.

Estado de la carretera entre San Andrés del Congosto y Membrillera. // Foto: Grupo Socialista de la Diputación.

Estado de la carretera entre San Andrés del Congosto y Membrillera. // Foto: Grupo Socialista de la Diputación.

Viene esto a cuento porque esta misma semana, el grupo socialista en la Diputación ha dado a conocer el estado lamentable del camino/carretera que comunica San Andrés del Congosto con Membrillera. No es una cuestión baladí. Las carreteras provinciales, con gobiernos de un signo y de otro, han dado un vuelco en los últimos años. Sólo falta que algún año, algún siglo de estos, a la Junta le dé por construir un kilómetro de autovía, ya sea entre Guadalajara y Humanes o en la zona de Molina. Porque ahí está el meollo de la cuestión. Sin carreteras, igual que sin ambulatorios médicos o escuelas y, sobre todo, sin oportunidades de empleo, resulta difícil por no decir imposible que se “ponga de moda vivir en un pueblo”, que fue el lema acuñado en la jornada arbanconense.

En un contexto en el que la Ley de Desarrollo Rural permanece anclada en los cajones del Ministerio de Agricultura, Guadalajara -igual que el resto de la región- viene de una legislatura en la que los servicios básicos han estado en peligro. Es decir, no sólo se ha potenciado el medio rural sino que se ha intentado dañar. Basta recordar el recorte en las ayudas sociales o el intento de cierre de las urgencias rurales, paralizado gracias a la Justicia. Es evidente que la sensibilidad del Gobierno regional ahora es otra. Pero debe traducirse en hechos. Y hechos significa articular planes de inversión que excedan la propaganda ligada a los fondos comunitarios, la eterna cantinela del desarrollo rural.

El vicepresidente de la Junta, José Luis Martínez Guijarro, ha estado esta semana en Molina de Aragón. Allí se reunió con alcaldes de la zona y anunció a los cuatro vientos, que en el Señorío mutan en cierzo, la actuación del Gobierno de Castilla-La Mancha en unos 250 municipios de la provincia que en conjunto no suman más de 40.000 habitantes. La música suena bien. Después uno se lee la partitura y la realidad es que lo que se pone encima de la mesa es concentrar las ayudas comunitarias. Bienvenido sea. Pero no es suficiente. De hecho, es notoriamente insuficiente.

Empleo, colegios, centros de salud, telecomunicaciones, protección efectiva del entorno. Es decir, más inversiones. Eso es todo lo que necesita el campo, tal como se puso de manifiesto en el foro de Arbancón. No es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Basta tener una verdadera voluntad política.

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