Pensamientos de plata

Inauguración del monolito dedicado a la fundación Siglo Futuro, la pasada semana. // Foto: CulturaenGuada

Inauguración del monolito dedicado a la fundación Siglo Futuro, la pasada semana. // Foto: CulturaenGuada

Por Concha Balenzategui

Con una programación especial y una cena conmemorativa, se han celebrado en estos días las 25 temporadas de actividad de Siglo Futuro (primero club y luego fundación), que ha supuesto una valiosa aportación a la cultura de Guadalajara. Sin menospreciar la programación constante en diferentes artes escénicas, llama la atención especialmente su labor en la divulgación del conocimiento, el pensamiento y el debate de las ideas. Porque esta agrupación cultural se ha convertido en un auténico “rincón de pensar alcarreño”, como ha titulado un reciente reportaje de CulturaenGuada. Son muchos los nombres ilustres que han pasado por sus actos, pero siempre con dos notas muy marcadas: el nivel de los ponentes y la pluralidad de ideologías y disciplinas abordadas.

El Ayuntamiento de Guadalajara ha querido reconocer este papel en la cultura de la ciudad -aunque su actividad se ha extendido también a la provincia- con la colocación de un monolito donde queda su huella escrita en piedra, en el parque de la Concordia. Merece esta actividad que se encuentre un momento y un espacio, en un año en que los aniversarios, centenarios y reconocimientos se agolpan y hacen difícil dar con la tecla para otorgar la medida de cada uno, sin entrar en comparaciones y raseros.

Que una asociación sobreviva tantos años, sin ánimo de lucro y con una actividad constante -una media de dos actos por semana, que se dice pronto- es un hecho notable. Que encima lo haga dedicándose a la Cultura, y sobre todo a las conferencias, parece un verdadero milagro. El secreto no puede ser otro que la dedicación y la generosidad de las personas que han pasado por la junta directiva, y especialmente del presidente, Juan Garrido. En estos casos siempre hay una figura que tira del carro, que aglutina voluntades, que reparte ánimos en los momentos duros (que los ha habido) y que da la cara ante las dificultades. Y hay que reconocer que Garrido ha sido incombustible.

El aniversario de Siglo Futuro me inspira, además de los elogios, una reflexión. Y es la que hace en voz alta Garrido en su entrevista con Elena Clemente, la directora de CulturaEnGuada: “¿Hay gente para toda la cultura que estamos ofertando?”. La tónica de la fundación que preside ha sido la de una asistencia notable de socios y espectadores, pero es sabido que hay charlas de interés en la ciudad a las que asisten 15 o 20 personas, conciertos muy minoritarios y actividades de poca afluencia. Aquí y en el resto de la provincia.

Mi impresión es que la oferta no suele ser excesiva, porque la ciudad tiene habitantes suficientes como para que en una tarde se concentren varios actos de diferente tipo: pongamos como ejemplo la inauguración de una exposición, la presentación de un libro y un concierto de música clásica. Siempre habrá ausentes, con esa explicación tan socorrida, al saber a posteriori lo que se han perdido, de “no me enteré”, o peor, “no lo han anunciado”, que me saca de quicio. Muchas veces la pronuncian vecinos que abominan de los medios de comunicación locales –“son muy paletos”, dicen-, que no leen los digitales ni las redes sociales –“una pérdida de tiempo”– y que además, se quejan de que en Guadalajara “nunca hay nada”. Increíble que en una sociedad hiperconectada, con las redes sociales produciendo constantemente mensajes, todavía nos encontremos con anacoretas de la información. Pero los hay. A patadas. Son una auténtica plaga.

Juan Garrido, presidente de Siglo Futuro, junto al retrato de Valentín García Yebra. // Foto: CulturaenGuada

Juan Garrido, presidente de Siglo Futuro, junto al retrato de Valentín García Yebra. // Foto: CulturaenGuada

La reflexión sobre la cantidad de convocatorias tiene su recorrido, sobre todo si se piensa que Guadalajara ya no es la de hace 25 años, como recuerda Juan Garrido, y hay varios colectivos sociales y culturales ofreciendo actividades al público, además de las instituciones locales, provincial y autonómica. Las instituciones públicas, que tienen el mandato constitucional de promover la Cultura, deben cuidar además que la programación sea variada, lo que a veces significa arriesgar con propuestas que no tienen tanto tirón o que no se ofrecen en los circuitos comerciales, aunque no necesariamente consigan el aforo completo. Y además, es su deber divulgar sus actividades, para que se logre ese objetivo de facilitar la Cultura a todos, y para que, quienes contribuyen, sepan en qué se invierte su dinero.

En este punto cobran importancia los programadores, que tienen que estar atentos a qué tipo de actividades van a tener respuesta, en qué días y lugares, y qué otras opciones se les están ofreciendo desde otras entidades. Pero la “contraprogramación” premeditada, que tantas veces hemos visto, es un ejercicio mezquino. Y más lo es cuando se hace con dinero público, bien sea el que sale de los presupuestos de la administración que lo organiza, como el de una subvención pública que ampara el acto.

No es infrecuente que veamos los fines de semana de primavera a rebosar y que en cuanto pasan las Ferias, tengamos poco más que el FESCIGU, con lo agradable que puede ser el otoño para muchas actividades. O que cuando hay un puente festivo, en el que mucha gente se va, pero otra mucha se queda, las convocatorias desaparezcan.
Se entiende muy bien con un ejemplo reciente: el del “macropuente” del Corpus y el Día de Castilla-La Mancha, cuando a excepción de un par de actos del centenario de la duquesa del Sevillano, no demasiado mayoritarios, no hubo otros reclamos que la procesión religiosa y ver la final de la Champions por televisión. Eso sí, al día siguiente, un miércoles laborable, había tres actos que pretendían ser “de farolillos”: la inauguración de los actos del Centenario de Cela (Diputación Provincial), la conferencia de la filósofa Amelia Valcárcel (Siglo Futuro, Uned y Junta) y la suelta de globos por la candidatura del Infantado a Patrimonio de la Humanidad, con concierto de Screaming Headless Torsos (Ayuntamiento). Absurdo de todo punto.

Definitivamente, no. No creo que, como dice Garrido, debamos preocuparnos de que no haya gente para tanto acto. La Cultura nunca sobra, nunca es exceso. Si acaso, lo que espanta, es su ausencia. Y de eso también hay otra plaga.

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