Sin un ‘sí’, es ‘no’

Imagen principal de la campaña del Instituto de la Mujer.

Imagen principal de la campaña del Instituto de la Mujer contra las agresiones sexuales.

Por Concha Balenzategui

El Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha ha emprendido este verano una campaña contra la violencia sexual que está llevando a diferentes localidades de forma directa y a la población en general a través de los medios de comunicación y las redes sociales. La campaña -la habrán oído ustedes- lleva por lema “Sin un sí, es no”, y viene a dar un paso más allá de la que se promovíó en Pamplona coincidiendo con las fiestas de San Fermín, que propagaba la frase “No es no”.

Tanto el Instituto navarro como el Instituto castellano-manchego han querido afrontar el problema de los abusos sexuales, que está presente en nuestra sociedad y al que no siempre se concede la importancia que tiene. Y lo han hecho desde el punto de vista de la definición misma del hecho, con el objeto de delimitar las conductas reprobables en este terreno, y que son todas aquellas que no incluyen el libre consentimiento de la relación por ambas partes: “Sin consentimiento es una agresión”.

En el caso de Castilla-La Mancha, la campaña pone el foco en la “violación en cita”, un término -no muy afortunado, a mi entender- que engloba aquellas situaciones en las que el agresor y la víctima se conocen de antemano, incluso han tenido relaciones sexuales previamente. El mensaje llama a la reflexión y a combatir la cultura de la agresión y la coacción, rebatiendo algunas creencias extendidas o sentencias repetidas en determinados ambientes que observan las conductas abusivas con cierta tolerancia o incluso impunidad.

Asegura la institución promotora que -aunque no he encontrado el estudio que sustente esta estadística- en el 82 por ciento de las agresiones sexuales la víctima conocía al agresor, por lo que estamos hablando, en la gran mayoría de los casos, de algo muy diferente al asalto por sorpresa de un desconocido. Son situaciones en las que puede haber un tonteo previo, influencia del alcohol o las drogas, un ambiente que propicie el encuentro sexual, pero en el que la mujer no quiere mantenerlo. Habituales, por ejemplo, en verano y en las fiestas de los pueblos. Por eso me parece importante, y además valiente, hacer hincapié en ese concepto, el del libre consentimiento mutuo, en que la mujer no debe ser “condicionada, forzada ni presionada, ni estando borracha, ni inconsciente” como dicen los materiales de la campaña. E insisto, es necesario afrontar ese flanco, tanto por el montante que supone en el conjunto del problema (ocho de cada diez, hemos dicho), como por lo difusa que parece para la sociedad la línea roja entre el ligoteo y el abuso.

Nuestra cultura tiene completamente imbuido el concepto de la “calientagaitas” -o sinónimos peor sonantes- que implican que es la mujer (con sus actitudes, su forma de vestir, de bailar…) la que está “buscando” el encuentro sexual (algo que debería disimular) y además, por consiguiente, propicia que un hombre (que no se puede contener, porque es su naturaleza) se considere con derecho a reclamarlo cuando quiera y como quiera. Cuando hay columnistas que responden a la campaña pamplonesa con las imágenes de chicas embriagadas que muestran sus pechos, y jueces que preguntan si la víctima apretó bien las piernas para mostrar su oposición a la penetración, es que en las interpretaciones de las relaciones sexuales queda mucho que aprender y que explicar. Por eso está bien delimitar, con ejemplos sencillos como los que en esta campaña castellano-manchega se dirigen a los jóvenes, esa línea roja de la que hablaba.

No voy a decir que la campaña castellano-manchega me parezca impecable. Personalmente creo que se podía haber depurado el listado de recomendaciones, con fórmulas más claras y directas, menos repetitivas. He leído también algunas críticas a los carteles y las frases del Instituto de la Mujer, por considerar que culpa a las chicas y es paternalista con los chicos. No estoy de acuerdo en absoluto con lo primero, aunque probablemente puede mejorarse en la segunda parte. Si la lucha contra el machismo debe basarse en educar a los hombres para respetar y no someter, y a las mujeres para no consentir, el combate contra la agresión sexual debería ir por los mismos derroteros.

Desde esa perspectiva, el mensaje dirigido a la posible víctima en esta campaña parece correcto en lo fundamental. Por un lado le recuerda que no está obligada a hacer nada que no quiera a pesar de la situación previa, de lo que el chico haya sobreentendido o diga, y que tiene derecho a negarse o a parar en el momento en que quiera. Por otro lado, hace una serie de recomendaciones -que la pandilla cuide de sus miembros, que la chica se asegure la manera de volver a casa, que vigile lo que consume…- sin juzgar su comportamiento desde un punto de vista de moralidad, sino de la prudencia más elemental. Para que nos entendamos, estas recomendaciones, que no se refieren a la prominencia de su escote, no difieren mucho de las que he dado a algunas amigas en momentos de farra, o las que daría a mi hija antes de salir de fiesta.

La viceconsejera de la Mujer en Castilla-La Mancha junto a las cinco responsables provinciales.

La viceconsejera de la Mujer en Castilla-La Mancha junto a las cinco responsables provinciales. // Foto: encastillalamancha.es

Es verdad que el mensaje dirigido al hombre, el actor principal y culpable de este problema, resulta más difuso. El “no te pongas pesado” o “nadie te debe nada” debería convertirse en un mensaje más contundente, que desmonte absolutamente frases y composiciones mentales que un chico repite para explicar relaciones que no son respetuosas con las mujeres, que desmonten machismos implícitos y que promuevan, como pretende la campaña, “nuevas masculinidades”. Habría que subrayar que los “torrentes” y “machos-alfa” no tienen gracia, y además de carcas y casposos, están fuera de época, y en algunos casos fuera de la Ley.

Dado que en cada cultura, mentalidad, ambiente y -sobre todo legislación- los términos del abuso, la agresión y la violación parecen tan difusos -por ejemplo cuando no hay una penetración o cuando la víctima y el agresor tienen un contacto previo-, parece oportuno recordar la definición que elabora Amnistía Internacional y que algunos colectivos quieren implantar para un uso común: “El derecho humano a la igualdad y la no discriminación en el disfrute de la integridad física y mental exige que se dé igual peso al consentimiento libre y pleno al contacto sexual por las dos partes o todas las que intervengan en dicho contacto, implique o no dicho contacto la penetración. El uso de la fuerza, de la amenaza de la fuerza o la coacción por el perpetrador imposibilita que la víctima ejerza su derecho a la integridad física y mental y, por tanto, su autonomía sexual”. 

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