Pasado el espejismo

El PP, con Ana Guarinos al frente, celebra los resultados en la noche electoral.

El PP, con Ana Guarinos al frente, celebra los resultados en la noche electoral. // Foto: lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Me toca analizar los resultados electorales en clave provincial y me debato entre dos perspectivas que veo muy claras. Una es la inmediata, la que pueden hacer incluso los desmemoriados: comparar los resultados de diciembre de 2015 con los del pasado domingo, y sacar conclusiones derivadas del comportamiento de los partidos durante estos seis meses (fijándose sobre todo en la evolución nacional y las posturas de sus líderes) y las variaciones que han sufrido las candidaturas -pocas, pero no insignificantes- ya centrados en nuestra circunscripción.

Pero distanciarse para dar mayor perspectiva a la situación, quizá un ejercicio más propio de los que ya llevamos unos cuantos escrutinios analizados a nuestras espaldas, permite ver algunas tendencias marcadas. Y bajo ese prisma, la mirada retrospectiva, ese 20 de diciembre de 2015 empieza a parecer un espejismo, una nota que salió discordante en la partitura general, que incluso tiende a “estorbar” al análisis de fondo. Parece más bien un experimento que los electores se permitieron, pero sin mayores consecuencias. Y no se trata solo de que aquel resultado diera paso a una legislatura fallida, en la que los representantes elegidos no hayan llegado a ejercer plenamente como tal.

No hay más que ver que el pasado domingo Guadalajara volvió a la costumbre no escrita de dos diputados para el partido ganador y uno para el segundo, que se venía reeditando desde las primeras elecciones, y concretamente desde 1986 en favor del partido conservador. ¿Es aquel triple empate de diciembre (PP-PSOE-Ciudadanos) un indicativo, un hito histórico, o ya empieza a verse como una mera anécdota, la excepción que confirmará una regla que seguirá vigente otras tres décadas sin sobresaltos? Piénsenlo y estarán conmigo en que las dos perspectivas de las que les hablo pueden arrojar conclusiones dispares. Por eso no renuncio a ninguno de los dos análisis: hoy les ofrezco el dos por uno.

El PP devuelve las aguas a su cauce, sigue ganando las elecciones, y remonta la pérdida registrada hace seis meses: 4.577 votos más, un 39’6 por ciento de los sufragios, lo que le supone los dos diputados y los tres senadores que “siempre” le habían correspondido. Consigue los 3.000 votos que ha perdido en este breve tiempo Ciudadanos y algunos más, que probablemente se quedaron en casa en diciembre y ahora han reaccionado al ver las orejas al lobo de la izquierda.

Pero la mirada profunda nos dice que los populares no regresan del todo a su status quo. Sí, Guadalajara sigue siendo de centro derecha, y mayoritariamente popular. Pero pese al buen resultado del PP, se queda por debajo del 40 por ciento del voto en una provincia donde -salvando el espejismo de diciembre- había acaparado en torno al 50 por ciento de los votos desde hace más de 20 años. Y es que, por mucho que hayan superado el bache de 2015, en realidad siguen teniendo 20.000 votos menos que hace cuatro años y medio, prácticamente los que ahora tiene el partido naranja de Albert Rivera. Si Guarinos no toma nota después de cosechar los dos peores resultados desde que el PP es PP (2015 y 2016) y sigue luciendo sonrisa, allá ella.

Comparecencia de Pablo Bellido, en la sede del PSOE, el 26-J por la noche.

Comparecencia de Pablo Bellido, en la sede del PSOE, el 26-J por la noche. // Foto: J. Fraile guadaque.com

Si el PP puede presumir de haberse librado del embate naranja, el PSOE puede aún más sacudirse el sudor frío que le producía la cercanía de la coalición morada en las encuestas. Los socialistas han pasado la campaña hablando de que darían la sorpresa ante el temido sorpasso, y así ha sido. En Guadalajara han perdido menos de 500 votos, e incluso suben medio punto porcentual, lo que supone un resultado mejor que el nacional. Las causas son evidentes: de nuevo el voto útil y especialmente la novedad de un candidato, nada menos que el secretario provincial, querido por las bases, frente a la paracaidista Mari Luz Rodríguez de hace seis meses. Bellido ha hecho una campaña de mucha presencia y ha buscado la confrontación directa en los debates con oponentes a los que ha querido demostrar un mejor conocimiento de la provincia y mayores tablas políticas. Y le ha salido.

Me sirven casi los mismos argumentos para matizar estos resultados: Bellido, todo un líder provincial al que respaldó el 95 por ciento del partido en las Primarias, después de patearse la provincia y los medios haciendo gala de guadalajareñismo, consigue a duras penas mantener los votos que concitó una ciudadrealeña llegada por carambola y que había prometido venir a Guadalajara una vez al mes. Pobre victoria. Si el PSOE echa la vista atrás, a esa época en la que se movía entre el 35 y el 40 por ciento de los votos -entre 1982 y 2008, que no hace tanto- ese 23 por ciento le tiene que saber a muy poco, a no ser ya el único referente de la izquierda.

De lo ocurrido con Unidos-Podemos se han hecho unas cuantas lecturas desde el domingo, casi todas entre la sorpresa y la decepción. La maldición que tradicionalmente acompañaba a Izquierda Unida, que siempre sacaba mejores resultados en las encuestas que en las urnas por culpa del voto útil, se repite. En Guadalajara, las matemáticas hacían pensar que los 5.605 votos de IU más los 23.736 de Podemos cosechados en diciembre, podían procurarles más de 29.000, es decir, rozar los resultados del PSOE (incluso hurtarle algún voto animado por la confluencia) y arrebatar el escaño logrado por Ciudadanos con menos de 25.000 sufragios.

Pero no, obtiene menos apoyos en coalición con IU que Podemos en solitario. Las elecciones no solo son cuestión de aritmética, como se ha visto en toda España una vez que hemos pasado de la realidad virtual (la de los sondeos) a la de las urnas. Fíjense si serán erráticos los números, que el 18’10 por ciento logrado por la coalición para quedarse fuera del reparto de escaños en Guadalajara, es más alto que el 18’05 por ciento que se lo otorgó hace seis meses a la candidata de Ciudadanos. Paradojas matemáticas.

Ariel Jerez, candidado de Unidos Podemos.

Ariel Jerez, candidado de Unidos Podemos. // Foto: J. Fraile guadaque.com

Podemos no ha sumado, no, aunque ha pasado a ser tercera fuerza política ayudado por el bajón del partido naranja. Pero la explicación de su candidato, Ariel Jerez, de que los votantes de IU se han abstenido, no la compro. ¿Cómo sabe que son parte de los que en diciembre votaron a IU, y no los que lo hicieron a Podemos, los que se han quedado en casa? ¿Es que tiene algún sondeo, y encima se fía de él, a pesar de lo visto? Sé que es una lectura que también se ha hecho a nivel nacional, aunque yo buscaría el voto perdido por otros derroteros. En términos generales, entre los descontentos con la postura de Podemos en la investidura del socialista Pedro Sánchez. Y en clave provincial, quizá tenga que reflexionar Jerez sobre un candidato que no era de la tierra y no había sido elegido por las bases, cuestión que en diciembre podía valer como remiendo a la espantada de Blanca Calvo, pero ya no. Una vez firmada la confluencia con tiempo para elegir democráticamente un cabeza de cartel guadalajareño (y optar por no hacerlo), y una vez que el candidato se ha dado más a conocer, con su preparación política sí, pero con su desconocimiento de la realidad guadalajareña también,  es evidente que sencillamente no ha ilusionado tanto.

Para terminar, el análisis del apoyo a Ciudadanos parece más sencillo. En diciembre logró exactamente los votos que había perdido el PP (alrededor de 24.000, toda una hazaña) y ahora le devuelve unos pocos, 3.000 para ser exactos. La bajada porcentual, punto y medio, no es tan grande. Es de suponer que son los descontentos con el pacto con Pedro Sánchez, o muy posiblemente los que pensaron que apoyando al PP frenaban con más fuerza la amenaza “podemita”, voto útil de la derecha en suma, que es la cantidad necesaria para que, en estas carambolas en las que juegan más equipos, y especialmente la Ley d’Hont, se pase del mucho (un escaño) al nada. Ciudadanos está teniendo un protagonismo importante en la batalla nacional y también a nivel provincial, en la Diputación o en la capital de Guadalajara. Pero el juego del medio campo puede ser extenuante cuando se está demasiado tiempo al filo de la bisagra. Ayer se despertaron aturdidos después del espejismo.

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