Adopta un ‘commuter’

Por Ricardo Roquero Matero*

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Ricardo Roquero es uno de los muchos ‘commuters’ de la provincia. // Foto: Ricardo Roquero.

Aunque somos escurridizos, los ‘commuters’ vivimos entre ustedes. Casi nunca nos verán tomando café a media mañana en su localidad, ni acercándonos al colegio a llevar a nuestros hijos y mucho menos en las terrazas veraniegas pasadas las 23 horas. Por regla general somos madrugadores, aunque no por decisión propia. Nos puede diferenciar del resto de vecinos porque los cascos de música son una extensión más de nuestro cuerpo, somos esos raros que van por la calle grabando notas de voz en el móvil y nos caracterizamos por ir siempre con prisa pese a vivir en una de las provincias más tranquilas del país. Pero por ahora creo que no deben preocuparse, por mi experiencia no somos peligrosos.

Pese a que muchos de ustedes jurarían no conocernos, los ‘commuter’ somos una especie de ciudadanos más habitual de lo que se cree en una tierra relativamente pequeña, con una larga tradición de emigración y que ofrece escasas oportunidades en cuanto a formación y trabajo se refiere. Aunque no somos exclusivos de Guadalajara, es aquí y en zonas limítrofes a la Comunidad de Madrid, donde alcanzamos nuestra máxima expresión.

Quizás alguno ya ha descifrado a que se refiere el concepto ‘commuter’. Para el resto, a los que como yo (la primera vez que me topé con esta palabreja) se les ha quedado cara de diccionario de la RAE, se trata de una expresión que como todas en este siglo XXI, proviene de Estados Unidos. Hace referencia a esas personas que viajan a diario entre dos localidades relativamente alejadas, para ir de su casa al trabajo (Pablo León lo explicaba a las mil maravillas en su blog Love Bicis  de El País, hace ya algún tiempo).

Somos a los que van dedicados la mayoría de los nuevos inventos y cacharrejos tecnológicos, que nos permiten trabajar o entretenernos en nuestros largos trayectos diarios. Desplazamientos que en el mejor de los casos nos suponen poco menos de dos horas al día. Aunque nosotros nos empeñemos en negarlo, como si estuviéramos en una competición, en la que gana el que menos tiempo gasta en llegar a su puesto de trabajo.

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La parada Asamble de Madrid-Entrevías. // Foto: Ricardo Roquero.

Dentro de nuestro propio colectivo, nos subdividimos dependiendo del medio de transporte que elegimos para realizar nuestros desplazamientos. Algunos descartamos directamente la opción del coche, debido a los aproximadamente 300 euros en gasolina que suponen al mes y a la incapacidad de volatilizar nuestro vehículo una vez llegados a la capital del reino (ríase de la zona azul de Miguel Fluiters a las 12:00 horas). En este caso, las opciones se reducen a apostar por desquiciarse con el galopante deterioro del Cercanías  a cambio de sus infinitas combinaciones (aquí tampoco se notan los recortes) o por el cómodo autobús, siempre y cuando los embotellamientos en la autovía A2 no te jueguen una mala pasada.

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Ricardo Roquero es uno de los muchos ‘commuters’ de la provincia. // Foto: Ricardo Roquero.

Con tantas horas fuera de casa, guardamos ciertas semejanzas con los caracoles, viviendo con nuestra casa a cuestas, en mochilas y bolsos que poco tienen que envidiar al maletín de Mary Poppins. Ahí somos capaces de almacenar la comida para todo un día, cualquier tipo de medicina, un pequeño neceser, un paraguas de mano, el cargador del móvil, una tablet e incluso algún libro.

Nuestro afán por rentabilizar el tiempo hasta la paranoia, hace aflorar nuestra capacidad para medir cuánto tardamos en desayunar, cuántos minutos nos supone ir andando hasta esta o aquella estación y qué pasa si el semáforo se pone en rojo justo cuando llegamos a su altura con el coche (¡catástrofe!). Se podría decir que vivimos al límite, pero más bien vivimos con límites, los que nos suponen los horarios de trenes, autobuses, metros o los atascos.

Por otro lado, si bien no somos excesivamente sociables, yo mismo he llegado a entablar relaciones de amistad con pequeños grupúsuclos de ‘commuters’ con los que comparto frustraciones. Aunque por lo general, nuestra relación de basa en miradas indiscretas y vidas inventadas a través de pequeñas conversaciones telefónicas, escuchadas de forma furtiva.

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Ricardo Roquero es uno de los muchos ‘commuters’ de la provincia. // Foto: Ricardo Roquero.

Aunque no todo va a ser malo. Convertirse en un ‘commuter’ agudiza el ingenio, desarrollado primordialmente con el objetivo de dormir en el transporte público sin ponernos en completa evidencia. De ahí los pañuelos que sujetan las mandíbulas atraídas por la ley de la gravedad, las gafas de sol que atenúan la luz de los vagones cuando aún queda una hora para que amanezca o la invención de nuevas figuras de yoga, que ayudan a descansar en posturas inverosímiles. Eso sí, pese a estas siestecillas, raro es el pasajero que se pasa de su estación. Su mutación aporta a los ‘commuters’ un sexto sentido.

Así las cosas, la de los ‘commuters’ es una realidad oculta que no modifica sólo la vida de los aquejados. Desde hace unos años, está situación afecta a localidades como la capital alcarreña, que paulatinamente van perdiendo sus señas de identidad para transformarse en ciudades dormitorio. Para ver el efecto de esta migración diaria, sólo hace falta fijarse en la renacida calle Mayor un 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid.

Por todo ello y salvo en contadas excepciones cuya decisión es propia, aprovecho estas líneas para solicitar a los empresarios de la provincia que, siguiendo el eslogan de un conocido portal de citas, adopten un ‘commuter’. Sus vecinos se lo agradecerán.

Nota: Este artículo fue escrito en varios trayectos vespertinos en el autobús que circula entre Madrid y Guadalajara.

*Ricardo Roquero Mateo: Periodista de vocación y licenciatura, reconvertido en comunicador orquesta: locutor, guionista, redactor, fotógrafo, diseñador gráfico y web, maquetador, experto en SEO o gestor de redes sociales. Como el mundo profesional de la tecla y el micrófono no atraviesa por su mejor momento, tras desarrollar mi carrera en diferentes medios de comunicación de Guadalajara como Guadalajara DosMil, Cadena SER, Noticias, lacomunidad.info y Onda Cero; actualmente trabajo como diseñador por los madriles, quitándome el gusanillo con artículos como este.

 

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