Huele a chamusquina

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Imagen del cielo de Guadalajara el viernes a primera hora. /Foto: T.G Moratilla

Por Míriam Pindado

“Huele fatal. Esto es tóxico, seguro”. Con estas palabras paseaban valientes los vecinos de Guadalajara este fin de semana. El aire que se respiraba estos días preocupaba a los miles de guadalajareños que el viernes amanecieron bajo una nube de humo entre negra y rojiza. Durante varias horas pudo verse una terrible columna de humo desde diferentes puntos de esta y otras provincias. Un incendio complicado con residuos inflamables, corrosivos y tóxicos en el que han trabajado más de un centenar de efectivos durante varios días y que huele a chamusquina.

El incendio del polígono de Albolleque, en Chiloeches, comenzó poco antes de las cinco de la madrugada del pasado viernes 26 de agosto en una nave de disolventes, pinturas y aceites que estaba clausurada desde el pasado 17 de junio. La planta de reciclaje estaba cerrada porque no cumplía las medidas de seguridad exigidas por el Ayuntamiento de Chiloeches y a la que el Gobierno regional había suspendido las autorizaciones medioambientales hacía también dos meses y medio. En esta nave, gestionada por la empresa KUK Medioambiente S.L, había unas 20.000 toneladas de residuos peligrosos que supuestamente se seguían almacenando de manea irregular.

Los vecinos hacían elucubraciones y los medios de comunicaciones nacionales se hacían eco de la noticia que el viernes abrió todos los informativos. Esas elucubraciones de las personas de a pie se han ido haciendo más y más consistentes con las últimas noticias y testimonios de algunas organizaciones competentes que han ido quitando humo a este incendio que tanto recuerda al de la planta de neumáticos de Seseña. Una instalación que también operaba de forma irregular y cuyas consecuencias han tenido y aún tienen en vilo a los vecinos de la zona.

Como si se da una superproducción de Hollywood se tratase, de  los “efectos especiales” de las primeras horas en el lugar del incendio de Chiloeches, se pasó a la posibilidad más que lógica de un riesgo de intoxicación por aire y agua, y de ahí a toda una serie de tramas e investigaciones previas, con detectives e incluso activistas informáticos de por medio, que ya vaticinaban un desenlace de estas características.

De acuerdo a algunas de las últimas informaciones publicadas por el diario El País, el incendio de la planta de Albolleque huele más a chamusquina de lo que las teorías conspiranoicas de andar por casa se olían. Así y de acuerdo al artículo publicado ayer, el Seprona de la Guardia Civil, la patronal de residuos especiales, Asegre, e incluso Anonymus ya habían denunciado a la planta que ardió el pasado viernes y que carecía de autorización ambiental para operar desde octubre de 2015. El Ayuntamiento de Chiloeches, al que la planta debía 70.000 euros en tasas, clausuró las instalaciones a mediados de junio por “actividad clandestina” mientras que el Gobierno regional de Castilla-La Mancha lo denunciaba por almacenar “20.000 toneladas de productos peligrosos ilegalmente acumulados” avanzando incluso que existía peligro de incendiarse o producirse vertidos al cauce de un arroyo próximo. Al final, el incendio se produjo y los servicios de extinción tuvieron que levantar diques para evitar que el arroyo y el Henares se contaminasen.

“La empresa ya sabía que debía retirar los residuos y que el coste era muy alto”, indicó el consejero de Medio Ambiente, Francisco Martínez Arroyo. En concreto, la operación para retirarlos suponía 1,2 millones de euros y,  según advirtió la Junta, existía el riesgo de que la empresa se descapitalizara para no hacer frente a dicho desembolso. Al final el peligro de incendio se adelantó al de descapitalización y de momento se sigue sin dar con el paradero de los responsables de la empresa.

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Labores durante la extinción del incendio. /Foto: APAM-CLM

De momento tampoco sabemos si el incendio fue provocado o no. Eso es algo que tendrá que dirimir la Policía Judicial, pero seamos sinceros:  todo esto huele a chamusquina, tal y como olía el término de Seseña a mediados del pasado mes de mayo cuando el cementerio de neumáticos más grande de Europa empezó a arder.  Hasta el propio alcalde de Seseña, Carlos Velázquez, señalaba esta semana la “sospechosa” conexión que ve entre los incendios de neumáticos de Seseña y el de la nave de Chiloeches, próxima al gestor de residuos al que se están llevando las ruedas del siniestro de Seseña.”Si ya era sospechosa la manera de actuar en el incendio de Seseña, también son bastante sospechosos los incendios en plantas similares”, señalaba Velázquez ayer, añadiendo que esto lo conocen también los cuerpos de seguridad del Estado. Siguiendo en esta línea, y según las informaciones aportadas por los medios nacionales, el secretario general de Asegre, Luis Palomino, también ha aprovechado este último siniestro para denunciar el “mercado negro” que existe en España en el tratamiento de residuos. De hecho, esta asociación ha presentado en los últimos cuatro años una veintena de denuncias contra instalaciones que incumplen la legislación de tratamiento de residuos peligrosos y que, en algunos casos, han acabado en llamas de una manera más que sospechosa y de la que los ciudadanos no volvemos a escuchar nunca nada más. Incluso los técnicos y efectivos que han participado en las labores de extinción de este incendio, como los agentes medioambientales de Castilla-La Mancha o los bomberos de Guadalajara, han denunciado que desastres como estos podrían evitarse o al menos reducirse “con voluntad política de hacerlo, ya que la Administración posee los recursos necesarios para velar por el cumplimiento de la normativa en materia de calidad ambiental, recursos que a día de hoy están desaprovechados e infrautilizados”, han señalado desde APAM-CLM.

¿Y al final qué pasa? Pasa que las llamas se sofocan, las consecuencias medioambientales se silencian, los miedos se olvidan y nunca volveremos a saber qué pasó -a no ser que alguien escriba una novela o el guión de una película basada en hechos reales-.Bueno, a veces sí.

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Un pensamiento en “Huele a chamusquina

  1. Pura mafia. Simple y llanamente. Empresas de las que solo figuran testaferros que desaparecen, cobran barbaridades por la gestión de unos residuos que no tratan y solo almacenan, de cualquier manera, y cuando la cosa se pone fea.. un incendio y desaparecen.

    Esto es algo que ha sido ya tratado varias veces en el cine sobre la mafia italiana, que encontró en este sector un buen nicho de “negocio” que viene de lejos. Con el “tratamiento de basuras” y residuos tóxicos. En ‘Gomorra’ de Roberto Saviano, se refleja esto de forma explícita.

    Y al loro, que parece que hay un funcionario de Guadalajara relacionado con la empresa…

    Un ejemplo de lo que lleva años sucediendo en Italia:
    http://www.abc.es/internacional/20140116/abci-mafia-corsa-201401152017.html

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