Otra vez Chiloeches

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Un momento del incendio declarado la madrugrada de este miércoles en el polígino de La Vega de Chiloeches, controlado a las pocas horas. Se trata del cuarto fuego declarado en las zonas industriales de esta localidad en menos de dos meses. // Foto: CEIS Guadalajara

Por Borja Montero

Un incendio ha sido declarado en una nave industrial del polígono de La Vega de Chiloeches. Y no es el primero. En apenas dos meses, esta localidad ha vivido un total de cuatro siniestros de este tipo, todos ellos en sus zonas industriales, una serie de catastróficas desdichas que ha dado como resultado el miedo de los empresarios y trabajadores de la zona, un cierto recelo de los vecinos, que, a pesar de la lejanía de los polígonos con respecto a las zonas habitadas, se han cansado de despertarse con el sobresalto cada pocos días, varias teorías conspirativas y una cierta preocupación medioambiental en una zona bastante castigada de por sí por la mano del hombre.

El último de los incendios, declarado en la madrugada del miércoles en una nave de reciclaje de pasta de pan, ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchas paciencias. Iniciado de madrugada, el fuego ha conseguido destruir el material almacenado en el interior de la nave y afectar sustancialmente a la estructura del inmueble, a pesar de la rápida actuación de los bomberos del Consorcio Provincial de Extinción de Incendios, que en pocas horas perimetraron y controlaron las llamas. Lo llamativo de este caso es que esta misma empresa también comenzó a arder, con mucha menos intensidad y, esta vez sí, en horario laboral, hace menos de un mes, un hecho que, unido al gran incendio de la planta de reciclaje de productos tóxicos, que mantuvo en vilo a los servicios de extinción durante diez días en el vecino polígono de Albolleque y un anterior siniestro en un almacén de neumáticos también en esta localidad, ha hecho saltar todas las alarmas. De este modo, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que no ha querido lanzar ningún tipo de hipótesis ni teoría acerca de las posibles causas de estos fuegos, si ha concedido, en boca de su portavoz, Nacho Hernando, que “no es normal” que se hayan producido tantos incendios en tan poco tiempo en unos polígonos que tampoco suponen la superficie industrial más grande de la provincia, por lo que el Gobierno regional se personará en los posibles procesos judiciales que se abran con respecto a estos casos.

Las diferentes circunstancias en las que se han producido los fuegos han generado en la población distintas actitudes con respecto a esta cadena de incendios y, en general, un cierto hartazgo y ,iedo entre trabajadores, empresarios y vecinos de la localidad. El primer suceso de esta serie se produjo en una planta de reciclaje y procesamiento de neumáticos usados, alrededor de un mes después de que comenzara a arder el gran vertedero ilegal de ruedas de Seseña, un incendio que mantuvo en vilo a los vecinos de aquella localidad y a otros tantos en municipios cercanos, tanto en Toledo como en la Comunidad de Madrid, durante varias semanas. La cercanía en el tiempo de esta otra tragedia medioambiental y el hecho de que fuera precisamente a la planta de Chiloeches adonde se habían trasladado parte de los neumáticos rescatados de Seseña produjo en la zona una sensación de intranquilidad que, afortunadamente, sólo tardó unas horas en disiparse.

Los otros tres incendios se han producido en las instalaciones de la misma empresa, Grupo Layna, dos de ellos, como ya se ha indicado, en la misma nave. Esta concatenación de hechos, que han tenido lugar en algo más de veinte días y al que se une también otro fuego, este hace más de tres meses en la sede central de esta empresa en Alcalá de Henares, ha tenido un efecto aún mayor en la población. Y es que, al margen de las reflexiones que se pueden hacer acerca de las condiciones de seguridad en los centros de trabajo o las posibles hipótesis conspirativas que ya circulan por algunos mentideros, no cabe duda que la columna de humo del incendio declarado en la planta de tratamiento de residuos, que incluía productos químicos y tóxicos, acompañó a los vecinos y trabajadores de la zona durante más de una semana, además de causar graves consecuencias en las tierras de labor cercanas, contaminando alrededor de nueve hectáreas, y, en general, en todo el entorno natural, tanto los barrancos propios de la zona como el ya maltrecho río Henares, al que llegaron algunas, lo que ha hecho que se temiera lo peor cuando el miércoles amaneció nuevamente nublado de humo en Chiloeches.

Solamente cabe desear que, con el final del verano, cese esta serie de incendios, que, si bien se han cebado con las zonas urbanizadas e industriales, tampoco han sido misericordes con las zonas rurales y naturales. Las consecuencias mediomabientales de los mismos ya se están calculando y serán los tribunales y las investigaciones policiales los que habrán de determinar si todo ha sido fruto de un azar funesto para los polígonos de Chiloeches o si alguna de las conspiraciones que empiezan a apuntar los vecinos afectados tienen razón.

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