El debate de los problemas candentes

Debate sobre el Estado de la Ciudad, ayer, en el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Isra Calzado

Debate sobre el Estado de la Ciudad, ayer, en el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Isra Calzado

Por Concha Balenzategui

Se podrá mejorar -y mucho- el formato del Debate sobre el Estado de la Ciudad, pero lo cierto es que es interesante y saludable que una sesión como la que se celebró ayer por la tarde en el Ayuntamiento de la capital se lleve a efecto. Se podrán criticar las fechas elegidas -inicio del curso político y a la entrada de las Ferias- o la mecánica y duración de las intervenciones fijada por el reglamento, pero el hecho es que las cuatro horas y media dieron de sí para que se contrastaran suficientemente las distintas visiones sobre la marcha de Guadalajara en sus diferentes ámbitos.

Así, el alcalde expuso holgadamente algunas acciones que su equipo tiene previsto realizar en los próximos meses, y los grupos de oposición pudieron poner abundantes ejemplos de lo que no funciona correctamente, ejercer su crítica y transmitir las quejas vecinales. No cabe duda de que el uso de la palabra y de las réplicas favorecía desde el principio al Equipo de Gobierno, con tiempos ilimitados de intervención para Antonio Román, como en las sesiones plenarias. Pero además, el alcalde quiso aprovecharlo al máximo, con un discurso inicial de hora y media, en el que no se ciñó a una visión benevolente de su acción de gobierno, sino también a los anuncios, -algunos novedosos, otros ya conocidos-, de cara al futuro, y con una plática de cierre de otra larga hora. A eso se sumaron las intervenciones de Armengol Engonga, como portavoz del Grupo Popular, para dar réplica a la oposición. Por ello era lógico que Román fuera generoso, como lo fue, con los tiempos previstos para los portavoces de los grupos, que superaron con creces lo previsto en un reglamento que les proporcionaba un tiempo demasiado escueto.

En definitiva, seguir el debate en su totalidad, tanto en el salón de plenos (como hizo un grupo nada desdeñable de vecinos) como a través de la retransmisión en directo por internet, era un ejercicio de voluntad y paciencia, pero no más que seguir las sesiones plenarias que cada mes se celebran en el Consistorio. Por eso resulta interesante escucharlo, por la cantidad de asuntos abordados, los datos aportados y los argumentos contrapuestos, que vienen a hacer un repaso muy pormenorizado de la situación de la ciudad, una visión cercana de los problemas candentes, desde los autobuses al desempleo, desde las farolas a la programación cultural.

Del debate no se derivan resoluciones ni se someten a votación acuerdos, una cuestión que el portavoz del PSOE criticó ampliamente argumentando que la sesión “solo sirve para hablar”. Y nada menos que para hablar, podríamos añadir, pues el diálogo, o más bien discusión de pareceres, tiene también su valor en política, mientras que las propuestas o las votaciones cuentan con su espacio y lugar en los plenos ordinarios, si bien constreñidas a un reglamento que tampoco parece suficiente.

Con todas estas premisas, hay muchos detalles puntuales (de los contenedores o la subida del IBI, de las aceras o el gasto en Ferias) que merecen la atención, y de los que darán información las crónicas informativas. Al margen de estas cuestiones concretas sobre el devenir de la ciudad, se pueden extraer algunas pinceladas, sino sobre el estado de la ciudad, sí del estado del Ayuntamiento y de sus actores.

Antonio Román, desde el atril, durante el debate. // Foto: CulturaenGuada

Antonio Román, desde el atril, durante el debate. // Foto: CulturaenGuada

Así, ayer vimos a un alcalde que ambiciona el “gobierno fuerte”, que no disimula el desgaste que le produce la situación de minoría, y que quiso aprovechar el escaparate del debate para promocionar su gestión -realizada o venidera-. Román insistió en pactar con Ciudadanos e incluso con el PSOE. Se lo ofreció ayer a ambos grupos políticos, descartando de entrada a Ahora Guadalajara, según dijo, por sus grandes diferencias ideológicas, pero tendió la mano inexplicablemente a los socialistas, cuyas discrepancias no son menores, como se puso de manifiesto, tanto en los asuntos concretos como en la visión general de la ciudad.

El portavoz de Ciudadanos, Alejandro Ruiz, volvió a ofrecer su esquizofrénico ejercicio de “ni contigo ni sin ti”, que por un lado renuncia a entrar en el Gobierno pero por otro lo sustenta, que tan pronto critica las actuaciones del Equipo de Gobierno como las aplaude, atribuyéndose la paternidad de las propuestas o dilapidándolas a su conveniencia.

Al portavoz de Ahora, José Morales, se le va viendo más suelto en las intervenciones y con más conocimiento de los asuntos municipales, incidiendo especialmente en cuestiones de fondo, como la participación ciudadana o el cumplimiento de mociones, y perdiendo a veces fuerza en cuestiones que escapan de las competencias propiamente municipales, como la siniestralidad laboral o la violencia machista.

El portavoz socialista, Daniel Jiménez, en su intervención. // Foto: CulturaenGuada

El portavoz socialista, Daniel Jiménez, en su intervención. // Foto: CulturaenGuada

Desde el grupo socialista, Jiménez estuvo muy duro, tanto en el tono implacable como en la exposición apabullante de críticas, datos y hechos para trazar la pintura negra de Guadalajara, en total contraposición al dibujo de color rosa pintado por Román. El portavoz socialista insiste, como principal argumento, en la falta de dedicación plena del alcalde a la ciudad, a lo que Román contesta con lo poco que Jiménez trabaja en el Ayuntamiento, tratando de convertir las críticas a su gestión a un cuestionamiento constante a la labor de los funcionarios municipales.

La lectura no puede ir más lejos. Las visiones de la ciudad son tan contrapuestas que cada ciudadano puede formar la suya a partir de los asuntos tratados con los diferentes discursos y de su propia observación cotidiana de la realidad. Desde luego, no se pueden sacar conclusiones a modo de ganadores o perdedores, como ocurre con los debates electorales o en las sesiones parlamentarias, dado que la mecánica era claramente favorable al Gobierno. Román lo aprovechó a su conveniencia, diferenciando sus intervenciones colocándose en un atril, e incluso utilizando las redes sociales municipales para difundir únicamente los mensajes del alcalde, olvidando las intervenciones críticas.

Mucho ofrecimiento de diálogo, pero cada uno en su sitio, eso sí.

PD. En las últimas semanas, el Ayuntamiento ha perdido a dos carismáticos funcionarios, Santiago Manzano y Luis Bueno, dedicados respectivamente al Patronato de Cultura y a los Servicios Sociales. Con el primero, periodista de profesión y concejal durante este último año, tuve ocasión de compartir durante más de un año las páginas de El Decano donde escribía una sección semanal titulada “La isla del navegante”. Con el segundo traté algunas informaciones municipales y varias charlas de café. Cada uno en su parcela y a su modo, dejaron su huella en el Ayuntamiento. Ambos se encuadran en lo que solemos calificar de “buena gente” y la vida, especialmente al final, no fue fácil para ninguno de ellos. Nos queda su recuerdo, siempre grato. Descansen en paz.

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