La gran asignatura pendiente de Castilla-La Mancha

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Sequía en el embalse de Entrepeñas, en el verano de 2015. // Foto: Javi Martínez, El Mundo.

 Por Miguel Ángel Sánchez *

Uno de los elementos que definen la personalidad de nuestra región es la de constituir todavía, más de 30 años después de su creación, una amalgama de territorios sin una personalidad común definida. A la antigua Castilla la Nueva se le amputó el corazón económico, y a cambio se le añadió un territorio con el que si bien compartía afinidades geográficas, tradicionalmente era más cercano y lo sigue siendo del Levante, en especial de Murcia y Alicante.

La artificialidad inherente a esta Castilla-La Mancha determina entre otros asuntos, que aquí jamás se haya ejecutado una verdadera política con altura de miras, que haya buscado la vertebración y el equilibrio territorial. Y que, además, haya exigido al Estado que cumpla con una región inmensa en cuanto a superficie, pero muy escasamente poblada y con una distribución que deja grandes bolsas periféricas convertidas en absolutos desiertos demográficos. Y uno de los elementos que definen esa falta de organización política y de falta de peso específico de nuestra región en el ámbito nacional es, sin duda, el agua.

En Castilla-La Mancha tenemos territorio sobre ocho grandes cuencas hidrográficas de nuestro país. Mucho territorio sobre cinco de ellas, como son Guadiana, Tajo, Júcar, Segura y Guadalquivir. Pero en todas ellas solamente ejercemos funciones de criadero de agua, de un gran aljibe donde almacenar los recursos generados en Castilla-La Mancha, para ser aprovechados y utilizados en el desarrollo de otras comunidades autónomas.

Analizando la situación hidrológica de Castilla-La Mancha nos encontramos con una situación muy peculiar y más que preocupante. El río Segura se almacena en Albacete para alimentar los denominados regadíos tradicionales del Segura, principalmente, en la Región de Murcia. El Júcar se almacena en Alarcón (Cuenca) para servir a los intereses de los regadíos valencianos. Y el Tajo es, por todos sabido, que se almacena en Entrepeñas y Buendía para satisfacer las demandas de un trasvase, el Tajo-Segura, que deja muertos tanto a los embalses de cabecera como al propio río hasta Talavera de la Reina.

Esta configuración hidrológica, derivada de los proyectos tecnócratas del tardofranquismo, es la que hoy, bien avanzado el siglo XXI, nos encontramos en Castilla-La Mancha. Somos una hidrocolonia, un territorio que engendra agua, que pare recursos, pero que en gran medida no podemos tocar.

Es decir, actualmente, perpetuamos la gestión de los ríos heredada desde una visión y una planificación de hace más de medio siglo, gracias a los novísimos planes hidrológicos de cuenca, que vienen a saltarse a la torera los dispuesto por la legislación europea, pero que dan carta de naturaleza al expolio de nuestros ríos, especialmente el del Tajo.

GRA185. GUADALAJARA, 29/11/2015.- Alrededor de un millar de personas han recorrido hoy las calles de Guadalajara en una manifestación contra el trasvase Tajo-Segura convocada por la Plataforma Ciudadana de Perjudicados por el trasvase, en la que han participado todas las fuerzas políticas con representación en la provincia, bajo una gran pancarta que rezaba "No al trasvase Tajo-Segura" y al grito de "Agua sí, trasvase no" o "Esto no es sequía, esto es saqueo". EFE/Nacho Izquierdo

Manifestación en Guadalajara en contra del trasvase Tajo-Segura el 29 de noviembre de 2015. // Foto: Nacho Izquierdo, Efe.

Es anacrónico e injusto que aún hoy siga funcionando el trasvase Tajo-Segura. Trasvasar la cabecera de un río es un asunto demoníaco y perverso. Trasvasar lo que queda de la cabecera de un río que ha perdido el 50% de sus aportaciones naturales en los últimos 30 años define una gestión encaminada simplemente a maquillar el genocidio de un río y de un territorio, de su patrimonio cultural, ambiental y económico. En definitiva, anteponer el desarrollo de un modelo caduco de negocio de agricultura intensiva y urbanismo depredador a 300 kilómetros, frente al propio espacio que cruza el Tajo. Eso es el trasvase Tajo-Segura, lecturas interesadas y maquillajes políticos aparte. Y, por supuesto, denunciando siempre la utilización bastarda de conceptos como solidaridad e interés general.

Castilla-La Mancha es una región que no pinta nada en el ámbito nacional. Ante el hecho consumado de un trasvase ideado en plena dictadura y puesto en servicio en los albores de la democracia nunca ha habido una posición rotunda y clara para que éste se cerrara, y para que el agua se quedara donde debe estar, no en Castilla-La Mancha, sino en la propia cuenca del Tajo. Con éste se ha hecho mucha demagogia y se ha utilizado políticamente para obtener otras cosas en el ámbito nacional, o como carta de cambio con la que siempre ladrar y amagar pero a la postre nunca morder.

Cospedal, en su doble cariz de presidenta autonómica y secretaria general del Partido Popular, sí que tuvo en su mano el peso y la densidad política para poder haber dado un cambio de rumbo al trasvase y al Tajo, y haber modificado la situación. No fue así. Al contrario. Su gobierno coincidió con el cierre del Plan de cuenca del Tajo de 2014, que debería -de acuerdo a la Directiva Marco del Agua- haber liquidado el trasvase Tajo-Segura. Pero no fue así, y Cospedal utilizó todo su peso político y la omnipresencia del PP en el Estado y la comunidad autónoma para afianzar y dejar muy bien atado el trasvase.

Celebración del Día de la Región en el Infantado de Guadalajara en 2012. // Foto: JCCM

Celebración del Día de la Región en el Infantado de Guadalajara, en 2012. // Foto: JCCM

Esta es la realidad del trasvase Tajo-Segura y de Castilla-La Mancha, y la escasa relevancia y redaños políticos que se han gastado aquí para deshacer el entuerto del trasvase que agota al Tajo y empobrece a Guadalajara y a Toledo. No sería justo terminar sin decir que hay esperanza. Esa esperanza viene de los grupos ciudadanos que han hecho lo que no ha hecho el conjunto político de esta región (salvo honrosas excepciones), aunque ahora algunos quieran ponerse las medallas del trabajo realizado en Bruselas y en los tribunales. La política de aguas españolas ha quedado en entredicho en Bruselas por el trabajo de las plataformas ciudadanas. El plan de cuenca de 2014 está a la espera de sentencia en el Tribunal Supremo, una sentencia clave y fundamental, porque sobre este plan se edifica el de 2016 (también remitido al Supremo), el memorándum de gestión del trasvase y todo el aparataje y chatarrería legislativa que apuntala el propio trasvase frente a las necesidades del Tajo. Es decir, sigue habiendo espacio para la esperanza.

Castilla-La Mancha continuará siendo una hidrocolonia mientras no haga valer sus derechos. Seguiremos siendo una región de segunda categoría mientras el Estado anteponga los supuestos intereses de otras comunidades frente a los nuestros. Mientras sigamos teniendo nuestros ríos sometidos a la explotación de otros territorios. Y no digo, que quede claro, que los ríos sean nuestros, sino que los ríos y el agua pertenecen a los territorios que los ven pasar, a su paisaje, a su gente y a la historia anclada a sus orillas.

Y tengo muy claro que Castilla-La Mancha podrá celebrar muchos días de la región, pero no seremos realmente una región ni una comunidad autónoma asentada sólida y con porvenir, mientras no celebremos ese día de la región en Bolarque, cerrando y tirando al suelo los tubos del trasvase Tajo-Segura. Una región, un tiempo, lo definen hechos que emanan de políticas valientes.

No quiero una Castilla-La Mancha de segunda categoría, servil, con políticos gestores siempre mirando a Madrid, y nunca a los intereses de su tierra, de su gente y de su tiempo. Debemos celebrar no tardando mucho el día de Castilla-La Mancha cerrando definitivamente el trasvase Tajo-Segura. Será un gran día. Y ese día podremos decir que Castilla-La Mancha, por fin, será lo que sus gentes están dispuestas a que sea; con sus recursos, con su espacio, con su territorio y con su tiempo.

Miguel Ángel Sánchez

* Miguel Ángel Sánchez Pérez (1969) es presidente de la Plataforma en Defensa de los ríos Tajo y Alberche de Talavera de la Reina, organización perteneciente a la Red del Tajo/Tejo. Durante los últimos 10 años ha sido portavoz de dicha plataforma junto a Miguel Méndez-Cabeza. Ha escrito y editado varios libros sobre los ríos ibéricos, entre ellos el Tajo, Guadiana, Júcar y Ebro. También ha escrito y editado un libro sobre la provincia de Guadalajara, y colabora entre otros medios, en La Tribuna de Toledo desde hace 18 años. Premio Don Quijote de Periodismo, y de la Fundación Nueva Cultura del Agua a la pedagogía fluvial, también fue finalista del Premio Cabañeros de Medio Ambiente. Arquitecto Técnico de profesión, actualmente es concejal en el Ayuntamiento de Talavera de la Reina por el grupo Ganemos Talavera.

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2 pensamientos en “La gran asignatura pendiente de Castilla-La Mancha

  1. Si en lugar de inventarse Castillas la M. autonomia que los políticos no quisieron que los ciudadanos votaramos, hubieramos seguido como Castilla La Nueva con Madrid (6 milones de habitantes) ya veriamos si se hubiera hecho el trasvases, las centralñes nucleares en Guadalajara y demás agravios, ademas de los perjuicios económicos, y sanitarios que ha ocasionada a la provincia de Guadalajara y creo que al resto (echaron a 6 millones de consumidores y luego se quejan en la Mancha que no se vende vino ni aceite de ahí). Nada que celebrar, el problema es la destrucción de Castilla para que los politicos de todo tipo y color puedan vivir y bien

    • ¿Ya veríamos si se hubieran hecho centrales y trasvases? ¡Pues claro que se hicieron, precisamente siendo Castilla La Nueva! Tanto el Tajo-Segura como la central de Zorita…
      Castilla-La Mancha no ha sido desde luego la solución a nuestros males, pero tampoco ha sido ni mucho menos el causante de todos. No veo ningún motivo para añorar la rancia Castilla La Nueva que despobló nuestras sierras, anegó con pantanos la Alcarria para enviar agua a Levante o envió a 50.000 guadalajareños a buscarse la vida en Madrid… Me siento castellano, ni nuevo ni viejo ni manchego, y eso no lo alteran las fronteras administrativas. A partir de aquí, serán los hechos los únicos que determinen si también me puedo sentir orgulloso de mi región, sin necesidad de acudir a ninguna batallita librada hace tres siglos. Por ahí creo que van los tiros del artículo, mucho más profundo y atinado que el comentario.

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