Marchamalo y Guadalajara, condenados a entenderse

Por Raquel Gamo

El conflicto entre los ayuntamientos de Marchamalo y el de la capital a cuenta del servicio de autobuses urbanos parece estar en vías de solución, después de varios años de desencuentros y negativas por parte del Gobierno regional –la huella de Cospedal es alargada e insondable- para prestar este servicio a los vecinos marchamaleros. Aunque en Guadalajara, como ya sabemos por experiencias pasadas, las vías de solución suelen ser lentas. A veces incluso intermitentes.

La Consejería de Fomento presentó hace una semana la ampliación del servicio de autobuses que comunica a la población gallarda con Guadalajara con una línea que incluiría dos paradas, una situada en San Ginés (o sea, en el mismo centro) y otra frente al recinto del Ferial Plaza. Esto supondría reforzar la comunicación entre ambos municipios mediante un servicio con una frecuencia de 30 minutos, con vehículos adaptados, manteniendo las tarifas actuales y con una conexión directa al centro de Guadalajara, una reivindicación histórica de los vecinos de Marchamalo para mejorar su movilidad diaria.

Autobús de Marchamalo estacionado en la estación de Guadalajara. // Foto: Ayto. Marchamalo

Autobús de Marchamalo estacionado en la estación de Guadalajara. // Foto: Ayto. Marchamalo

La Junta hizo pública su propuesta sin acordarla antes con el ayuntamiento de Guadalajara –desde Marchamalo se argumenta falta de voluntad de diálogo por parte de Román y Carnicero- y en virtud del Plan Astra, que procede de los tiempos de Barreda y que, como ya explicó ayer mi compañero Álvaro Nuño en este mismo espacio, dio lugar a un episodio de enfrentamiento lamentable y esperpéntico entre el Gobierno regional y el de la capital. La Junta de Castilla-La Mancha, a falta de un consorcio regional o comarcal, es la autoridad metropolitana del transporte interurbano. Pero, con los antecedentes del Astra, quizá debería haber extremado la voluntad de negociación con el Ayuntamiento de Guadalajara. Y no sabemos si ha habido suficiente diálogo entre las administraciones, o si no ha existido predisposición por alguna de las partes implicadas. Nada de ello se ha visualizado. Y ese es un error de partida claro por parte de la Junta, que está obligada a consensuar las necesidades de todos los municipios.

Haciendo esta salvedad, es evidente que los nuevos autobuses ayudarían a fomentar el uso del transporte público frente al coche privado. Quizá por ello resulta ridículo que el vicealcalde de Guadalajara, Jaime Carnicero, se descolgara con un pretexto tan peregrino como que los autobuses procedentes de Marchamalo colapsarían el centro de la capital. Hay dos contradicciones flagrantes en este argumento. Primero, el transporte público nunca contribuye a congestionar el tráfico, sino todo lo contrario, lo alivia de forma notable. Y, segundo, ¿no habíamos quedado en que Guadalajara necesita revitalizar su centro urbano?

La reunión mantenida el miércoles entre Antonio Román y Rafael Esteban sirvió para acercar las posturas, pero no logró desbloquear el conflicto. El alcalde de la capital ofreció dos salidas al regidor marchamalero: crear un Consorcio de Transportes, similar al que ya funciona en la Comunidad de Madrid; o bien integrar los autobuses de Marchamalo en el servicio regular de Guadalajara.

En el encuentro entre Román y Esteban no había ningún miembro de la Junta, lo que en sí mismo ya es una anomalía dado que es la Junta la administración encargada de desbrozar el entuerto. La consejera de Fomento, la alcarreña Elena de la Cruz, ya ha dicho que no termina de ver eso de crear un consorcio, y ha avisado que autorizará las paradas de los autobuses de Marchamalo en Guadalajara si finalmente no hay acuerdo entre los dos municipios. Y, según recogió SER Guadalajara, el delegado de la Junta, Alberto Rojo, tachó de “filosófica” la idea de Román de crear un consorcio de transportes.

No sabemos si eso es bueno o malo. Pero, en todo caso, es evidente que la conurbación del entorno de la capital ha creado una malla que sobrepasa la decena de municipios y que supera los 120.000 habitantes, es decir, más de la mitad de la población de la provincia. Madrid presenta unas connotaciones demográficas y de movilidad diferentes, pero la idea de habilitar un consorcio que aglutine el servicio de todas las localidades adheridas al Plan Astra no es una medida estrambótica. Al contrario, parece una iniciativa razonable siempre que sea eficaz, es decir, que no pase por aumentar la burocracia creando un nuevo ente supramunicipal gravoso para el erario público.

Reunión entre Antonio Román (c), Rafael Esteban (i) y Jaime Carnicero (d), el pasado miércoles. // Foto: Ayto. Marchamalo.

Reunión entre Antonio Román (c), Rafael Esteban (i) y Jaime Carnicero (d), el pasado miércoles. // Foto: Ayto. Marchamalo.

La segunda contraoferta de Román parece, en principio, asumible por Marchamalo. Desde el Consistorio gallardo aseguran que esta misma propuesta se planteó hace cuatro años, y que entonces no pudo llevarse a la práctica por falta de voluntad del Ayuntamiento de Guadalajara y el coste que éste pretendía imponer a Marchamalo: 720.000 euros anuales por mantener el servicio.

Ahora la postura del equipo del alcalde de Guadalajara resulta razonable. No exigiría una cantidad tan elevada, aunque Román no concretó las frecuencias, la ubicación de las paradas, la adaptación de los autobuses –Marchamalo exige que dispongan de una plataforma central para discapacitados- ni tampoco la línea de búhos nocturnos. La respuesta definitiva del Ayuntamiento capitalino no puede demorarse porque, de llegar a un acuerdo, el nuevo servicio comenzaría a estar operativo en septiembre.

Marchamalo no es un municipio más en el área metropolitana de Guadalajara. Fue un barrio de la ciudad arriacense y actualmente es una población independiente desde 1999. Su cercanía y sus lazos históricos con la capital de la provincia obligan a las administraciones a ponerse de acuerdo, sin menoscabo para otras poblaciones del entorno como Cabanillas, Alovera o Fontanar.

Román (PP) y Esteban (PSOE) son dos pesos pesados en sus respectivas formaciones. La reunión entre ambos, con Carnicero presente, tiene la virtud de recuperar el tono de diálogo entre dos ayuntamientos enfrentados políticamente. Falta que se plasme en resultados tangibles. Y falta, sobre todo, que el Ayuntamiento de Guadalajara deje de observar a Marchamalo como ese hijo rebelde que un día se fue de casa y que, para más inri, vota mayoritariamente al PSOE. No puede haber politiquería en un asunto como el de los transportes porque los ciudadanos no lo entenderían.

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3 pensamientos en “Marchamalo y Guadalajara, condenados a entenderse

  1. Yo soy de Alovera y quiero lo mismo que Marchamalo porque tengo los mismos derechos. Y sí, esto es todo una cuestión de politiqueo, pero por parte del PSOE que solo trata de beneficiar a los suyos. Es una vergüenza que el PSOE y la junta nos trate como pueblos de tercera y a otros como Marchamalo, de primera.

    • ¿Ah sí, María? ¿Y porqué hablas del PSOE y no del PP? Porque el PP es el que está ofreciendo a Marchamalo volver al transporte urbano de Guadalajara ya a nadie más… A Alovera, a Cabanillas no se lo ofrece.

      Se te ve el plumero. Claramente además.

      Esto lo que es, es una cuestión de pasta. El Ayuntamiento de Guadalajara quiere ingresar, sea de la Junta con un consorcio o de Marchamalo reintegrándolo en su transporte urbano. Que lo digan claro, y que digan claro que para conseguirlo no les importa perjudicar a los ciudadanos y a los comerciantes, que al final son los paganos de que no se permita disponer de un transporte público que es posible poner en marcha desde ya.

    • ¿Ah sí, María? ¿Y porqué hablas del PSOE y no del PP? Porque el PP es el que está ofreciendo a Marchamalo volver al transporte urbano de Guadalajara y a nadie más… A Alovera, a Cabanillas no se lo ofrece.

      Se te ve el plumero. Claramente además.

      Esto lo que es, es una cuestión de pasta. El Ayuntamiento de Guadalajara quiere ingresar, sea de la Junta con un consorcio o de Marchamalo reintegrándolo en su transporte urbano. Que lo digan claro, y que digan claro que para conseguirlo no les importa perjudicar a los ciudadanos y a los comerciantes, que al final son los paganos de que no se permita disponer de un transporte público que es posible poner en marcha desde ya.

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