Los orígenes de CC.OO. en Guadalajara: El caso de Roberto Muñoz Jabonero

Asamblea de Barcelona, en la que CC.OO. se constituye como sindicato, con Marcelino Camacho (1976).

Asamblea de Barcelona, en la que CC.OO. se constituye como sindicato, con Marcelino Camacho (1976).

Por Enrique Alejandre Torija*

La derrota de la Guerra Civil en 1939 conllevó la más dura y sangrienta represión contra el movimiento obrero, en el intento por parte del general Franco de eliminar cualquier tipo de oposición al régimen impuesto. A pesar de ello, los trabajadores fueron recuperando con los años la iniciativa en la lucha, con movilizaciones espontáneas primero -como las acaecidas en Vizcaya en 1947, en Barcelona y Madrid en 1951-, y más adelante contaron ya en muchos centros de trabajo con comisiones elegidas por ellos mismos para representarles ante la patronal en la lucha por mejoras laborales.

Surgieron así las Comisiones Obreras que, impulsadas por el Partido Comunista de España y otras organizaciones antifranquistas, constituyeron ya desde 1964 un movimiento organizado, permanente y coordinado.


Los militantes de CC.OO. utilizaron el aparato del Sindicato Vertical franquista, en el que estaban encuadrados obligatoriamente todos los trabajadores, para aprovechar los resquicios de representatividad que tenía la elección de enlaces y jurados. En las elecciones sindicales de 1966, CC.OO. logra un gran triunfo, que a la vez supone un duro golpe al Sindicato Vertical. Las CC.OO., que hasta ese año eran más o menos toleradas por el régimen, pasan a ser perseguidas sistemáticamente al ser declaradas subversivas e ilícitas por el Tribunal Supremo en 1967.

Enrique Alejandre, estudioso del movimiento obrero en Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid

Enrique Alejandre, estudioso del movimiento obrero en Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid

Por entonces, un joven chapista de Guadalajara, Roberto Muñoz Jabonero, que había iniciado su andadura profesional en la empresa alcarreña Carrocerías Fernández, intentaba la tarea pionera de la construcción de CC.OO. en Guadalajara, una ciudad cuyos trabajadores se recuperaban lentamente de la destrucción causada por la Guerra Civil y la consiguiente dura y sangrienta represión. En las escasas industrias con que contaba en esos años la capital de la provincia, una nueva generación de obreros comenzaba a reunirse para debatir sus problemas y organizar acciones reivindicativas. Así me lo relató en Getafe, hace algunos años, el propio Roberto Muñoz:

“En Carrocerías Fernández alguna gente hablaba de política. Allí, entre los quince aprendices que éramos discutíamos de los problemas que teníamos. Había una serie de comidas que daba Industrias Plaza, una de ellas el 19 de marzo. En 1960 dijimos que la comida la podíamos hacer juntos los aprendices de Plaza y de Carrocerías Fernández. Y empezamos a hablar de la situación de los obreros”.

Por aquel entonces, en 1961, Muñoz había conocido a uno de los miembros del PCE en Guadalajara, donde existían algunos militantes desde hacía unos años que llevaban a cabo algunas acciones, como reparto de Mundo Obrero, de octavillas o pegada de adhesivos contra la guerra de Vietnam.

“Los aprendices hicimos la comida y resultó de aquella que teníamos que juntarnos más. En estas reuniones que hacíamos los sábados, había gente católica. Alguien llevó la Declaración Universal de los Derechos Humanos y empezamos a hacer colectas para los presos políticos y a celebrar el Primero de Mayo. Los ‘mayores’ del PCE no estaban muy de acuerdo, porque les exponíamos mucho. Comenzamos a hablar de la necesidad de organizarnos en las nacientes Comisiones Obreras reunidos en la ruinas del Palacio del Infantado”.

Además de en Carrocerías Fernández, Muñoz trabajó en los talleres Palafox y Plaza en Guadalajara. Después, marcha a Madrid, a trabajar en Barreiros, que por entonces construían el modelo Simca 1000.

“En 1966 tomo contacto en Madrid con CC.OO. Había entrado a trabajar en un taller de nombre Ortega, que estaba en la calle Jorge Juan, donde a la semana empieza a resquebrajarse una pared. El dueño quería que siguiéramos trabajando al día siguiente. Yo dije que había que ir a Magistratura, lo que le sentó muy mal. Fui una noche al Club de Amigos de la Unesco para que me dijeran donde estaba la Delegación de Trabajo para poner una denuncia y que fuera la Inspección de Trabajo. Al día siguiente acudieron y cerraron el taller durante una temporada”.

Muñoz empieza a relacionarse dentro de CC.OO., en el Pozo del Tío Raimundo, con personajes como Marcelino Camacho o Julián Ariza. Sigue acudiendo a Guadalajara, donde lleva papeles y habla con trabajadores de los talleres, fundamentalmente los aprendices. Seguía trabajando en talleres Ortega cuando resulta elegido en las elecciones sindicales.

“Después de las elecciones sindicales, CC.OO. me pone en la candidatura para vocal social del sindicato del metal franquista. Posteriormente en otra votación para vocales nacionales salió elegida la lista de CC.OO. con mucho esfuerzo. La verdad es que nos jugábamos la vida, pues los burócratas nos ponían sus pistolas encima de la mesa o daban palizas. En Madrid, en la calle José Antonio, n.º 69, un día a la semana hacíamos asambleas y como vocales podíamos asistir”.

Pronto empezaría la persecución, precisamente en Guadalajara, como el propio Muñoz me contó:

“Un día después de la manifestación del 27 de enero de 1967, convocada por CC.OO. consistente en un boicot a los transportes públicos, se reparten octavillas. Yo voy a Guadalajara; llevaba unas pocas de esas hojas para los amigos. Después de aquella manifestación había habido una protesta por el despido de algunas compañeras de la fábrica Metal Mazda. En el sindicato se dijo que había que mandar telegramas pidiendo su readmisión. Llego un sábado a Guadalajara y me encuentro con que la Policía me arrincona a punta de pistola y me lleva a la Comisaría. Habíamos mandado telegramas 18 chavales de Guadalajara. Creo que mi detención fue por eso. Dejo ‘escurrir’ los papeles, los coge la Policía, y sobre esta base me acusan de propaganda ilegal”.

No era un caso aislado. Una semana antes, en Guadalajara habían detenido a Luis Cabellos y a otros compañeros, y dijeron que les habían pegado. Muñoz también describe torturas:

“Recuerdo que, al día siguiente de detenerme, vi a mi padre por un pasillo de la Comisaría mientras yo echaba sangre por la boca; me habían arrancado una muela. Los miembros de la Brigada Político Social de Guadalajara me torturaron, para intentar relacionarme con cosas que habían pasado (o creían) anteriormente. Casi deje de tener amigos en Guadalajara. Alguien del Partido en Guadalajara dijo incluso que, de saberlo, no se hubieran mandado los telegramas. Mi caso fue denunciado ante la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOS), junto con los de otros compañeros sindicalistas detenidos”.

Muñoz estuvo un mes en la cárcel de Guadalajara por este motivo, y luego salió en libertad provisional. Después fue juzgado por el Tribunal de Orden Público (TOP), que le condenó a dos años de prisión y a una multa de 20.000 pesetas por el delito de propaganda ilegal, y a dos meses de arresto por el de manifestación no pacífica.

“Recurro la sentencia y empieza un periodo nuevo, en el cual me pongo a trabajar y me veo desposeído de los cargos sindicales por solidarizarme con un escrito que había publicado Julián Ariza en el órgano de la Juventud Obrera Católica (JOC), Juventud Obrera, titulado ‘Los problemas de Barreiros-Diesel’”.

El Tribunal Supremo le absolvió por considerar que la cantidad de propaganda que llevaba a Guadalajara era insignificante, pero Muñoz estaba otra vez en la cárcel.

“Estaba procesado de nuevo por el apoyo a las mujeres de Metal Mazda en el puente de Vallecas. Nos manifestamos a las puertas de esta empresa, donde detienen a un compañero que trabajaba en MUNAT y dice quiénes habíamos ido a la manifestación. A la mañana siguiente hacen una redada y nos cogen a siete compañeros. A mí me detienen al ir a trabajar y me llevan a la Dirección General de Seguridad (DGS). En este juicio, el TOP me condenó a 28 meses, que cumplo en su totalidad -sin atenuantes- en las cárceles de Carabanchel (un año) y el resto en Soria. Cuando se me abrió este sumario yo tenía recurrida la sentencia de Guadalajara al Tribunal Supremo”.

Muñoz llevó a cabo dos huelgas de hambre, una en Carabanchel y otra en Soria, y permaneció 150 días en una celda de castigo, que define como “una cárcel dentro de otra cárcel”. La protesta de Carabanchel la realiza con Camacho, Ariza y Marín.

Cuando en los últimos años se nos pretende ofrecer una visión de la llamada Transición, de la que se nos dice que la conquista de las derechos democráticos fue obra de la “habilidad negociadora” de personajes como Suárez, Felipe González, o Carrillo, en un intento de hurtar de la memoria el protagonismo de los miles de hombres y mujeres que lucharon contra el Franquismo, el testimonio de Roberto Muñoz Jabonero, un sindicalista de Guadalajara, un luchador de los tiempos difíciles, que pagó el atrevimiento de solidarizarse con otros trabajadores en la lucha por mejores condiciones laborales, con la persecución, la tortura y la cárcel, es la mejor muestra de que sin la participación de los trabajadores en aquel combate nada de los conseguido hubiera sido posible.

* Enrique Alejandre Torija (Madrid 1956) vive en Guadalajara desde los 14 años. Desde su juventud ha sido militante de organizaciones de izquierdas, y actualmente es miembro del Consejo Político de Izquierda Unida, delegado de la sección sindical de CC.OO del CAMF-Imserso -donde trabaja- y miembro de la corriente marxista que se agrupa entorno al periódico “El Militante”. Alejandre ha publicado numerosas colaboraciones en prensa local y regional y varios libros sobre la lucha de clases en nuestra provincia. El movimiento obrero en Guadalajara 1868-1939, editado por la Fundación Federico Engels en 2008, recorre siete décadas de organizaciones, reinvindicaciones, asambleas y huelgas en la provincia. Un siglo conflictivo, publicado en 2014 por la misma Fundación, se remonta al periodo entre 1719 a 1823. Alejandre continúa investigando sobre la lucha obrera en Guadalajara, ahora centrado en la etapa del Franquismo. 

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