Entre verbenas y bailes regionales

 

13880374_722041261287094_2622205278710845569_n

Así serán las noches de agosto en muchos pueblos. /Foto cedida por Orquesta Nexia

Por Míriam Pindado

Cecilio va camino del huerto como casi todas las mañanas. Por estas fechas la tierra ya hace gala de su suerte y los tomates y pimientos empiezan a coger el color que más tarde mezclará en los pistos de final de mes. Camina más despacio que hace años, con sus manos cruzadas a la espalda y la gorra con el logo de la empresa donde trabaja uno de sus sobrinos. Mira a un lado y a otro. Curiosea por las calles del pueblo en las que por fin se ve algo de movimiento. A lo lejos pita la furgoneta del panadero y algunas mujeres se asoman a la puerta para ver por dónde anda. El yerno de la Maxi va camino de la fuente para llenar varias botellas de agua y los nietos de Tía Pilar  se acercan a la puerta de enfrente a llamar a sus amigos que seguramente ya han acabado de desayunar. Hay bicis en las entradas de las casas y coches aparcados por las estrechas calles del pueblo.

-“Esta gente aparca donde quiere y ya han cortado la calle…¡A ver ahora por dónde pasa el panadero!”, gruñe Cecilio con resignación. Pero él, aunque más cascarrabias que antes, está contento. El pueblo está vivo, la gente sigue viniendo como todos los meses de agosto y las fiestas están a la vuelta de la esquina.

Ha llegado la gente a los pueblos, los de cerca y los “forasteros”, y con ellos el bonito caos que durante este mes reina en la mayoría de pueblos, pueblitos, villas y aldeas de todo el territorio español. En muchos de ellos ya cuelgan los banderines de todos los años que anuncian la proximidad de las fiestas. Los perros están más alborotados de lo habitual, las abuelas compran polos y helados al del camión de los congelados y las persianas de todas las casas, por fin, están subidas.

Agosto es para muchos el mes del pueblo. De hecho, son (somos) muchos los que todavía adelantan o postergan su escapada a la playa sorteando los días grandes de sus respectivos pueblos. El día 15 de agosto es festivo en toda España y cientos de municipios de todas las regiones celebran sus fiestas patronales en honor a la Virgen  o a otros patrones próximos como San Roque y más tarde San Timoteo o San Bartolomé, por citar algunos. La festividad de la Asunción de la Virgen viene de muy atrás. Su origen religioso ha permanecido hasta nuestros días y hoy sigue siendo, para muchos, el “día grande” en sus pueblos.

Las localidades más pobladas o con más solvencia programan actividades de todo tipo y  a veces, por falta de días, acaban organizando una previa ‘Semana Cultural’. Los pueblos más humildes, como el de Cecilio, también celebran sus fiestas por todo lo alto (bajo techos bajos) y siempre teniendo en cuenta sus posibilidades económicas de manera que si este año no hay dinero para dos verbenas, pues un día se contrata una discoteca móvil. En algunos municipios los vecinos aportan una determinada cantidad de dinero para la celebración de estos festejos mientras que en otros se apañan con la partida presupuestada prevista y las ayudas de patrocinadores.  Al final, y haciendo encaje de bolillos, en la mayor parte de los casos se acaba diseñando un programa de fiestas tradicional, sin excentricidades y fiel a sus orígenes.

Procesiones, bailes y trajes regionales, verbenas, comidas populares, actividades infantiles, toros, peñas, partidos de solteros contra casados, campeonatos de mus, de petanca, de bolos castellanos…todo lo que no encontramos durante el resto del año lo tenemos en el mes de agosto y, en el caso de la provincia de Guadalajara, también en septiembre. Estas son las fechas para disfrutar de este tipo de actividades. Las mismas fechas y casi los mismos actos que hace décadas hacían disfrutar de unos días de fiesta a nuestros bisabuelos, abuelos y padres.

¿Por qué nos gustan estas fiestas?

Nos gustan las fiestas de los pueblos y “los días de la víspera” porque, como hemos comentado antes,  haremos cosas que no podremos hacer durante el resto del año. Cosas como…

-Coincidir con nuestros primos y amigos de la infancia en el bar e invitar a rondas por un precio popular. Y ya de paso, conocer a sus parejas, hijos o amigos que este año se estrenan en las fiestas (y los mayores, probablemente en el pilón).

-Merendar por tradición.

-Recordar con nuestros quintos las aventuras y desventuras de nuestra infancia pero, sobre todo, de nuestra adolescencia. (Todos los que tenemos pueblo sabemos que eran los veranos en el pueblo los que realmente te enseñaban a ser mayor).

-Cenar con nuestra familia al completo y jugar al tetris para organizar las camas. (Ni los Boy Scout se organizan así).

-Bajar a la plaza, al bar o al frontón “a ver que hay”.

-Dejar que pasen las horas en la peña sin importarnos si hay que madrugar o no.

-Elegir el traje nuevo que te pondrás en el día grande o el atuendo de batalla para los encierros.

-Hacer cola para conseguir un plato paella (o lo que sea) en platos y con cubiertos de plástico.

-Bailar los hits de este verano, además de ‘El tractor amarillo’, ‘La macarena’, el ‘No rompas más’ o ‘Paquito el Chocolatero’ en la plaza del pueblo. (El repertorio dependerá del caché de la orquesta que toque este año).

-“Ejercitar” nuestros cuerpos ensayando una jota, jugando aquel típico partido de solteros contra casados o custodiando a los más pequeños en las gymkanas y sus búsquedas del tesoro, carreras de bicis o fiestas de la espuma.

-Si nos quedan ganas y días, pasear por los pueblos de la zona y, si se tercia, echarnos unas cervezas en sus fiestas siguiendo la tradicional ruta de cada verano. (Cuidado con los coches después de las verbenas).

-Y, sobre todo, disfrutar de unos días de desconexión en los que todo pasa menos el tiempo. En los que los telediarios nos dan igual. En los que no importa dejarse el móvil en casa. En los que siempre hay algo que hacer, pero que si no quieres hacer nada, pues no lo haces.

IMG_20140816_113511Sea el pueblo que sea, sus fiestas patronales son un vestigio del pasado,  un atractivo para el presente y un halo de esperanza para el futuro. Suponen una parada en el tiempo en el que los mismos que hoy reposan su artrosis en “la función”, bailaban hace años; en el que los que antes disfrutaban de una fiesta de la espuma con sus amigos y primos lo hacen ahora con sus hijos y sobrinos; en el que los mismos que fundaron una peña en los ochenta reciben en la víspera a las nuevas generaciones con las camisetas de siempre.

Así, las nuevas generaciones recogen el testigo de las fiestas de su pueblo con cierta pereza pero con mucho orgullo y conscientes de que si ellos no lo hacen, nadie lo hará. Si la gente joven no se compromete o, simplemente, no se acerca a las fiestas de su pueblo, estas acabarán por desaparecer y con ellas la excusa para airear la casa del pueblo, al menos una vez al año. Y no queremos eso. Cecilio tampoco y por eso está contento estos días aunque tengamos cortadas la mitad de las calles del pueblo.

 

Anuncios

Un pensamiento en “Entre verbenas y bailes regionales

  1. jajaj Buenísima la entrada y deseando que llegue este finde y las fiestas del pueblo 🙂 semana obligatoria de vacaciones para todos los Duruelenses 😉 Con muchas ganas de ver a esas serranas bailar taaaaan bien y visitar la peña .
    Un besazo y nos vemos en nada!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s