Alustante, un ejemplo para el Señorío

Por Raquel Gamo

13891899_1218259704885799_525813628903827627_nAcostumbrada como está la Tierra de Molina a la resignación y la abulia social, merece la pena recalcar siempre el esfuerzo constructivo de quienes no sólo no se parapetan en la crítica fácil sino que, además, contribuyen con ideas propias a sacar adelante iniciativas que ayuden al desarrollo de esta comarca. Un ejemplo de ello son las “Visitas Guiadas en Alustante”, programadas en este municipio molinés lindero con Aragón desde el pasado 1 de agosto. Se trata de una ruta que incluye diferentes propuestas que van desde conocer la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción (siglo XVI) hasta la visita al molino del viento, cuya reconstrucción finalizó en 2012, pasando por un curso sobre el toque tradicional de las campanas del pueblo, dos singulares piezas de 72 y 96 kilos cada una.

A priori se podría decir que las visitas guiadas no son una fórmula novedosa para promocionar la riqueza turística de una ciudad o una región. En efecto, no lo son para destinos archiconocidos que cada año reciben miles de visitantes como Sigüenza o Albarracín. Sin embargo, se trata de una idea sencilla, pero efectiva que consigue poner en valor el patrimonio, la historia y la cultura de muchos pequeños pueblos, condenados al ostracismo por los itinerarios oficiales o las frías e impersonales guías turísticas.

En colaboración con el Ayuntamiento de Alustante y la Asociación Cultural Hontanar, el artífice del proyecto es Diego Sanz. Vecino y bibliotecario de Alustante, un historiador extraordinariamente preparado y una de esas almas inquietas de la comarca que investigan, aportan nuevas ideas y que, sobre todo, creen en Molina y su potencial de futuro. Diego, licenciado y máster en Historia y doctor en Sociología, es autor del libro Alustante, paso a paso, además de impulsor de CulTural TieRra Molina, específicamente orientada a promover actividades culturales en esta comarca del Señorío, ya sea presentaciones de libros, exposiciones y jornadas de patrimonio. “Con las visitas guiadas pretendo extender la idea al resto de la comarca. Es una forma de dinamizar el turismo en la comarca porque aprovechar nuestra identidad y tradiciones puede contribuir al desarrollo de la zona”, explica Diego a EL HEXÁGONO.

Molino de viento de Alustante, del que se desconoce la fecha exacta de construcción aunque existen referencias que aluden a este edificio en 1860. // Foto: Alustante.com

Molino de viento de Alustante, del que se desconoce la fecha exacta de construcción aunque existen referencias que aluden a este edificio en 1860. // Foto: Alustante.com

Un aspecto, la cultura y, por ende, el turismo cultural que “no se ha valorado lo suficiente en Molina, al haber apostado demasiado por el turismo natural”, afirma el investigador, quien publicó hace un par de años su tesis doctoral El patrimonio cultural y la identidad como factores de desarrollo de la sociedad rural. Un detallado ensayo en el que el autor desgrana cómo pueden explotarse los recursos culturales y el patrimonio del Señorío como motores de desarrollo. Propuestas, en definitiva, que liberarían al medio rural de su estancamiento tradicional. Entre las sugerencias que aporta está la de recuperar los caminos históricos del Señorío molinés y estimular este sector, a través del uso del patrimonio arqueológico, etnográfico e industrial. Un tipo de patrimonio, por cierto, que hoy en día aún se puede disfrutar en Molina, gracias al esfuerzo de muchos arqueólogos y especialistas que han trabajado incansablemente sobre el terreno en los últimos treinta años.

Son proyectos realistas y viables que podrían ayudar a recuperar ese sentimiento de comarca, de identidad común de la que tanto adolece esta tierra. Para ello, el primer paso consistiría en recuperar el patrimonio de cada localidad. En Castellar de la Muela, por ejemplo, pueblecito donde pasé una infancia inolvidable, el ayuntamiento rehabilitó elementos patrimoniales como la fragua, el horno, el lavadero y el pairón, unas obras que embellecieron la imagen del pueblo y a las que siguieron la construcción de casas rústicas de piedra de vecinos que un buen día tuvieron que emigrar en busca de una vida mejor.

Retablo mayor de la iglesia de Santa María de la Asunción de Alustante, obra del primer tercio del s. XVI. // Foto: http://culturaltierramolina.eu

Retablo mayor de la iglesia de Santa María de la Asunción de Alustante, obra de finales del s. XVI. // Foto: http://culturaltierramolina.eu

La rehabilitación de estos símbolos del patrimonio industrial y religioso que se ha llevado a cabo en los últimos años, mediante subvenciones de Diputación, camina en la buena dirección. Pero hace falta mucho más. Por ejemplo, concienciar a todos los ayuntamientos que el patrimonio no sólo exige una conservación por un evidente interés cultural sino que supone también un factor de prosperidad. Falta también coordinar los esfuerzos institucionales y, sobre todo, elaborar un plan que fije las prioridades y que tenga adosada una memoria económica en condiciones. Si no hay nada de ello, lo único que tendremos son parches.

Diego Sanz, acreditado como informador turístico cultural por la Junta de Castilla-La Mancha, tendrá a buen seguro éxito en su iniciativa de las visitas guiadas a Alustante. Porque este pueblo bien merece acercarse hasta sus predios, y porque la solvencia intelectual de su promotor es bien conocida. Que salgan adelante sugerencias así, además, demuestra que la sociedad civil no está aún exangüe en Molina. Pese a todo.

En todo caso, sería conveniente extender esta propuesta al resto de la comarca. Molina de Aragón y sus diferentes Sexmas atesoran un valioso patrimonio que conviene enseñar y explotar turísticamente. Entre otras cosas, porque lo que no se enseña no se valora. Y en Molina tenemos castillos, templos románicos, caminos rurales, itinerarios como el del Cid, palacios y pairones de suficiente entidad como para diseñar una completa gama de rutas basadas en el turismo cultural. No basta con tener los monumentos en buen estado, que tampoco los tenemos en Molina. Hace falta exhibirlos, explicarlos, interpretarlos. En suma, divulgar toda su riqueza artística y arquitectónica.

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