Debate electoral con acento molinés

Imagen del debate electoral organizado por Minuto85.com en Santa María del Conde, Molina de Aragón.

Imagen del debate electoral entre los cuatro principales candidatos por Guadalajara organizado por Minuto85.es en Santa María del Conde, Molina de Aragón.

Por Raquel Gamo

La carrera electoral hacia el 26-J tuvo su punto álgido en Molina de Aragón el pasado jueves, con la celebración de un debate entre los cuadro candidatos de los principales partidos. La iglesia de Santa María del Conde albergó este acto, organizado por la plataforma de comunicación Minuto85.es. Un acierto en el fondo. En la forma, y sirva como idea constructiva, sería necesario que, en próximas ocasiones, el moderador asumiera funciones de periodista, lo que pasa por preguntar y no limitarse a dar paso a los distintos bloques.

Pablo Bellido (PSOE), Silvia Valmaña (PP), Ariel Jerez (Unidos Podemos) y Orlena de Miguel (Ciudadanos) abordaron algunos de los principales problemas que aquejan a la Tierra de Molina, como la despoblación, la escasa actividad económica, el desempleo, la función de las diputaciones, el medioambiente y las políticas sociales.

Aunque a priori pueda parecer excéntrico realizar un debate de unas elecciones generales en un marco tan marcadamente local y alejado de los grandes graneros de votos para los partidos, resulta incuestionable que muchos de los retos de futuro de esta comarca afectan a competencias estatales: el Parador, las infraestructuras, el futuro de la N-211, las telecomunicaciones, el fracking… Ninguno de estos asuntos dependerá en exclusiva de los diputados que obtenga su escaño por Guadalajara. Pero alguno de ellos tendrá la posibilidad de influir en el futuro Gobierno.

El debate entre el póker de candidatos discurrió en tono distendido. No hubo golpes bajos y la audiencia (o parte de ella) sólo se removió de sus asientos cuando la candidata del PP sacó a colación Venezuela cuando desde la izquierda se atacó la corrupción entre los populares.

El candidato socialista, Pablo Bellido, al margen de la valoración que a cada uno le puedan merecer sus propuestas, fue quien acreditó un mayor dominio de la realidad concreta del Señorío de Molina.Y ello lo ha convertido en un leitmotiv de su campaña: “fíense de mí, que yo soy de aquí, conozco esta provincia, la he pateado, he gobernado en ella y la he recorrido por devoción y por obligación profesional”. Ese parece ser su lema oficioso de campaña.

Bellido recalcó sin piedad las consecuencias devastadoras de los recortes asestados por Cospedal y defendió la reapertura de escuelas rurales, las oficinas de atención agraria de Checa y Molina, la central de biomasa en Corduente -que da empleo a cerca de 40 personas- o los centros de interpretación turística de la comarca.

Con respecto a la despoblación y al desarrollo rural, Bellido aclaró que su partido fue el que apoyó “firmemente” la incorporación del Señorío de Molina, además de Sigüenza-Alcolea y la zona Sierra Norte (Guadalajara) al área de Inversión Territorial Integrada (ITI), mediante una enmienda presentada a los presupuestos actuales, con el fin de que el Gobierno central garantice que los fondos de cohesión europeos 2014-2020 lleguen directamente a estos territorios. Consideró que el voto contrario de los senadores del PP supuso “una nueva traición a esta tierra”.

Uno de los temas estrella del debate fue el frustrado Parador de Molina. Los representantes del PSOE y del PP se echaron en cara este fracaso. Bellido se olvidó que el Gobierno de Zapatero dejó el proyecto en maqueta y acusó al PP de convertir el edificio en poco más que la hospedería de La Subalterna, después de que el proyecto inicial de 80 habitaciones impulsado por los socialistas fuera recortado a 20, de forma arbitraria y sin consenso, por el Gobierno popular durante la última legislatura, tal y como relatamos en EL HEXÁGONO DE GUADALAJARA. Valmaña respondió como si el Parador fuera ya una realidad en ciernes y no una quimera cuyas obras siguen aletargadas. “La promesa reiteradamente incumplida durante seis años durante la época socialista será una realidad gracias a un gobierno del PP”, proclamó sin despeinarse.

La candidata del PP insistió en el “compromiso real” del PP con el desarrollo de Molina, al tiempo que exhortó al resto de partidos a que “abandonen el engaño y la demagogia” con los habitantes de una comarca, donde, en su opinión, o bien han gobernado durante casi tres décadas, y han hecho lo opuesto de lo que ahora prometen, en clara alusión al PSOE, o bien no han gobernado y desconocen cuáles son los conflictos de sus gentes. Valmaña justificó los recortes en la herencia del Gobierno de Barreda.

Los aspirantes de la nueva política exhibieron en el debate organizado en Molina un mayor conocimiento de la zona. O al menos se lo prepararon más que en las intervenciones que protagonizaron en el reciente debate de Nueva Alcarria. Algo es algo.

El portavoz de la coalición Unidos Podemos, Ariel Jerez, no quiso entrar al trapo del representante socialista en sus reproches sobre su origen madrileño. Más bien prefirió desgranar parte de su programa, ya que él mismo es el portavoz nacional del partido de Pablo Iglesias en materia de desarrollo rural.

Jerez agradeció expresamente la colaboración de algunos de los rostros más conocidos de la plataforma La Otra Guadalajara, como Miguel del Yukon o Jerónimo Lorente, en la elaboración del programa sobre medio rural de su partido. Arrancó su turno con unos datos escalofriantes sobre la sangría de población en este territorio: Si en 1982, Molina contaba con algo más de 12.000 habitantes, al final de 2011, coincidiendo con el fin de la hegemonía socialista en la región, la población rozaba las 3.000 personas.

Para atajar la despoblación, Jerez trazó un discurso contundente y aseguró que la comarca debe aprovechar al máximo las ayudas que lleguen de Europa, pero evitando la aplicación de medidas aisladas que se han demostrado ineficaces para el progreso del medio rural. Es decir: sí a los fondos de cohesión, pero no con la gestión que hasta ahora ha caracterizado la política comunitaria. Su principal aportación en este asunto fue rescatar, aunque ampliada, la Ley de Desarrollo Rural auspiciada en 2007 por el Gobierno de Zapatero, que pretendía dotar al medio rural de una política propia y sostenible, complementaria de las subvenciones europeas. También se mostró radicalmente en contra de la práctica del fracking, la generación de energía mediante la perforación hidráulica. En este punto coincidió con el candidato socialista.

Por su parte, Orlena de Miguel se perdió en generalidades. No entró a raíz en ninguno de los cuatro bloques del debate (desarrollo rural, economía, políticas sociales y asuntos generales). Repitió algunos de los estribillos conocidos del programa nacional de Ciudadanos, como el de la corrección presupuestaria, y sólo concretó en iniciativas aisladas como la mejora de la cobertura móvil en la provincia, el establecimiento de una cuota cero para autónomos que estimule la actividad en la zona y la creación de una cartera básica de servicios sanitarios en todas las comunidades autónomas que, incluya, por ejemplo, la asistencia a personas mayores desde los ayuntamientos. La candidata de la formación naranja se mostró correcta, aunque sin fuelle en la discusión.

La recta final de la cita estuvo dominada por la polémica alrededor de las diputaciones. Valmaña defendió de manera candorosa a las instituciones provinciales e incluso achacó a sus oponentes un desconocimiento casi absoluto de las funciones que cumplen para los pueblos pequeños. Su postura sonaba convincente, pero sería mucho más realista si, además, acompañara su soflama con una reflexión evidente en torno a la necesidad de regeneración de las diputaciones. También de revisión de sus funciones y recursos económicos.

En este asunto, Bellido pasó de puntillas. Por no decir que lo obvió, dada la falta de claridad del PSOE sobre las diputaciones. El pacto rubricado entre Pedro Sánchez y Albert Rivera contemplaba su eliminación y la posterior sustitución por un etéreo e indefinido “Consejo de Alcaldes”. Sin embargo, tanto el PSOE andaluz como el castellano-manchego reaccionaron con fiereza defendiendo las diputaciones.

El candidato de Podemos también criticó la duplicidad de funciones de las diputaciones, aunque no se opuso a que éstas sean preservadas, siempre y cuando se racionalice su gestión y contribuyan de verdad al desarrollo del medio rural. Quien incurrió en una contradicción flagrante fue De Miguel. Por un lado, sostuvo la necesidad de liquidar las diputaciones por viejas, obsoletas y carentes de recursos. Sin embargo, defendió usar la Común, la histórica institución heredada de los fueros molineses, para articular la política local. ¿Pero no defiende Ciudadanos la clausura de cualquier institución que implique ahondar en el grado de descentralización?

Fue un debate interesante. No demasiado intenso, pero sí válido para que los electores molineses se hagan una idea cabal de qué quiere cada partido y, sobre todo, qué sabe cada candidato sobre su tierra. Fue también una experiencia positiva. Por novedosa y porque nunca está de más confrontar propuestas. El 26 de junio, el veredicto.

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