Vacas sin control

Rebaño de vacas cruzando la carretera entre Galve de Sorbe y Condemios de Arriba. Es una escena habitual cada día, a pleno sol y por la noche. // Foto: R.G.

Rebaño de vacas cruzando la carretera GU-213 entre Galve de Sorbe y Condemios de Arriba. Es una escena habitual cada día, a pleno sol y por la noche. // Foto: R.G.

Por Raquel Gamo

La ganadería es una actividad indispensable para el medio rural desde un triple punto de vista social, económico y medioambiental. Además de cumplir la importante función de paliar la despoblación, da empleo a decenas de familias y, desde un punto de vista ecológico, el ganado limpia los montes de maleza y ayuda a prevenir los incendios durante el verano.

Vacas sueltas en la CM-1006 (Veguillas-Galve de Sorbe). El ganado es fundamental pero la seguridad vial debería ser una prioridad. Ambas cosas no son incompatibles. // Foto: Blog Siempre sobre Ruedas

Vacas sueltas en la CM-1006 (Veguillas-Galve de Sorbe). El ganado es fundamental pero la seguridad vial debería ser una prioridad. Ambas cosas no son incompatibles. /Re Blog Siempre sobre Ruedas

Este sector se vuelve aún más  esencial cuando la tierra no es fértil y, por tanto, no permite cultivar ni cereal ni otros frutos básicos. Por poner un ejemplo cercano de la presencia que tiene actualmente la ganadería bovina en muchas zonas de la provincia en la villa de Galve de Sorbe, en plena Sierra Norte de Guadalajara, hoy en día podemos decir sin ambages que hay más vacas que vecinos. Y no es una broma: Sólo en esta localidad serrana existen unas 1.500 cabezas de ganado bovino frente a una población que apenas supera los 130 habitantes censados. Otro tanto ocurre en Cantalojas y otros pequeños pueblos de la Sierra o de Molina, que son las comarcas ganaderas por excelencia en la provincia de Guadalajara, además de la Alcarria.

Algo que llama mucho la atención en un país como el nuestro en el que las áreas rurales quedaron casi desiertas, cuando miles de personas emigraran a la ciudad a partir de los años 60 en busca del dorado. Desde entonces la densidad de población, sobre todo en la meseta ha ido menguando hasta el extremo de no alcanzarse los 7,3 habitantes por km2 en los regiones que forman parte de la Serranía Celtibérica, donde está incluida la comarca molinesa. Y esta sangría demográfica vino acompañada de la caída de la actividad ganadera como eje primario del medio rural. Hace mucho tiempo que el sector servicios crea más empleo y contribuye en mayor medida a dinamizar las economías rurales.

Sin embargo, mucho ha cambiado la ganadería desde aquellos años de nuestra memoria. De ser un medio para alimentar a las familias todo el año gracias a la matanza, se ha pasado a una cadena de explotaciones extensivas que, no nos vamos a engañar, se mantienen vivas, en gran medida, por el riego de subvenciones europeas que perciben los ganaderos desde hace tres décadas.

Sólo en Castilla La Mancha, según datos oficiales, las ayudas al sector agroalimentario superan los 1.000 millones de euros anuales. Cabe puntualizar, además, que las subvenciones comunitarias se adjudican en función del número de reses de cada explotación ganadera, no de las reses fértiles, si bien las ayudas destinadas a las vacas nodrizas (aquellas que paren y crían terneros) son más elevadas. Esto explica por qué es habitual que en los pueblos ganaderos de Guadalajara exista una concentración de cabezas de ganado en manos de un escaso número de ganaderos. En Galve, por ejemplo, el millar largo de reses pertenecen a cinco ganaderos.

Reses pastando en las inmediaciones de Cantalojas. // Foto: R.G.

Reses pastando en las inmediaciones de Cantalojas. // Foto: R.G.

El oficio ganadero ha cambiado notablemente en las últimas décadas. Porque ni las vacas sirven ya para trabajar la tierra, ni los empresarios ganaderos suelen recurrir a vaqueros para ayudarles en las tareas con los animales. Las vacas pacen hoy plácidamente en los pastos –públicos privados- de la Serranía, y los ganaderos abonan por ello cantidades irrisorias a sus propietarios. De esta forma, la labor del ganadero se ha vuelto mucho más cómoda, limitada a una mera función de control de sus cabañas.

No quiero con esto restar importancia a la tarea de quienes dedican su tiempo a la ganadería. Tampoco a los obstáculos a los que deben hacer frente, como la falta de relevo generacional o el ataque de lobos.

Pero hay una cosa en la que hace tiempo que en los pueblos de la Sierra y de Molina se viene llamando la atención. Y, pese a ello, todas las advertencias han caído en saco roto. Y es la falta de control en el ganado, lo que provoca situaciones de riesgo especialmente en las carreteras secundarias.

Obviamente, no hay datos oficiales, pero basta residir en la Sierra o visitarla asiduamente para comprobar que cada vez es más frecuente encontrarse ganado en las vías de la Junta y la Diputación. Es una estampa graciosa cuando uno va de turista ocasional, pero se trata de una circunstancia peligrosa si se convierte en habitual. Suelen ser manadas enteras de vacas y toros que entorpecen el tráfico cada día (repito: cada día) ante la falta de control de sus propietarios. Antaño esta tarea la asumían los vaqueros o empleados que tuvieran a su cargo. Ahora, al tratarse de explotaciones casi unipersonales y ante la falta de población estable, el ganado campa a sus anchas.

Que el ganado paste todo el año en libertad, sin estar protegido en naves, al menos a lo largo del invierno, entraña un riesgo para los conductores que transitan por las carreteras de la comarca. La situación es especialmente peligrosa de noche y si no se adoptan soluciones como mantener los vallados cerrados –lo que impediría que el ganado escape de las fincas-, pronto habrá que lamentar graves accidentes de tráfico.

No soy ingenua: el medio rural tiene sus códigos y servidumbres. La proliferación de animales sueltos es una de ellas. Y es en parte también uno de sus principales atractivos. No se trata tampoco de imponer una absurda mirada urbanita sobre los elementos consustanciales del paisaje del campo. En los pueblos serranos tiene que haber vacas. Claro que sí. Pero controladas, como siempre había ocurrido. Es una cuestión de responsabilidad y de seguridad ante una conducta que ya se ha generalizado como algo normal. ¿En este país estamos condenados a que ocurra algo grave para que se tomen medidas preventivas?

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2 pensamientos en “Vacas sin control

  1. Muy buena visión de un problema que el resto de los habitantes de la sierra sufrimos sin tener solución desde hace años.
    Aparte de el evidente riesgo para la circulación supone una serie de inconvenientes para los vecinos como el de no poder tener un huerto o tener plantas ornamentales etc etc.

  2. Lo peor del ganado suelto por carreteras y localidades urbanas son sus dueños. Por ejemplo, en Campillo de Ranas hace unos años una vaca casi le pasó por encima a un bebé que estaba en una manta al lado de la puerta de su casa, cuando la madre llamó la atención al ganadero, este le respondió que tenía un seguro. Eso no se le dice a una madre cuando su hija ha podido ser aplastada por una vaca de 600 kg.
    Hay gente desalmada y estos son unos de ellos.

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