Gana la banca

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Las cláusulas suelo han sido el motivo por el que muchos ciudadanos han encontrado más dificultades para cumplir con sus obligaciones hipotecarias. // Foto: alasbarricadas.org

Por Borja Montero

No es muy habitual que alguien que se duedica al noble arte de dar cuenta de la actualidad pueda dar satisfacción a sus coetáneos en sus demandas, reivindicaciones, problemas y tribulaciones. “Las malas noticias son las únicas que son noticia”, me dijo un trasnochado profesor en mis primeros días en la Facultad de Ciencias de la Información. Y, salvo honrosísimas excepciones, la realidad se afana en dar la razón a aquel viejo mentor, ya fuere proveyendo a los plumillas de infaustos hechos como menú habitual de su día a día informativo, ya fuere dando un giro trágico a lo que, en su momento, parecieron ser buenas noticias. Como diría el eficaz operario de la mesa de la ruleta de un casino, “gana la banca”. Y en este caso, así será…

Hace un tiempo, allá por 2013, si la memoria no me falla, el consumidor hipotecario medio se felicitaba por el dictamen de un organismo europeo que consideraba que la inclusión de cláusulas suelo, esas que establecen una cuota mínima de la que nunca se podría bajar fueran cuales fuesen los avatares del mercado y de los tipos de interés, en los préstamos hipotecarios era una práctica abusiva de las entidades financieras para con sus clientes, principalmente porque, en la mayoría de los casos, no se ofrecía ningún tipo de alternativa, se ocultaba ese punto del contrato o no se daba una información exhaustiva al respecto. Este reconocimiento de una cierta inmoralidad (nunca se planteó que las cláusulas en sí fueran ilegales sino que se imponían a los clientes y no se comercializaban adecuadamente) supuso un alivio para miles de hipotecados que, con la llegada de la crisis y la constante caída de los tipos de interés, veían cómo el recibo de su hipoteca al inicio del mes no reducía su cuantía. Ya tenían un asidero legal, posteriormente reconocido, claro está, por la jurisprudencia española, para poder solicitar a sus bancos la derogación de estas cláusulas.

Hasta ahí la buena noticia. ¿Cuándo se tuerce? Cuando los afectados, ademas de reclamar que no sigan enriqueciéndose a su costa con esta práctica poco caballerosa, deciden exigir que se les devuelva aquello que ya han pagado de más fruto de estas cláusulas (de las que todo el mundo, incluso dentro del sector bancario, parecía renegar en ese momento). Entonces los tribunales, el Supremo en concreto, que es el que ha tenido que pronunciarse al respecto, no se mostraron tan implacables con la aplicación del dictamen europeo: tiraron de doctrina de irretroactividad de las actuaciones judiciales y solamente reconocieron la anulación de la cláusula y la devolución de los excesos en las cuotas desde la fecha de la resolución europea.

Y ahora viene un nuevo giro que termina de trastocar lo que fue una buena noticia. Esta semana, el abogado general de la Unión Europea ha hecho público un informe en el que viene a respaldar las tesis de la jurisprudencia española: solamente pueden ser devueltas las cantidades cobradas de más después del dictamen europeo que calificaba las cláusulas suelo como una práctica abusiva. Como si antes de que se descubriera (o más bien se pusiera negro sobre blanco y con un membrete oficial) el percal no hubiera existido la infamia. Se calcula que la cantidad de dinero que deberían devolver las entidades financieras a los afectados sería de unos 3.000 millones de euros; hay cálculos más generosos para con los hipotecados y otros que minusvaloran el botín acumulado por los bancos. Sea como fuere, es otro pequeño rescate que estas empresas privadas con mucho ánimo de lucro reciben y que salen directamente de las costillas de los ciudadanos.

Este informe del abogado de la UE no es definitivo. Habrán de dictar sentencia otros organismos superiores. Pero no deja de ser un nuevo varapalo para aquellos que vieron en la resolución de 2013 un acto de justicia, un cierto resarcimiento por las desventuras financieras que les obligaron a atravesar (que no era otra cosa que la devolución de lo que nunca debieron haberles cobrado), y que tres años después aún no han hallado satisfacción…

Por el momento, y a pocos minutos del final de la partida, gana la banca. Otra vez.

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