Bastaría con ser amable

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Reflexiones de un miércoles de primavera. /Foto: M.P

Por Míriam Pindado

¿De qué escribirías ‘un hexágono’? Cada semana me hago la misma pregunta pero también aprovecho para hacérsela a la gente de mi entorno. Familiares, amigos, compañeros que viven una realidad bastante próxima a la mía pero cuyas rutinas son bien diferentes. Personas con las que comparto ciertas ideas, reflexiones y preocupaciones pero no de manera integral. Mujeres y hombres que viven su día a día, igual que lo vivo yo y lo viven ustedes, dentro y fuera de su espacio de confort.

Entonces, los “encuestados” me responden con un café, una caña, un paseo o un mensaje. La mayoría  de sus propuestas son críticas muy concretas (que bienvenidas sean). Recriminaciones a nuestros políticos o a las administraciones, quejas de índole laboral, social o moral y, sobre todo, críticas ciudadanas propias de la convivencia. Casi todas son simples observaciones, otras sin embargo, proponen soluciones. Y estas son las que más me gustan. Críticas constructivas. Y es que la gente tiene grandes ideas que muchos de nosotros compartiríamos si las escuchásemos. El problema es que en estos tiempos de convivencia virtual, de ego digital y de autosuficiencia forzada no escuchamos, simplemente oímos (y lo que nos interesa).

Volviendo al ‘¿de qué escribirías un hexágono?’ me gustaría reflexionar sobre una de las propuestas que me dieron hace unos días y que se resume en estas tres preguntas : ¿Por qué la gente está tan irascible? ¿Por qué ya no somos amables? y ¿Por qué nos sorprende tanto toparnos con gente cordial?

Lo cierto es que en los últimos años esta sociedad se ha puesto de morros y de uñas. Estamos cansados…estamos indignados por todo. Y esa indignación se ha convertido en enfado. Quiero puntualizar que aquí no utilizo el concepto “indignación” con ninguna connotación ni política ni ideológica. Estar indignado no es una sensación nueva ni una idea creada al amparo de ningún eslogan. La indignación es algo común al ser humano. Es un sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial. Es, según la Real Academia de la Lengua “enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”. Es estar hasta el pito (muy hasta el pito). Y la verdad es que motivos no le faltan a esta sociedad  (no nos faltan) para estar así de enfadada. Las noticias buenas, simplemente, ya no son noticia para la mayoría de medios de comunicación, las charlas de bar suelen acabar en choques de ideas y recriminaciones entre amigos de toda la vida y en las comidas familiares se veta hablar sobre cuestiones como la política, la religión, la educación, el trabajo, etc. Bonita manera de pasar los días esta que hemos elegido…

El caso, es que hablando sobre este asunto, amigos que trabajan diariamente de cara al público me plantearon lo difícil que es ahora dar con personas amables. No obstante, ellos mismos reconocieron que tampoco son amables siempre. Es difícil serlo las 24 horas del día. Pero a veces parece que estamos deseando un mal gesto, una contrariedad o una mínima impertinencia para explotar. Es como si lo estuviésemos esperando desde el desayuno. Y en algún momento del día…¡Booom!

Lo cierto es que esta coyuntura política, económica y social no es muy alentadora.  Estamos hiper-sensibles, hiper-irasacibles e hiper-indignados y todo nos ofende. Nos sentimos atacados muchas veces sin motivos ni intenciones opacas por parte de los otros. Buscamos el jalapeño picante para quejarnos y maldecir nuestra suerte y, si no nos toca, seguimos probando hasta dar con él.

Vivir en sociedad

Aunque los amigos que me propusieron esta reflexión son personas que diariamente trabajan de cara al público, esta introversión es extrapolable a “las personas que vivimos de cara al público”. Es decir, todos. Porque todos somos seres sociales. Convivimos en sociedad y, de una manera u otra, deberíamos buscar el equilibrio, no detonarlo. Todos tenemos preocupaciones y problemas individuales pero colectivamente nadie tendría por qué pagar por ellos. Ni los que nos conocen, ni muchísimo menos los que no tienen ni idea de quiénes somos ni saben qué habas cuecen en nuestra casa.

 Mi conclusión es que deberíamos ser más amables con nuestros vecinos aunque algunos se empeñen en lo contrario (bueno, si se empeñan mucho será imposible , pero al menos nos iremos con la conciencia tranquila). Y en casos complicados, contar como contaba Carl Wislow: “una, dos y tres, cuatro cinco y seis…yo me calmaré, todos los veréis”.

Y hoy reflexiono sobre esto porque en los últimos días me he dado cuenta de lo importante que es para la salud de la sociedad y la salud de uno mismo. Que alguien te ayude a recoger la compra en medio de la calle cuando se te rompe la bolsa que tanto has apurado por ahorrarte unos céntimos, es de agradecer. Que un vecino con legañas y olor a café te sonría y te desee un buen día en el ascensor, es de agradecer. Que una persona te regale su ticket de la ORA porque va a dejar la zona azul antes de tiempo, es de agradecer. Que un funcionario público te evite ir a la oficina a hacer tres trámites en días diferentes, es de agradecer. Que un niño te dé las gracias porque le has pasado la pelota con las botas torcidas, es de agradecer. Que una persona te devuelva la cartera que te acabas de dejar olvidada en la caja del súper, es de agradecer.

Esto es lo que me ha pasado esta semana y lo agradezco. Es algo que no tendría por qué sorprendernos. Es lo que debería ser.

 

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Un pensamiento en “Bastaría con ser amable

  1. Estoy en parte bastante de acuerdo contigo Miriam, Pero yo creo que sobre todo es cuando hablamos de politica, fútbol, y mucho en la carretera, que no nos respetamos, ahora se lleva mucho, si no estás conmigo, estás contra mi. ES alucinante con lo bonito que es decir cada uno lo que opina. Y ver si estamos de acuerdo o no. Y como te ha pasado a ti esta semana, la mayoria de la gente en circunstancias normales somos amables, Cuando viajas, y no encuentras alguna calle, o monumento, y preguntas a los paisanos, el 99% de la gente, te ayuda y de buenas maneras, en mi caso hasta un repartidor de Salamanca, Me dijo que le siguiera, para llevarme a mi destino, teniendo que cambiar el suyo.
    Un saludo.

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