El tempo de Sigüenza

Entrada a la exposición aTempora en el interior de la catedral de Sigüenza. // Fotos: R.G.

Entrada a la exposición aTempora en el interior de la catedral de Sigüenza. // Fotos: R.G.

Por Raquel Gamo

Habría que remontarse bastante tiempo atrás para encontrar una exposición del calibre y la proyección de aTempora. Se exhibe desde el pasado 8 de junio en la catedral de Sigüenza y la Junta decidió en verano prorrogarla hasta el 6 de noviembre. Pasado ya su ecuador, va camino de los 20.000 visitantes. Aquilatar el peso de una muestra por su número de visitantes no siempre hace justicia, aunque en este caso creo que sí se corresponde con la altura y el nivel expositivo en la Fortis seguntina.

aTempora, en colaboración con el obispado y la catedral de Sigüenza, es una de las principales actividades organizadas por la Junta de Castilla-La Mancha con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes. El autor de El Quijote no tuvo relación alguna con la Ciudad del Doncel –que se sepa- pero sirve de percha para calzar una actividad que potencia el turismo cultural en un entorno único como es Sigüenza, la capital histórica y eclesiástica de la provincia de Guadalajara.

Tapices flamencos que forman parte de la exposición.

Tapices flamencos que forman parte de la exposición aTempora.

No tengo conocimientos desde el punto de vista historiográfico para calificar el montaje técnico y el enfoque de la exposición. He leído críticas alrededor de las ausencias en la sala de la “botica de San Mateo”, pero también elogios unánimes hacia la antología de tapices que se pueden ver. En general, el recorrido de la muestra es una perfecta expresión del nacionalismo político y católico galvanizado en la España cervantina. La muestra incluye 325 obras cedidas por un total de 33 personas y colectivos, incluidos algunos museos provinciales (como los de Atienza o Pastrana) y también de municipios como Puebla de Valles, cuya cruz parroquial subyuga por su orfebrería.

El hilo de aTempora, como ya es sabido, es la coincidencia en el tiempo entre las muertes de Cervantes y Shakespeare. El nexo de unión parte de las piezas pertenecientes a la catedral seguntina, entre ellas, una bandera arrebatada a las tropas de Francis Drake por el sobrino-nieto del Doncel de Sigüenza. El título aTempora alude a la vigencia permanente de sus creaciones literarias, pero también podría ser una excelente etiqueta para consignar la perenne excelsitud del marco en el que se ubica la exposición. Porque ni Sigüenza se entiende sin su catedral ni la historia de la diócesis y, por ende, de la provincia, hubiera sido la misma sin la edificación de este templo.

Bandera del pirata Drake tomada en la batalla de Lepanto, hilo conductor de aTempora.

Bandera del pirata Drake tomada en la batalla de Lepanto, hilo conductor de aTempora.

Precisamente, uno de los alicientes añadidos en esta cita es la de poder visitar salas que habitualmente no están disponibles en el recorrido ordinario por la catedral de Sigüenza, como la extraordinaria y cautivadora sacristía de las Cabezas o la célebre capilla de los Arce, en la que yace el sepulcro del Doncel. En total, alrededor de 4.000 metros cuadrados de escenario expositivo, que incluye las capillas, el claustro, el museo de tapices, el Espacio Greco, la Puerta del Jaspe, la girola, el Altar Mayor y el Coro. Alfonso Caballero, ex director del Museo de Santa Cruz y comisario de aTempora, aseguró en agosto que esta catedral ofrece “el mejor hilo conductor del discurso narrativo”, con una temática mixta -primero civil y luego religiosa.

Es evidente que aTempora, por su nivel cultural y su relevancia dentro de los actos del año cervantino, supone un chute de energía para una ciudad suficientemente dotada de atractivos. Sigüenza es, junto a Toledo y Cuenca, la joya de la corona del turismo en Castilla-La Mancha. Y tanto por esta circunstancia como por su vitalidad en los meses de verano y otoño, hizo bien el Gobierno regional en traer una exposición de estas características hasta la capital del Alto Henares.

Y no es baladí este esfuerzo teniendo en cuenta el desierto cultural en que el anterior Ejecutivo autonómico decidió anclar a nuestra región. La campaña publicitaria en el Metro de Madrid, las inserciones en medios de alcance nacional y además bien dirigidas (una página semanal en Babelia, el principal suplemento cultural de la prensa española) y el propio repunte de Sigüenza en los meses posteriores al verano –temporada alta- terminarán redondeando a buen seguro el número de visitantes.

El bloque religioso de la exposición piezas procedentes del Museo Diocesano, de las parroquias de Atienza y de Pastrana, y la Cruz procesional de Puebla de Valles. También permite recorrer espacios generalmente no accesibles en la catedral seguntina.

El bloque religioso de la exposición incluye piezas procedentes del Museo Diocesano, de las parroquias de Atienza y de Pastrana, y la Cruz procesional de Puebla de Valles. También permite recorrer espacios generalmente no accesibles en la catedral seguntina.

aTempora tiene la virtud de hilar cultura y turismo en una población de apenas 5.000 habitantes, pero cuya actividad en este sector sigue en aumento. En 2015, la Ciudad del Doncel registró 106.527 turistas, según el Ayuntamiento seguntino. Y, desde 1996, suma casi dos millones de visitantes. Un récord en Guadalajara que en Castilla-La Mancha solo supera Toledo.

A Sigüenza le falta una universidad de verano, al estilo de El Escorial, capaz de aprovechar la cercanía con Madrid. Sin embargo, durante los últimos años ha logrado emprender o consolidar varias iniciativas que impulsan su futuro. El éxito de las diversas temporadas del Tren Medieval -mediante un acuerdo con Renfe que debería mantenerse en el tiempo-, el auge de las Jornadas Medievales, pese a la competencia en este terreno con otras citas más longevas; la programación cultural del ayuntamiento y de las distintas asociaciones y fundaciones que trabajan en este ámbito en la Ciudad Mitrada; el empuje de una restauración de nivel, con El Doncel de los hermanos Pérez como cabeza de cartel; y, sobre todo, la creación de la marca Sigüenza Gastronómica, demuestran un cierto renacimiento de una localidad marcada no sólo por la impronta eclesiástica sino por su tradicional carácter conservador.

Sería aconsejable perpetuar esta dinámica. Porque a Sigüenza, desvanecidos hace tiempo los sueños de una industria autóctona, le va la vida en ello. Y, en consecuencia, también al conjunto de Guadalajara.

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