Page año I

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Emiliano García Page, tomando posesión como Presidente. // Foto: castillalamancha.es

Por Álvaro Nuño.

El pasado sábado 9 se cumplía un año de la celebración del primer Consejo de Gobierno presidido por el socialista Emiliano García Page, tras las últimas elecciones regionales que terminaron con la mayoría absoluta del Partido Popular y con el acuerdo entre PSOE y Podemos. Los socialistas recuperaban así el sillón del Palacio de Fuensalida que, María Dolores de Cospedal mediante, siempre habían ocupado, durante veinte años con Bono y después con Barreda. El delfín del de Salobre se había vuelto mayor y ya es uno de los llamados “barones” del partido, esos a los que el secretario general del PSOE les consulta su opinión antes de abordar las cuestiones de Estado, como la que ahora mismo tiene encima de la mesa Pedro Sánchez.

En un artículo institucional publicado en la web de la Junta, titulado “No nos conformamos con cerrar la herida”, el presidente castellanomanchego hace un repaso a este primer año recordando que su objetivo inicial era “frenar la sangría que había supuesto para Castilla-La Mancha una legislatura marcada por los recortes y por la antipatía”, en referencia directa a los anteriores cuatro años del Partido Popular y a los efectos devastadores -según el PSOE- que tuvo sobre la comunidad autónoma. La apertura de camas en Urgencias o de escuelas rurales en los pueblos de la región son recordados por Page, entre otras, como las primeras medidas que adoptó su Gobierno después de un “extraordinariamente agrio traspaso de competencias”. Entonces, dos consejeras alcarreñas, la de Fomento –Elena de la Cruz– y la de Educación –Reyes Estévez-, formaban parte de ese Ejecutivo. Como todos ustedes sabrán, tras un curso realmente convulso, esta última dimitió por “razones personales”.

“Recuperar la confianza” y “restaurar la esperanza” son objetivos que dice el presidente que se marcó desde el principio y que, con un evidente acento falto de toda modestia “hicimos francamente bien y francamente rápido” (Modesto baja que sube Page). Hasta 800 medidas dice el presidente socialista que han llevado a cabo en apenas un año, entre las que destaca el Plan Extraordinario de Empleo -se pone la medalla de la reducción del paro en este primer año- y el Estratégico de Turismo, la recuperación de empleo público y las 35 horas semanales, la reducción de las listas de espera hospitalarias, o la puesta en marcha de un curso escolar con más aulas, escuelas y profesores, entre otras de marcado carácter social como el desbloqueo de las Ayudas a la Dependencia o la creación de una oficina regional antideshaucios. En total, el PSOE dice haber cumplido ya un 40% del programa electoral en el primer cuarto de legislatura. Y finaliza anunciando que “este segundo año vendrá sin duda preñado de muchas grandes decisiones y acuerdos”.

Antes, en un encuentro con los medios de comunicación regionales, el presidente avanzó algunas de las 400 medidas que se van a adoptar en el futuro, unas con grandes “planes” siempre globales, genéricos y con denominaciones rimbombantes, y otras más específicas y que afectan directamente a Guadalajara como la nueva especialidad de neurocirugía en la cartera del Hospital General Universitario, lo que hará que, junto a las ya anunciadas anteriormente de medicina nuclear y cirugía pediátrica, no sea necesario que el 80% de los pacientes del área de salud de Guadalajara se desplacen a Madrid para recibir atención especializada. Lo que no se ha concretado es si la puesta en marcha efectiva de estas especialidades se hará de manera inmediata o tendrán que esperar a que finalicen las recientemente retomadas obras de ampliación. Y este asunto es realmente importante, porque el mantenimiento del convenio sanitario con Madrid sigue coleando sin cerrarse de manera definitiva. Desde este lado de la frontera se insiste en que se mantendrá y mejorará, aunque a la vez hay divergencias con nuestros vecinos en la forma de financiarlo como se hacía hasta ahora, apelando a la vuelta de unos fondos de cohesión que dependen del Estado, y no de las autonomías. Si Madrid no lo mantiene -solicita la correspondiente contraprestación económica por el servicio- se acudirá a los tribunales. La gran pregunta es ¿qué ocurrirá mientras estos dirimen la cuestión y se ponen en marcha las nuevas especialidades? ¿Volveremos a padecer el turismo sanitario? Mucho más tranquilos estaríamos si ocurriera lo mismo que con el convenio de Transportes, firmado y sellado por ambas partes y que nos permite a los alcarreños seguir siendo beneficiarios del Abono Transporte de la Comunidad de Madrid.

Si la reanudación de las obras del Hospital es uno de los grandes proyectos de la administración de Page en Guadalajara, el otro es el acuerdo del Campus de la Universidad de Alcalá en el antiguo colegio de Las Cristinas, otro de los nexos de unión vitales para nuestra provincia con la vecina Madrid. Aquí la cosa se nota un poco más parada, porque a pesar del convenio a cuatro bandas y de la visita que el presidente regional realizó a Guadalajara en febrero, sabemos poco o muy poco de cómo va avanzando el proyecto. Sólo que la Junta se las ingenió para convencer al Ministerio de Defensa en pagar los 2 millones de euros por las instalaciones en cuatro anualidades, por lo que en el presupuesto de este año sólo existe una partida de 500.000 euros para este fin. Nada sabemos, sin embargo, de la firma del contrato-programa con la Universidad de Alcalá, para comenzar los equipamientos y el desarrollo académico del proyecto, que incluía dos nuevas ingenierías y dobles grados bilingües.

Y otro de los grandes frentes que el presidente de Castilla-La Mancha mantiene abiertos es la llamada “Guerra del agua”, la lucha eterna que el socialismo regional siempre ha abanderado contra el trasvase Tajo-Segura y que, visto lo visto, la verdad es que no tiene ningún efecto en la política del Gobierno central, que no deja de dar permisos para nuevas derivaciones del preciado elemento desde los embalses de cabecera hacia Levante. A pesar del informe de los europarlamentarios contrario a la política hidráulica que el Gobierno lleva a cabo en el río Tajo y de los constantes recursos judiciales, desde julio de 2015, se han trasvasado por esa tubería de la vergüenza la friolera de 213 hectómetros cúbicos, una sangrante realidad a la que no se le ve fin y ante la que el ejecutivo del Partido Socialista no parece aportar ninguna propuesta efectiva, más allá del manido recurso de la pataleta.

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