La vida de la ciudad

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El centro social de La Amistad es uno de los más veteranos de la ciudad de Guadalajara, así como uno de los más activos. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara / Jesús Ropero

Por Borja Montero

Los periodistas solemos dar mucha importancia a lo que hacen los políticos. Como garantes de la legalidad y la moralidad y vigilantes de la buena praxis en la esfera pública que nos hemos autoproclamado, nuestro oficio de informar se centra, en muchas ocasiones casi de forma exclusiva, en el relato de los proyectos y novedades que surgen de las administraciones públicas, en la explicación de las bondades o maldades de los mismos o en la narración de las polémicas y críticas entre las distintas facciones políticas que componen cada una de estas instituciones. De este modo, en no pocas ocasiones nos olvidamos u obviamos que la esencia real de una ciudad la configuran sus habitantes, no sus regidores y representantes públicos, por lo que asociaciones de todo tipo, colectivos vecinales, profesionales y de acción social y plataformas en defensa de determinados derechos o causas son, normalmente, más definitorios de la idiosincrasia de un territorio y sus acciones son, en la mayoría de las ocasiones, más interesantes y menos previsibles que las de los representantes públicos. Y ahora, después de toda esta argumentación, vamos a hablar de algo que decidieron los políticos…

El Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara decidió, en su última reunión la semana pasada, dotar a la ciudad de un Reglamento de uso y funcionamiento de los Centros Sociales y de cesión de locales públicos, a inicitiva del Grupo Municipal de Ahora Guadalajara y en cumplimiento de un compromiso previo del equipo de Gobierno, que votó en contra de la propuesta. Actualmente, la ciudad cuenta con dieciséis de estos centros, de los cuales una decena funcionan con horario normalizado de mañana y tarde durante todo el curso escolar (de los restantes, cuatro están en los barrios anexionados y tienen horarios reducidos y otros dos, los de Escritores y Los Manantiales, no cuentan con personal suficiente y también tienen restringida su disponibilidad). En ellos, desde el recogimiento del de Casas del Rey a la grandiosidad del Cuartel del Henares, la modernidad del Eduardo Guitián o el de Los Valles o la multifuncionalidad del de la calle Cifuentes, alrededor de un centenar de asociaciones usan, de forma más o menos frecuente y periódica, sus instalaciones para realizar actos de todo tipo, tanto reuniones internas como actividades de cara al público, a lo que hay que sumar la oferta de clases, talleres y demás iniciativas que propone el propio Consistorio, un menú que se ha reducido un poco en los últimos años.

Examinando estos datos, y con la consiguiente crítica constructiva y voluntad de mejora que se supone a la gestión municipal, parecería que el sistema funciona, ya que algunos de estos edificios cuentan ya más de tres décadas de funcionamiento y la actividad nunca se ha detenido. Sin embargo, el reglamento, según el espíritu que emana de la moción aprobada en Pleno, tiene dos objetivos claros. Por un lado, se pretende establecer unos criterios de uso y concesión de los espacios claros, así como unos derechos y obligaciones de los concesionarios, ya que actualmente no hay normativa clara al respecto y se deja a la voluntad del funcionario o concejal de turno, a la disponibilidad horaria o al orden de llegada de las solicitudes la decisión sobre el permiso o no de uso de las salas de los centros sociales, mientras que las ‘instrucciones de uso’ son apenas una decena de especificaciones en el dorso de la instancia de solicitud. Por otro, y aquí viene la miga de la cuestión, se pretende mejorar en general el funcionamiento de los mismos e implicar a la población y a las asociaciones usuarias de estos espacios en su gestión.

La concejala de Ahora Guadalajara, Susana Martínez, aludió en el Pleno a la “obligación de los poderes públicos de favorecer y facilitar” la participación ciudadana, tal y como se especifica en el artículo 23 de la Constitución Española, por lo que vio la oportunidad de convertir esta “red de espacios públicos” que suponen los centros sociales en un dinamizador del tejido social. De este modo, la edil incidió en que el Ayuntamiento tiene que dotar a estos edificios del mantenimiento y el personal suficientes, pero también inicidió en un tema importante de cara a mejorar su implantación social: “la creación de estructuras de participación, que la ciudadanía conozca cómo y por qué se toman las decisiones”. En este sentido, la moción, tal y como se aprobó en el Pleno y, por tanto, debiera trasladarse al futuro reglamento, hace referencia a cuestiones que, si bien suponen nuevas tareas y más reuniones, facilitan la participación ciudadana y se encaminan a ajustar la actividad de los centros sociales a las necesidades reales de los barrios en los que se encuentran, tales como la creación de grupos de trabajo entre el personal encargado de las instalaciones, representantes públicos y asociaciones usuarios o la creación de programas y actividades que tengan en cuenta “la realidad del barrio y la vida vecinal”.

La concejala de Bienestar Social, Verónica Renales, anunció en el Pleno que ya hay un primer borrador del Reglamento que pronto se mostrará a los ediles de la Corporación y a las asociaciones de la ciudad, aunque todo indica que este primer documento no será tan ambicioso como pretendía el petitum de la moción de Ahora Guadalajara. Y es que la propia concejala responsable del asunto afirmó que estos grupos de trabajo y reuniones en el seno de los centros sociales “solamente van a servir para retrasar, y no para agilizar”, la actividad en los mismos. EL grupo municipal de Ciudadanos se alineó en unas tesis similares, aunque finalmente votó a favor del texto tal y como estaba planteado.

Normalmente, las cosas no salen tan bien como se habían planteado en un principio y, como la realidad suele ser más terca que nosotros mismos, surgen dificultades, faltas de acuerdo o eventos de todo tipo que obligan a modificar nuestras perspectivas iniciales, algo que sucede de forma muy habitual en la política. De este mdo, lo más probable es que gran parte de las medidas más ambiciosas que proponía esta moción no se lleguen a aplicar, aunque no está de más sacarlas a reflexión y debate de los concejales y la ciudadanía. Esperemos que, al menos, sí se lleve a cabo otra de las peticiones incluidas en la moción, mucho menos ‘filosófica’ y más de funcionamiento efectivo: la difusión en unos foros oficiales y centralizados de las diferentes actividades que programan tanto la Concejalía como los diferentes colectivos ciudadanos. Y es que ni siquiera eso, que parece tan de pura lógica, aún no se hace.

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2 pensamientos en “La vida de la ciudad

  1. Es decir, “vamos a politizar otra cosa más, a ver si conseguimos que oficialmente los centros públicos pasen a ser centro de reuniones y difusión de Podemos”. Qué ganas de normativizar algo que ya funciona como debe, como si nos quedara mucho así…

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