La forja del negocio artesano

Demostración de alfarería tradicional de Zarzuela de Jadraque en el Día de la Sierra. // Foto: Asociación Serranía de Guadalajara.

Demostración de alfarería tradicional de Zarzuela de Jadraque en el Día de la Sierra. // Foto: Asociación Serranía de Guadalajara.

Por Raquel Gamo

Guadalajara acogió recientemente la XXII edición de la Feria de Artesanía de Primavera, una cita relevante en el calendario cultural de la ciudad que incluyó la participación de 19 artesanos del cuero, la madera, el textil, el vidrio, la joyería y los jabones; además de la organización de talleres y demostraciones de oficios en vivo. El éxito de público que cosechó la muestra constata la capacidad de atracción de los oficios de siempre. La cuestión mollar es superar aquello que solía decir por los pueblos de la Sierra el almendrero El Solfa, allá en los años cincuenta, cuando hombres y mujeres se arremolinaban ante su puesto con ojos saltones: “aquí, mucha miranda, pero poca compranda”. Pues eso es lo que necesitan los artesanos. Que se pase de la miranda a la compranda.

La artesanía entraña un gran valor cultural allí donde se preserva y es parte de la identidad de un territorio. El sector en Castilla-La Mancha emplea a 5.000 personas en 2.000 empresas y supone el 5% del producto artesano en España. Guadalajara aporta alrededor del 7% de los artesanos de Castilla-La Mancha, en contraste con el 53% de Toledo, según datos del Gobierno regional. En el caso de nuestra provincia, el oficio de ceramista es el más destacado (24,5 % del total artesanos dedicados al oficio). Le siguen con porcentajes por encima del 6% los de marroquinero y bolsero, y el de tallista de piedra y mármol.

Podría considerarse a este sector como un motor económico de zonas deprimidas, pero lo cierto es que esta quimera está muy lejos de ser explorada en una provincia como Guadalajara, incapaz aún de incardinar con solvencia la artesanía en la planificación turística.

El gremio de artesanos de Castilla La Mancha, en general, y de Guadalajara, en particular, no ha sabido canalizar la riqueza ni explotar el potencial que aporta la artesanía para el desarrollo económico de la región. En el caso de la provincia, las discrepancias irreconciliables que llevaron en 2010 a la fragmentación de la agrupación unitaria han lastrado el avance del sector. La disgregación de la oferta tampoco ha allanado la senda.

A una situación de partida ya de por sí débil hay que añadir la falta de respaldo de la Junta de Castilla-La Mancha en los últimos cuatro años. Dicho sin remilgos: el Gobierno del Partido Popular sumió a los artesanos en el ostracismo económico. “Cospedal nos dejó sin subvenciones y nos relevó de la organización y gestión de ferias”, cuenta a EL HEXÁGONO Juan José García, dueño de Grabados al Fuego -un taller especializado en pirograbado sobre piel y marroquinería radicado en Pioz- y presidente de la Asociación para la Innovación y Desarrollo de la Artesanía de Guadalajara (AIDA), que aglutina a cerca de 40 artesanos, de los 150 profesionales que tiene la provincia.

Cuatro años después del Cospedalato, parece que se abre una nueva de esperanza para el futuro de esta actividad. No es que todos los males vayan a resolverse de un plumazo, pero al menos se otea una cierta voluntad institucional para lograrlo. Un primer gesto de acercamiento de la administración ha sido la convocatoria en abril de ayudas para la comercialización de los productos artesanos. Esto se traducirá en apoyo económico, publicidad y asistencia a eventos y ferias, además de la voluntad de diálogo verbalizada por la consejera de Economía, Patricia Franco, para tratar de impulsar al sector.

Pero participar en exposiciones y actos promocionales no es el único camino por el que deben transitar los artesanos. Desde AIDA llevan tiempo reclamando a la Diputación la apertura de un centro destinado a la promoción de la artesanía de la provincia. Un proyecto que podría encajar en el Centro de Interpretación Turística de Guadalajara, en Torija, actualmente a todas luces infrautilizado.

Alberto Rojo, delegado provincial de la Junta, y Juan José García, presidente de AIDA, en la reciente Feria de Artesanía de primavera, en Guadalajara. // Foto: JCCM

Alberto Rojo, delegado provincial de la Junta, y Juan José García, presidente de AIDA, en la reciente Feria de Artesanía de primavera, en Guadalajara. // Foto: http://www.clm24.es

La clave está en poner en valor lo artesano en conexión con otras actividades formativas, culturales y comerciales que seduzcan al público en cada feria. No es una receta novedosa la que expongo aquí, pero en Guadalajara aún es una asignatura pendiente. Las ferias de Navidad y primavera en la capital –más allá de la polémica por su ubicación- demuestran que la gente participa cuando se le ofrecen estímulos. El siguiente paso es potenciar el negocio artesano con una orientación verdaderamente profesional que permita la expansión económica de un segmento que ahora mismo no ejerce el peso que podría en el desarrollo rural. Guadalajara atesora un legado histórico artesano de incalculable valor. Ahora la cuestión es aprovechar todo su potencial para convertirlo en una herramienta de progreso. Y, sobre todo, de creación de empleo.

Los vientos políticos reman a favor. O eso parece. Los artesanos deberían exprimir esta coyuntura al máximo interviniendo en todos los eventos que sirvan para volver a colocarles en un primer plano. Pero, sobre todo, para superar los problemas estructurales que arrastra el gremio. Los artesanos reclaman, y con razón, dos exigencias. Por un lado, un Estatuto profesional en Castilla-La Mancha, del que ya se ha elaborado un anteproyecto de ley aunque aún no ha visto la luz; y, por otro, poder cotizar a la Seguridad Social a tiempo parcial. Ambas medidas dependen de la determinación de las administraciones, que harían bien en no escamotear su aliento a una actividad que en nuestra región, en tiempos de Barreda, llegó a tener rango de consejería.

Guadalajara no dispone de la proyección de la cerámica talaverana, ni del textil lagarterano, ni de los encajes de Almagro, ni de la cuchillería de Albacete, ni de la alfarería conquense. Pero es evidente que ideas no faltan entre los maestros artesanos, ya sea entre quienes trabajan la madera y la pizarra en la Arquitectura Negra, entre los alfareros de Zarzuela de Jadraque o en iconos tan representativo como el cincelado de Mariano Canfranc en Sigüenza. Falta, como casi siempre en esta tierra, sumar al talento natural las herramientas adecuadas para canalizar una explotación económica óptima.

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