Animales y animalistas: en busca del equilibrio

Imagen que abre el reportaje difundido por PACMA sobre encierros por el campo en la provincia.

Imagen que abre el reportaje difundido por PACMA sobre encierros por el campo en la provincia.

Por Concha Balenzategui

Más de 18.000 reproducciones en cinco días lleva el vídeo del Partido Animalista contra el Maltrato Animal que denuncia los abusos que se comenten en los encierros por el campo en nuestra provincia. No cabe duda de que estas imágenes, calificadas de ”brutales”, con los vecinos en fiestas como “extras” y los escenarios naturales de varios municipios de Guadalajara, han conseguido lo que se conoce como un impacto viral. El vídeo ha sido noticia desde su difusión la pasada semana en varios medios de comunicación nacionales.

Los hechos mostrados en este reportaje pertenecen a festejos desarrollados durante el verano de 2015 y no solo en la Alcarria, como dice el título, sino también en La Campiña. Y no es la primera vez que PACMA denuncia hechos similares, ni que se crea polémica sobre el trato a los animales en las sueltas campestres de reses. Tampoco es la nuestra la única provincia donde se denuncian diferentes festejos populares, como muestra su canal de Vimeo. Pero que haya otros municipios en su “lista negra” no es óbice para que se sienta cierta vergüenza al comprobar que Guadalajara se convierte en noticia por esta cuestión.

Aunque lo bauticen como “impactante investigación”, los de PACMA no han descubierto ni mucho menos el Código Da Vinci. No se muestra nada que muchos guadalajareños no hayan podido ver con sus propios ojos cada verano. Hay demasiados coches, hay atosigamiento, hay conductas incívicas y muy poco respetuosas con las reses. ¿Brutales?, pues depende de la sensibilidad del espectador. ¿Incumplidoras del reglamento?, eso tendrán que determinarlo las autoridades. ¿Destestables?, es evidente que lo son.

La formación animalista anuncia que emprenderá acciones legales, aunque no aclara si se limitarán a las imágenes grabadas en estos encierros por el campo (en Jadraque, Romancos, Málaga del Fresno y Yunquera de Henares) en 2015, o a las irregularidades que a buen seguro habrán testimoniado en otros lugares durante el último verano. El delegado de la Junta en la provincia, Alberto Rojo, respondió a la cadena SER que estudiarán cada denuncia. Así que habrá que esperar al resultado.

Mientras tanto, el vídeo de PACMA viene a alimentar una polémica que levanta ampollas en muchos pueblos, altera los ánimos y dispara los foros de internet. Las discusiones son encarnizadas entre los defensores de los encierros y los que abogan por su abolición. La suelta campestre está más en entredicho que nunca. Y entran en juego muchos argumentos y muchos intereses. Está sobre todo el de la tradición, aunque no en todos los municipios donde hoy se celebra el festejo se ha hecho desde tiempos inmemoriales o en todo caso se hacía de manera muy diferente a la actual. Se suele añadir el argumento de la animación que aporta, de la cantidad de gente que se mueve de un pueblo a otro.

Y están también las razones económicas, a favor y en contra: las de los que no quieren que el dinero de sus impuestos financie este tipo de celebraciones y las de los ingresos que genera el desarrollo de un encierro. No son cuatro perras. Se trata, según los datos de PACMA, de más de 100 encierros por el campo en 70 localidades de Guadalajara, casi el 70 por ciento con menos de 1.000 habitantes, que multiplican exponencialmente sus visitantes. Y no se trata de una cuestión ideológica, puesto que, tanto ayuntamientos del PSOE como del PP organizan estas sueltas.

Otra de las imágenes mostradas en el reportaje.

Otra de las imágenes mostradas en el reportaje.

No es fácil conciliar las posiciones de unos y otros, está claro. Pero el punto de equilibrio en una democracia, el mínimo común denominador entre ambas posiciones, por así decirlo, debería estar en la norma, es decir, en el Reglamento de Festejos Taurinos Populares de Castilla-La Mancha. Porque las leyes, aprobadas por los parlamentos democráticamente elegidos, son las herramientas de las que nos dotamos para regular la convivencia. Y si hay un reglamento que se entiende obedece a lo que la mayoría social pretende (de lo contrario habría que reformarlo), hay que acatarlo. Hay que asumir tanto lo que permite como lo que se prohíbe. Hay que cumplirlo y vigilar que se cumple. Dicho de otro modo, hay que denunciar y sancionar si se incumple.

Ya sé que algunos argumentarán que es imposible poner puertas al campo, delimitar los terrenos por los que van a transitar animales sueltos (en algunos casos demasiado cerca de carreteras de mucho tráfico), controlar a miles de personas que se dan cita, a veces estimuladas por el alcohol, o conseguir que las reses estén recogidas en el tiempo fijado. Pero entonces, si concluimos que no hay manera ni medios para hacer que las cosas ocurran dentro de los límites fijados, sencillamente, habrá que renunciar a hacerlas. Así de claro.

A mí sinceramente, me gustaría que el Partido Animalista hubiera sido más exhaustivo en su informe. Que además de unas secuencias entresacadas y seleccionadas, que pueden ser imágenes efectivas para remover los ánimos, se acompañaran los datos sobre las denuncias presentadas y las consecuencias que se han derivado de ellas. Sería bueno saber si es cierta la sensación de que en muchas ocasiones se hace la vista gorda, o se es permisivo con comportamientos asalvajados con la disculpa de la fiesta o de la masa de gente.

Además del papel de la Junta de Comunidades, que es la que tiene las competencias y la responsabilidad del cumplimiento, sería bueno que las reglas del juego estuvieran claras desde un principio en los ayuntamientos, que son los promotores de los festejos. Los partidos políticos deberían dejar claro en cada pueblo que tiene la tradición (o la costumbre) de celebrar encierros, qué van a hacer si gobiernan. Si los van a mantener, eliminar o someterlos a consulta.

Finalmente, los defensores de estos festejos deberían ser los primeros en no dar argumentos a sus detractores. Los aficionados a los encierros, que suelen destacar los municipios donde son más “puros” (con más caballistas y personas a pie) y señalan los sitios que se convierten cada año en auténticos safaris, tendrían que ser los primeros en implicarse. Y no me refiero a las discusiones airadas o a las manifestaciones, sino a preservar lo que consideran bello frente a lo que a todas luces es horrendo. Me refiero a observar escrupulosamente las normas, limitar los coches, expulsar a los atosigadores y mantener a raya a los patanes. Solo así, eliminando las piedras y los palos, desterrando los ralis y la barbarie, evitarán esas imágenes que nos abochornan.

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