El nuevo trabajo

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Jesús Abad posa delante del camión de la empresa para la que trabaja, vehículo que explota como trabajador autónomo pero en exlusiva para esta mercantil. // Foto: guadalajaradiario.com

Por Borja Montero

En los últimos tiempos, dada la desconexión de algunos líderes políticos y partidos con la ciudadanía y a la aparición de nuevas fórmulas y, posteriormente, nuevas siglas con las que poder identificarse, se habla mucho de “la nueva política”. Sin embargo, no es menos cierto que, en el espacio de algo más de una década, son muchas las cosas que han cambiado, tanto en nuestra vida diario como en la manera en la que el planeta se organiza. Estas nuevas costumbres han llegado a la forma en la que nos relacionamos con el entorno y nuestros semejantes, a nuestra forma de comprar y consumir, también a nuestro ocio. Y, evidentemente, también han llegado a la economía, que todo lo rodea y en todo repercute. Si a este proceso imparable, y que las grandes corporaciones internacionales nos han ido colando subrepticiamente, le unimos la llegada de una crisis financiera mundial, todo desemboca en el aceleramiento de la llegada de “la nueva economía” y, con ella, “el nuevo trabajo”, que es lo que más nos afecta a los ciudadanos de a pie.

Desde hace casi un mes, Jesús Abad, transportista que prestaba sus servicios para la empresa XPO Logística en su nave de Alovera, mantiene una huelga de hambre para denunciar sus condiciones laborales y para reivindicar la mejora de las mismas. Y es que este camionero, que trabaja en exclusiva para la citada empresa, dependiendo totalmente de la organización del trabajo que dictan sus órganos de dirección en lo que a horarios y carga de trabajo se refiere, empleando un vehículo propiedad de la mercantil en cuestión, supeditado, de este modo, a las directrices de la misma, no está considerado como uno más de la plantilla de la empresa, sino que su situación laboral, a efectos fiscales y de seguridad social, es la de un trabajador autónomo (con toda la autonomía que puede dar una situación como la anteriormente descrita). De este modo, tiene todas las dificultades que se presuponen a un trabajador por cuenta propia en lo que a bajas laborales, atención médica, declaraciones de impuestos y subsidios de desempleo se refiere y carece de sus libertades (aunque no de sus incertidumbres, por lo que cuenta el interesado), por lo que pide ser integrado en la plantilla “oficial” de la empresa.

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El camión se encuentra aparcado frente a la nave de la empresa con un cartel que explica la situación y las reivindicaciones de Jesús. // Foto: guadaque.com

La respuesta que ha dado Jesús a su situación laboral es llamativa. Su protesta está cargada de razones. Pero eso no quiere decir que su caso sea único en el panorama actual del empleo en España y, por ende, en Guadalajara. Las últimas reformas laborales, sobre todo la aprobada por el Gobierno del PP en 2012, han relajado las condiciones de contratación para los empresarios y han facultado a los gestores de las mercantiles a cambiar los convenios sin negociación o a saltarse las condiciones pactadas con los trabajadores con bastante facilidad, mientras que las tragaderas cada vez más amplias de quien ha pasado una temporada en el desempleo han servido para reducir nuestro límite de alarma ante determinadas situaciones laborales que actualmente se están dando con cierta frecuencia.

Esta figura del “falso autónomo” que denuncia Jesús es más común de lo que puede parecer, una estrategia que consiste en que la empresa se ahorra el pago de la seguridad social y algunas cuestiones de papeleo, además de tener una mayor flexibilidad para prescindir de los servicios del trabajador, que igualmente tiene que encargarse por sí mismo de pagarse su seguro de desempleo y de justificar, llegado el caso, el fin de su actividad. En otros casos, las estratagemas de los gestores para ahorrarse algo de dinero pasan por la parcelación de contratos, con temporalidades tan absurdas como semanas, días o, incluso, horas, reduciendo la base imponible de las nóminas y eliminando la existencia de indemnizaciones en caso de despido. También se emplea mucho la contratación por una jornada laboral inferior a la que se va a realizar, pagando el resto como horas extra, haciendo que la cotización que han de pagar las empresas por el trabajador también se reduzca. Todo ello sin entrar en la extensión sin límites de los contratos de prácticas o las becas no remuneradas, el pago en negro por los servicios a los trabajadores o el ofrecimiento de una cantidad salarial y dejar a elección del empleado si prefiere el sueldo bruto o ver reducidos sus emolumentos netos al legalizar su situación.

Jesús no es un héroe. O no lo es más que otros miles de trabajadores que han tenido que plegarse a las condiciones del mercado laboral, al “nuevo trabajo”, poco halagüeño para la parte más débil de la cadena, la que no posee los medios de producción y solamente puede ofrecer su capacidad de trabajo (perdón por la terminología marxista, tan denostada en los últimos tiempos). Él solamante ha decidido luchar por una situación injusta que le perjudica enormemente, y no solamente a él. Esto, y cosas mucho más graves, están pasando.

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