Implosión

Fotografía aérea del casco urbano de Guadalajara // Foto: Ayto. Gadalajara.

Imagen aérea del casco urbano de Guadalajara // Foto: Ayto. Gadalajara.

Por Álvaro Nuño.

El Ayuntamiento de Guadalajara ha decidido redactar un nuevo Plan de Ordenación Municipal (POM), quizás el documento más importante que tiene la Corporación municipal para determinar el modelo de ciudad que se quiere en un futuro a corto y medio plazo, pero que determina también cómo será la Guadalajara del 2050, por poner una fecha. Para que se hagan una idea, el actual Plan data de 1999 y tenía una previsión de vigencia hasta 2020 -plazo que se va a cumplir a tenor de las circunstancias-. Ya se intentó redactar uno nuevo en 2009, pero el convulso clima económico, sobre todo en el otrora floreciente sector de la construcción, que en nuestra ciudad paso del todo a la nada en un abrir y cerrar de ojos, llevó -creo que con buen criterio- a retrasar su redacción hasta que el panorama se calmara.

El pasado viernes, el Pleno del Ayuntamiento, con los votos a favor del Partido Popular y de Ciudadanos, la abstención del PSOE y el voto en contra de Ahora Guadalajara, decidió comenzar de nuevo los trabajos que llevarán a tener un nuevo documento de este tipo pero adecuándolo a la nueva realidad que vivimos en Guadalajara. No estamos hablando ahora de prever la expansión de la urbe ganando terreno al campo, como ya se ha hecho por el Norte -Aguas Vivas, Las Lomas, Las Cañas, etc.-, el Sur -atravesando la autovía con esa franja de terreno de servicios y usos terciarios donde se sitúan desde la década pasada el centro comercial, la torre de la antigua Caja de Guadalajara y otros edificios de oficinas, al lado de parcelas vacías en donde, en su momento se preveían grandes y modernas edificaciones, cuyos proyectos duermen el sueño de los justos tras el estallido de la burbuja inmobiliaria-, o el Oeste -donde ocurre tres cuartas de lo mismo pero en esta ocasión con los que iban a ser nuevos polígonos industriales como El Ruiseñor o la Ciudad del Transporte, proyectos estos víctimas de la crisis económica que esperan su momento con sus calles e infraestructuras previstas en los planos o incluso ya asfaltadas pero vacías- .

El nuevo Plan de Ordenación Municipal -que redactará el mismo equipo al que se encargó el de 2009- deberá de mirar para dentro y no para fuera, qué es lo que se quedó por hacer, qué es lo que ha sobrevivido a esta década de crisis del ladrillo, y cómo tapar los múltiples agujeros que quedan por llenar en un plano que parece un queso de gruyere. Justamente este es uno de los principales retos que debe plantarse el equipo redactor, según ha destacado el vicealcalde y concejal de Urbanismo, Jaime Carnicero, soluciones frente a un parque de viviendas obsoleto, no sólo situado en el casco antiguo, sino en otros puntos de la ciudad. La máxima expresión de esta problemática es el casi centenar de solares que asolan la zona centro de la ciudad, un mal este en el que tanto los técnicos municipales como el equipo de Gobierno necesitan sin duda asesoramiento externo puesto que sus intentos por evitar que los edificios se fueran deshabitando, deteriorando y hundiéndose hasta convertirse en inhóspitos solares no han tenido ningún efecto.

No sabemos a ciencia cierta si el Ayuntamiento no cuenta con herramientas eficaces para combatir este mal que aqueja a la ciudad desde hace años ya, o si estas no se han sabido utilizar. En cualquier caso, el nuevo POM debería ponerse como objetivo prioritario la vuelta de vecinos a la zona centro, facilitando la rehabilitación y construcción de viviendas en el centro frente a la obra en los nuevos desarrollos. Seguramente, para las promotoras será en la actualidad mucho más complejo y menos productivo rehabilitar o construir un edificio en uno de los solares del centro que levantar una hilera de unifamiliares en una amplia y despejada parcela en el Remate de Las Cañas. Hay que incentivar la construcción y la rehabilitación en el centro, hacerlo lo suficientemente atractivo para que se promueva dentro del casco y facilitar también las condiciones de vida a los vecinos que allí residen, dotándoles de los servicios más modernos de los que gozan los de los barrios más periféricos, como la fibra óptica, aparcamientos, zona verdes y de ocio, incluso centros escolares o transporte urbano, de los que ahora mismo carecen.

Otro de los objetivos que debe plantearse para la Guadalajara del siglo XXI es convertir una pequeña capital de provincias en una “smart city” o ciudad inteligente, donde las nuevas tecnologías estén integradas en la estructura urbana y sus habitantes puedan aprovecharse de sus innumerables ventajas, no quedándose atrás en esta revolución digital que vivimos ya. Conceptos como el desarrollo sostenible, la lucha contra el cambio climático, la mejora de la conectividad y movilidad sostenible, la creación de ejes de actividad y de polos de innovación -según avanzó Carnicero-, son algunos de los pilares sobre los que se sustentará este documento. E, insistimos, no sólo son necesarias estas dotaciones en las nuevas edificaciones y zonas de expansión, sino imponerlas en la rehabilitación de edificios y en la trama urbana ya consolidada.

Dentro del capítulo de rehabilitaciones, además de la construcción meramente privada, también se debe contemplar la creación de dotaciones públicas recuperando edificios situados en el casco y que están en desuso en la actualidad. La conversión del antiguo colegio militar de Las Cristinas en Campus de la Universidad de Alcalá en Guadalajara o la rehabilitación del antiguo Matadero Municipal en el Museo Sobrino son dos buenos ejemplos de ello. El Parque Móvil, el edificio de Correos, la torre de los Juzgados -cuya actividad se trasladará al otro lado de la autovía cuando finalice la obra ahora en construcción-, el Centro Cívico, el Ateneo Municipal o la Prisión Provincial son múltiples ejemplos de inmuebles de titularidad pública que las administraciones tienen el deber de dotar de actividad. El Museo del Cuento o una Casa de la Cultura que aloje a las asociaciones y colectivos de la ciudad -como ocurre en todas las localidades de nuestro entorno, mucho más pequeñas y con menos medios que la capital- son propuestas que están encima de la mesa, esperando un lugar para desarrollar una actividad que servirá de revitalizador de su vida social y cultural.

Y si de infraestructuras hablamos, no podemos olvidar de grandes vías de comunicación que iban a beneficiar a la ciudad y que la crisis también aparcó en el cajón de algún despacho del Ministerio de Fomento y de su delegación en Toledo o Guadalajara. En el plano-callejero de la ciudad figura, por ejemplo, la famosa variante de la N-320 a su paso por la zona Este de nuestro término municipal, y que permitiría comunicar el tramo de carretera de Cuenca con el de Torrelaguna sin pasar por el interior de la ciudad. Esta completaría el anillo de circunvalación con la comunicación de la N-320 con la autovía a la altura de la Fuente de la Niña, rodeando el actual Hospital y su ampliación, dotando así al centro de dos entradas y salidas que lo descongestionen de vehículos. Y otro punto negro que espera solución es la rotonda que debería regular el tráfico al otro lado del puente árabe, conectando con la carretera de Fontanar, la incorporación de Marchamalo y el Paseo de La Estación. Este cruce múltiple espera desde hace años la resolución de un conflicto con el propietario de los terrenos anexos, que debería haberse resuelto ya en aras del interés general, el mismo que debe perseguir el POM.

Pero el elemento más importante en la elaboración de un documento de este tipo, que sin duda trascenderá el presente mandato, es el de la participación de las asociaciones, colectivos y vecinos de la ciudad. El Ayuntamiento debe ser, en este sentido, todo lo didáctico y transparente que pueda, no solo cumpliendo los periodos de exposición pública a los que le obliga la ley, sino esforzándose en hacerlo llegar a todos los ciudadanos en sus diferentes fases, desde el análisis previo hasta las conclusiones y actuaciones finales -que según calcula el Consistorio podrían tardar entre dos años y medio y tres años-, para que conozcan cómo va ser su ciudad y que puedan aportar sus ideas y opiniones. En este sentido, también se puede echar mano de las nuevas tecnologías -pensemos, por ejemplo, en un portal web específico-, por su accesibilidad, capacidad e interacción.

Como dice el lema del Ayuntamiento de Guadalajara, “Todos hacemos ciudad”.

 

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Un pensamiento en “Implosión

  1. ¿Se va a volver a pagar lo que se pago por el plan de actuación del 2009 a esta empresa (que según parece será la misma que redacte este nuevo plan.. ) o tendrán una rebaja de todo aquello que ya se pago?, si mal no recuerdo sobre los 600.000 €

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