Vísteme despacio que tengo prisa

Por Ana G. Hernández

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Los jugadores agradecen el apoyo de la afición tras el descenso. // Foto: Nueva Alcarria.

Una de las principales desventajas de la prisa es que lleva demasiado tiempo. Tiempo que desgastas en hacer las cosas mal, de forma precipitada y sin ningún tino. Tiempo que se marcha para no volver. Tiempo de poca calidad. Tiempo que te obliga a retroceder y regresar a un pasado que creías superado y del que parecías estar a salvo.

Nueve años después y tras dos temporadas en la división de plata del fútbol español, el Deportivo Guadalajara retornó al foso de Tercera División. Ese pozo en el que vivió durante la gran mayoría de su vida, en el que creció, se crió y vivió su adolescencia. Un pozo que conoce demasiado bien. Es angosto, largo, oscuro y asfixiante. Un pozo del que ahora tendrá que volver a salir y del que escapar no es precisamente sencillo. Y es que, las prisas por regresar a la Liga Adelante dio con los huesos morados en el Grupo XVIII.

Y eran prisas fundadas. La Segunda B no es rentable, ni lo será nunca. No hay dinero, ni prestigio que ganar, solo compromiso y amor a unos colores. Y más después de la crisis económica que removió los cimientos en los que estaba asentado el deporte. Menos rentable aún si se tiene en cuenta que el club perdió mucho dinero con ampliaciones ficticias y cautelarísimas que no llegaron a ningún lado. Y cuando la necesidad apremia, las prisas nunca son buenas consejeras. Tras el descenso administrativo, la urgencia de la directiva deportivista por volver a Segunda era imperiosa y se confeccionaron dos proyectos serios. El primero con Quique González, el mejor delantero que pasó jamás por el Escartín, como buque insignia; y la segunda con un bloque experimentado y de calidad con nombres como Molinero, Javi López, Toledo o Chema Mato, entre otros. Proyectos deportivamente bien concebidos y que alcanzaron los play-off de ascenso a Segunda, pero que económicamente resultaron ser un navajazo letal a las arcas de un equipo que, a esas alturas, estaba ya muy devaluado.

Sin dinero, la gerencia del club se mantuvo obcecada en el ascenso, el ascenso como tabla de salvación económica. El problema que, en el nuevo proyecto, ya no tendría el crédito de los anteriores. Y se planificó una temporada a sabiendas. Se trajo a un entrenador barato, de la mano de un mánager deportivo barato. Se despidieron a jugadores válidos, pero caros, y se trajeron retales baratos a la espera de encontrar un chollo en las rebajas. Y se encontró a Riki y Marqués, cuyo rendimiento fue catastrófico. Obviamente, los resultados no acompañaron y la inestabilidad se instaló como modelo de gestión deportiva e institucional. Las consecuencias, a la vista están. Guadalajara no tiene un equipo masculino de fútbol en categoría nacional, especialmente si el Azuqueca no lo remedia en estos días.

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Los jugadores agradecen el apoyo de la afición tras el descenso. // Foto: Nueva Alcarria.

Un Azuqueca que, desde que Jorge Fuentenebro cogió el timón, está demostrando ser un espejo en el que mirarse. Impecable gestión económica de la nueva directiva que ha auspiciado un momento deportivo sublime al mando de Joselu Sánchez. No en vano, son ellos en los que está depositada la esperanza de nuestro fútbol. Ojalá que en Arroyo resistan el campo de minas que les van a preparar. Ojalá que el aficionado guadalajareño siga teniendo esperanza en un mañana mejor. El sábado en el San Miguel, morados y rojinegros vivieron el mismo sueño, disfrutaron del mismo equipo y de un partido emocionante y divertido. Ojalá que la temporada que viene el Azuqueca no tenga la obligación de enfrentarse al Depor. Ojalá este Azuqueca consiga la machada de colarse en categoría nacional. Este Azuqueca se lo merece.

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Un pensamiento en “Vísteme despacio que tengo prisa

  1. Terminó la temporada más horrible que se recuerde con el descenso deportivo merecido. Hay que sacar lecciones del rotundo fracaso. Yo creo que la primera es que no se puede vender humo. La segunda, es que la segunda división es muy difícil de alcanzar. Fue un sueño de dos años maravillosos bajo la batuta de un entrenador experimentado y sabio como Terrazas. Pero la realidad, es que tenemos un Club pequeño, con graves dificultades económicas y una afición poco numerosa, lo que hace complicado remontar el vuelo. No obstante, contamos con la fabulosa Peña La Zorra que no ha dejado ni dejará de animar y con una cantera de futuro, tal y como ha demostrando. Pues confiemos en ellos, y a jugar en la Tercera División con humildad, dignidad y sin cracks de boquilla; y poco a poco, el viejo estadio municipal Pedro Escartín volverá a llenarse y volveremos a ganar y disfrutar. Que es de lo que se trata.

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