De sándwiches y montados

Nuevo establecimiento de la cadena "100 montaditos" en el casco.

Nuevo establecimiento de la cadena “100 montaditos” en el casco.

Por Concha Balenzategui

He leído recientemente en la prensa una noticia sobre el repunte de la hostelería, basada en cifras sobre la apertura de bares y restaurantes en España. Este país es así, y a falta de I+D+I, como tenemos un bar por cada 175 personas, nos gusta presumir de que hay más barras que en todo Estados Unidos, como si fuera nuestro más característico síntoma de poderío.

La noticia corrobora una impresión que se viene experimentando también en Guadalajara. Aunque no hay cifras recientes publicadas de nuestra ciudad, salvo las que hace unas semanas se ofrecían, referidas en concreto al auge de las terrazas veraniegas, la evidencia es clara. Es algo que el sector tendrá que ratificar si viene acompañado por los ingresos. Porque una cosa es abrir y otra, muy distinta, mantenerse con solidez. Guadalajara no ha destacado nunca en los índices de bares por habitante: 961 había a finales de 2013 en la provincia, 363 de ellos en la capital.

En verdad, han sido muchos los negocios cerrados en los últimos años: concretamente hay un 12 por ciento menos entre 2007 y 2012 en la capital, y hasta un 29,9 por ciento menos en la provincia en el mismo periodo, según el informe anual de La Caixa. Pero todo apunta a que la tendencia está cambiando. El hecho de que, además, a algunos de los nuevos bares les haya dado por poner una pica en el casco antiguo, los hace más visibles en nuestros paseos cotidianos. Y eso no se puede negar, que a pesar de que algunos cierran, hay otros que también abren, incluso en el mismo sitio, como ese “Cha-cha-cha” que ha ocupado el local del carismático (y añorado) “Henry Chinaski” en la plaza de San Esteban.

Nuevo establecimiento de Rodilla, en la calle Amparo.

Nuevo establecimiento de Rodilla, en la calle Amparo. // Foto: El Digital de CLM

Que la firma “Rodilla” abriera un segundo local en el centro de la ciudad, en la otrora “milla de oro comercial” del Amparo, cerca del neurálgico Santo Domingo, no pasó desapercibido hace unas semanas. Pero si ahora se le suma otra conocida marca de restauración rápida, “100 montaditos”, empezamos a sospechar que pasa algo. Porque esta apuesta es más arriesgada, ya adentrada en los límites del casco viejo, en el reino del poliuretano. Y además, en la calle Mayor baja. Tan baja, que está ya en Miguel Fluiters, esquina con Benito Hernando, un área urbana con alto índice de solares vacíos. Lo hemos visto operativo este fin de semana, en un abrir y cerrar de persianas, a la velocidad propia del comercio chino.

Sabido es que las franquicias no dan puntada sin hilo y suelen realizar importantes estudios de mercado previos a la elección de emplazamiento. No digo que otros hosteleros no hayan hecho sus cuentas y sus previsiones antes de abrir la persiana. Pero que dos franquicias de esta talla, de las que no se asomaron a Guadalajara sino con el aval de un gigante del comercio como Ferial Plaza, desembarquen ahora en el centro, es destacable. Porque es evidente que huelen el negocio, que han seguido la tendencia general que vive la calle Mayor, que no impide que los andamios y los huecos sigan avanzando, pero que recibe también estos nuevos aires en el consumo. Dicen que bebemos más cervezas y menos cubatas; que salimos más de día que de noche. Probablemente, si indagáramos un poco, resultaría que comemos más sándwiches y montados, y muchos menos platos de cabrito.

Pero ahí están. Algunos hablan ya de una tendencia imparable. A mí al menos me parece sintomático. Primero, de que los locales del casco están baratos, no cabe duda. Segundo, de que la autoridad municipal es más permisiva que hace unos años, cuando las ordenanzas frenaban todo intento de montar nuevos bares. Posiblemente, de que las medidas de incentivo puestas en marcha por el Ayuntamiento empiecen a dar sus frutos. Y seguramente, de que las previsiones de consumo, alimentadas por la época estival y por la reducción del paro, sean más halagüeñas.

Pero no piensen que todo el centro es orégano, pues por cada nuevo bar que uno descubre, se encuentra tres solares huecos que no estaban en su último paseo. Y mientras, en el Ferial Plaza, ese lugar al que achacan sus males muchos de los negocios del centro, ese que extiende ahora sus tentáculos a la ciudad, también exhibe locales vacíos y pasillos clausurados.

En fin, que si no hay alegría desbordada, tendremos que convenir que las penas con pan -aunque sea de molde- son menos.

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