El dictamen de las urnas

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La respuesta a la mini-bandera del Ayuntamiento no se hizo esperar.

Por Borja Montero

Ha quedado bastante claro a lo largo de los últimos tiempos que el PP de Guadalajara y el actual alcalde de la capital y una de sus cabezas más visibles, Antonio Román, no son muy dados a ser políticamente correctos. No es que no se paren por la calle a saludar a algún vecino o no besen niños y mayores en actos de asociaciones de lo más dispar. En ese sentido, sí son bienquedas. Su falta de corrección se manifiesta cuando les toca hacer lo que no quieren hacer, y eso últimamente les sucede con cierta frecuencia, dada la actual composición del Pleno capitalino la ausencia de su tan querida mayoría absoluta.

El último de los desencuentros que el PP guadalajareño ha tenido con su nueva (aunque ya ha superado el año de edad) posición ha tenido que ver con la conmemoración del Día Internacional del Orgullo de la Diversidad, otrora Orgullo Gay, una jornada de fiesta y reivindicativa del colectivo LGTBI para dar visibilidad a la problemática que aún hoy viven, y con lo que vamos a contar se entenderá que estas fechas siguen teniendo su vigencia. El Pleno aprobó recientemente, se entiende que con el apoyo de todos los grupos menos de los populares, sumarse a esta reivindicación exhibiendo durante la jornada una bandera arco iris, símbolo de este colectivo, en la fachada del Ayuntamiento. Sin embargo, la realidad oficial ha querido que la bandera en cuestión no fuera todo lo grande que se podía esperar y que no ondeara de un mástil de la balconada consistorial, como se podía deducir del acuerdo plenario. Vaya, que era una banderita de chichinabo, si se me permite la expresión, colgada de una barandilla junto a la puerta del Ayuntamiento. Y, para más inri, colgada al revés.

Lo del incumplimiento y/o retraso de los acuerdos plenarios aprobados a través de mociones de los grupos políticos es una costumbre del actual equipo de Gobierno bien conocida ya en los mentideros municipales, incluso en algunas decisiones en las que el PP ha votado a favor, un fenómeno que ya ha sido analizado profusamente en esta tribuna. Sin embargo, este último acto del equipo de Gobierno es, probablemente, una de las mayores infamias e ignominias que podrían haberse cometido. Si Román y los suyos se hubieran ‘olvidado’ de poner la bandera, hubieran decidido invisibilizar la reivindicación y al colectivo que hay detrás, el resultado hubiera sido menos dañino, menos doloroso. Sin embargo, el empequeñecimiento de la bandera y su relegación a espacios menos nobles de lo que inicialmente se esperaba envía un mensaje de oprobio, denigrante al colectivo LGTB. La inacción, en ocasiones, puede absolver, pero la acción torpe y torpicera nunca puede ser válida cuando se habla de temas íntimos, de identidad, de derechos humanos.

No es nada agradable. Y, sobre todo, no es nada representativo de lo que realmente piensa la ciudadanía guadalajareña, como así está expresado en la composición del Pleno municipal (y al margen del ‘subidón’ que puedan tener los populares por los resultados del domingo). Solamente es una bandera, pensarán algunos. También por una bandera, distinta pero igualmente cargada del simbolismo que cada cual le quiera dar, cortan al tráfico La Carrera y hacen llamamientos masivos a la ciudadanía.

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2 pensamientos en “El dictamen de las urnas

  1. Las maneras autoritarias de Román y su séquito, con Carnicero a la cabeza, salen a la palestra cada vez que tienen ocasión, y si además pueden humillar a alguien, pues lo hacen.

    Humillan al colectivo LGTBI con esta acción, igual que humillan a las víctimas del franquismo incumpliendo la Ley de Memoria Histórica al mantener en el callejero a militares franquistas.

    Dos ejemplos de lo mismo: Román hace lo que le da la gana y no acata el mandato del poder legislativo reflejado en el pleno del Ayuntamiento.

    Esto en materia judicial tiene un nombre: prevaricación, y cada vez hay más razones para encausarle por ello.

    Creo que el PSOE, Ahora Guadalajara y Ciudadanos deberían aprobar una moción de reprobación al Alcalde por sus incumplimientos y, de no rectificar, denunciarle por prevaricación. El poder ejecutivo no puede dejar sin efecto las resoluciones del legislativo.

    • estoy de acuerdo contigo, pero lo veo imposible; nunca ciudadanos se vera obligado ni tendra intención de apoyar una moción de reprobación ni de recusación..su pacto, ese vergonzoso pacto de los urinarios, tiene mucho mas alcance que el que se hizo publico, e incluia una privilegiada posición economica en el ayuntamiento a cambio de una absoluta abnegación en las cuestiones que el PP considera claves, cosas tan importantes como la subida de sueldo de carnicero, el reglamento aprobado, el ppto, etc..
      asi que mientras tanto seguimos haciendole el juego a ciudadanos, el otro dia se ponen a criticar lo que ha hecho un alcalde que si sigue haciendo estas cacicadas es excluivamente gracias a ellos.

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