Regenerar Molina

Por Raquel Gamo

El Gobierno regional ha nombrado recientemente, en vísperas del Carmen que se celebra hoy, a los barrios del casco histórico, los Arrabales y el Paseo de los Adarves de Molina Áreas de Regeneración y Renovación Urbanas (ARRU). Este reconocimiento, que se produce después de que el Ayuntamiento de la localidad lo solicitara en 2015, supone una apuesta decidida por la rehabilitación de viviendas y la reurbanización de espacios públicos de la capital molinesa. Las obras vinculadas a la conservación de inmuebles, pavimentación y otras infraestructuras se enmarca dentro del plan estatal en esta materia para el periodo 2013-2016, que ha sido desarrollado por las administraciones regionales. Bienvenido sea el entendimiento entre las administraciones, tan poco como abunda.

Imagen parcial del casco histórico de Molina. // Foto: Jorge Tutor

Imagen parcial del casco histórico de Molina. // Foto: Jorge Tutor

En concreto, el Ayuntamiento molinés tiene previsto acometer casi 200 proyectos de rehabilitación de fachadas, cambio de ventanas, conservación de cubiertas y de zonas comunes en algo más de 40 edificios de la ciudad. A estos trabajos hay que añadir otros de reurbanización como la continuación del proyecto de reforma del Paseo de Los Adarves, que comenzó en mayo y con el que se eliminará el bulevar de la avenida y se hará la vía más accesible tanto para los vehículos como para los vecinos. De momento, la Junta ha destinado un montante de 230.000 € para sanear esta arteria principal, tal como contamos en EL HEXÁGONO hace algunas semanas.

Esta iniciativa implica de facto una notable inversión en la ciudad que servirá para preservar su conjunto histórico, a la vez que revitalizar otras zonas apartadas y ya de por sí degradadas como son los Arrabales. En cuanto al presupuesto, no es menor: en torno a 4 millones de euros,  financiados entre el Ministerio de Fomento -que aportará casi el 35% de los fondos-, la Junta (9%) y los propietarios de las viviendas a rehabilitar (57%), que a buen seguro darán una imagen más atractiva del paisaje urbano de Molina. El programa parece ambicioso. Ahora falta que se cumpla porque ya se sabe que en esta comarca las promesas y los anuncios políticos se los lleva el viento de la propaganda.

Veremos, pues, en qué se concreta. Y en qué plazos. Pero en principio este plan ha de entenderse como una oportunidad que Molina debe capitalizar al máximo para modernizar sus infraestructuras y servicios y, en definitiva, para lograr atraer la puesta en marcha de nuevos negocios y el crecimiento de población. Porque cuidar el patrimonio urbano tiene todas esas consecuencias. El alcalde de Molina Jesús Herranz,explica que este programa surge por las necesidades de renovación del casco urbano, pero también por el empecinamiento de algunos propietarios de edificios a mantener éstos en buen estado. Un ejemplo paradigmático es la intervención que el Consistorio tuvo que hacer en dos inmuebles palaciegos en la calle Capitán Arenas, ante “la renuencia de sus dueños cumplir con sus obligaciones”.

Palacio de los Arias, uno de los edificios que deberían rehabilitarse en el casco de Molina. // Foto: Panoramio

Palacio de los Arias, uno de los edificios que deberían rehabilitarse en el casco de Molina. // Foto: Panoramio

Herranz subraya que “es un programa importante para la ciudad, que lleva en crisis desde los años 50. Se deben fomentar estas políticas activas discriminatorias en favor de zonas de desierto humano como esta comarca, que favorezcan la actividad económica y el crecimiento de población”.

El enunciado de Herranz es positivo. Sin embargo, no parece que ni este plan ni probablemente ningún otro que esté por llegar pueda revertir una crisis larvada, según él, a lo largo de medio siglo. Quizá sería más conveniente rebajar la grandilocuencia, adoptar la modestia como punto de partida y entender que llegar a acuerdos con el resto de administraciones (y con la sociedad civil: asociaciones y plataformas inclusive) es una necesidad imperiosa para un municipio como Molina.

El propósito del ARRU consiste en regenerar el entramado arquitectónico del corazón de la ciudad. Y ya. Cuestión diferente es si servirá también para atraer empresas y dinamizar la actividad económica de una ciudad a la que la historia y la situación geográfica no han hecho precisamente justicia. Así que el Ayuntamiento debe reconocer que, con este programa, el Gobierno regional está demostrando una mayor sensibilidad para dar soluciones al futuro de esta comarca. Y ello no es baladí después de cuatro años de desprecio y olvido por parte de Cospedal en los que no sólo se ninguneó a la sociedad molinesa con gestos como el tijeretazo al proyecto inicial del Parador a mini parador, sino que también se recortaron servicios tan importantes para su día a día como la Oficina Comarcal Agraria (OCA) o el cierre de los centros de interpretación del Alto Tajo que se crearon como vía para reforzar el desarrollo turístico en la comarca.

Pero, además, estos programas muestran que la colaboración entre administraciones de diferente signo político es posible y puede revertir en beneficio de todos los ciudadanos. A ser posible, dejando a un lado sectarismos y reyertas partidistas que no han conseguido sino agravar el estancamiento histórico de Molina.

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