¿Un mundo sin abuelos?

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Por Míriam Pindado

Vuelvo de unos días de vacaciones y me encuentro con un mundo que no me gusta. Imagino que a vosotros tampoco. Han pasado demasiadas cosas en estas semanas y casi ninguna ha sido buena. Miedo en Europa, guerras y golpes de Estado, apocalipsis mediática, polarización transfronteriza, parálisis política, hartazgo ciudadano, escepticismo democrático,  debates decimonónicos, triquiñuelas locales…Lo siento, pero creo que me tomaré esta semana como un periodo de adaptación, porque es que cada vez que veo/leo/escucho las noticias me dan ganas de hacer la maleta e irme al pueblo… con mis abuelas.

-Hija, ten cuidado por esos sitios a los que vas que mira que pasan cosas y ya no se sabe donde está el peligro.

Esta es una de las frases de mi abuela. Probablemente también de las vuestras. Ellas y ellos están más informadas de lo que nos pensamos. La televisión por la mañana y los corrillos al fresco de la tarde dan para mucho. Deberíamos escucharles cada vez que nos explican o aconsejan sobre algo porque saben más de lo que ellos mismos creen aunque todavía quede gente que ningunee su experiencia y recuerdos, su disposición comparativa y su sabiduría ya sean o no abuelos “leídos” como dicen por mi pueblo.

Lo cierto es que ellas (las abuelas) y ellos (los abuelos) son la pieza más conmovedora de esta sociedad en la que la vida parece que ya no vale un pimiento. Ellos ya llevan muchos años a sus espaldas y saben cuál es el valor de la vida. Y me dicen que la vida cuesta mucho más que mil millones de toneladas de pimientos.

Ayer se celebró el Día de los Abuelos y las familias, instituciones, organizaciones, medios, redes sociales (#eldíadelosabuelos fue trending topic durante todo día) e incluso Google quisieron recordar a los mayores de la casa. A los que ya no están y a los que siguen ahí. Siempre ahí. Basta con salir a la calle para ver la importancia de esta figura familiar y social en España: los abuelos, “héroes de la conciliación”, leí ayer en algún sitio. Las personas mayores han pasado en los últimos años de ser personas receptoras de ayuda a ayudar a sus descendientes. La crisis económica y la falta de conciliación familiar en el marco laboral han provocado que muchas familias dependan, de una manera u otra, de ellos. Con sus pensiones, su fuerza de voluntad y sus achaques siguen manteniéndose en forma para colaborar en el día a día de sus hijos y nietos ya sea de forma económica o afectiva.

Si bien el Día de los Abuelos no es una celebración a nivel mundial (la ONU recuerda a las personas de edad el 1 de octubre), la ONG Mensajeros de la Paz promovió este día que desde 1988 se celebra en España y en algunos países latinoamericanos. Esta semana, la propia organización ha publicado un estudio que refleja que más de la mitad de los abuelos españoles (55,9%) ayuda a sus hijos como consecuencia de la crisis económica, ya sea económicamente o en el cuidado de los nietos. Y es que el papel de los abuelos de cualquier edad es imprescindible en esta coyuntura en la que las instituciones y administraciones públicas se aprovechan del apoyo altruista tan típico del sistema familiar español.

Este mismo estudio destacaba otras realidades relativas a la población de más edad, como la preocupación por la falta de recursos para atender las necesidades de los mayores, que en el caso de los españoles entre 30 y 64 años se sitúa en torno al 78%, mientras que los mayores de 65 años (64,1%) son quienes menos piensan que los recursos que existen actualmente son insuficientes.

Por otra parte, y según este informe, el 77% de los abuelos españoles se siente identificado con el drama de los refugiados que llegan a Europa huyendo de sus propios países, una cifra más elevada que la obtenida entre la población más joven (67,5%).

Por todo ello, y porque los abuelos se merecen todo nuestro respeto y cariño, debemos tenerles más presentes que nunca. Porque son una figura fundamental en esta sociedad. Porque de ellos siempre podemos aprender. Porque ellos quieren ponérnoslo fácil. Porque siempre están ahí (y eso bien lo sabremos cuando caigan enfermos o cuando falten). Pero siempre que podamos, disfrutemos y cuidemos de ellos como ellos disfrutan y cuidan de nosotros…con sus huevos fritos con patatas, con sus propinas de contrabando, con sus consejos sobre moda, con sus anécdotas y versiones del siglo XX, con sus miradas cómplices, con la amenaza de “como se lo diga a tus padres…” y con las arrugas que los años han dibujado en su cara.

Seamos un poco más fans de nuestros abuelos o de los abuelos de nuestros hijos…porque un mundo sin abuelos sería demasiado triste y tú y yo, muy lamentablemente, algún día dejaremos de tenerlos.

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