La sangría

trasvase-buendia-644x362

La situación de las reservas en los embalses de la cabecera del Tajo ha ido en claro descenso desde ya varios cursos hidrológicos, a pesar de lo cual se mantiene la política trasvasista por parte del Ministerio de Medio Ambiente. // Foto: abc.es 

Por Borja Montero

La noticia no es nueva, pero no deja de ser tan llamativa e indignante como las otras veces que se ha producido. El Gobierno en funciones ha aprobado un nuevo trasvase desde los embalses de Entrepeñas y Buendía a la cuenca del río Segura para cubrir las necesidades de abastecimiento en el Levante durante los tres últimos meses del año 2016, un total de 60 hectómetros cúbicos que viajarán por la dichosa tubería hasta Murcia y Alicante. De este modo, el comienzo del año hidrológico, que se inicia en otoño por ser tradicionalmente una de las épocas más lluviosas del año, denota un mantenimiento de la política que se viene practicando en este asunto y es la aprobación prácticamente automática, sea en la situación que sea, de nuevos envíos de agua a la cuenca levantina, casi siempre cuantificados en el máximo trasvasable que permita la disponibilidad del preciado líquido en la cuenca cedente.

Esta decisión llega en un momento en el que los embalses de la cabecera del Tajo están a un 17 por ciento de su capacidad y con unas previsiones climatológicas nada halagüeñas, que dibujan un otoño bastante menos lluvioso de lo que se precisaría para hacer subir las reservas de agua. De este modo, desoyendo las posibles consecuencias de mantener esta política e incumpliendo o, al menos, utilizando a su antojo los límites impuestos a la explotación del trasvase Tajo-Segura, el Ministerio de Medio Ambiente vuelve a atentar contra aquello que le da nombre y, en lugar de racionalizar el uso del agua y cuidar del mantenimiento del río y de toda la cuenca cedente, prima por las necesidades de agua de una zona que vive por encima de sus posibilidad en materia hidrológica. En esta ocasión, el trasvase se realiza en “situación hidrológica excepcional” y se limita a 20 hectómetros cúbicos al mes, pero el problema no tiene que ver con este envío en concreto sino con la perseverancia de los responsables de esta cartera en una estrategia que se ha revelado, con el paso del tiempo, poco efectiva y, sobre todo, con pocos visos de futuro, dado el cambio evidente de las condiciones meteorológicas en todo el planeta y la degradación progresiva del estado medioambiental de conservación del río, su cuenca y su entorno.

De este modo, afrontando la incógnita de un otoño que no parece que vaya a solucionar los problemas en los embalses de Entrepeñas y Buendía, los datos deben impulsar una vez más a plantear un debate sereno y sosegado sobre el tema del agua. No se trata de revisar las cantidades máximas a trasvasar o de establecer reservas mínimas en la cuenca cedente que, llegado el momento, pueden saltarse con la simple firma del ministro de turno, tampoco de una lámina estable de agua en ambos pantanos para asegurar la protección medioambiental del entorno y desarrollo económico de los pueblos ribereños. Se trata de un análisis profundo de la situación actual y de las previsiones futuras teniendo en cuenta todos los factores posibles, tales como la climatología, la demografía, la forma de consumo o el urbanismo, entre otros, que determine si el modelo actual, diseñado en unas circunstancias totalmente diferentes, sobre todo en lo que a población y explotación turísitca se refiere, es adecuado o no a la situación actual y, sobre todo, futura.

Los expertos han de decidir si la solución pasa por un Plan Hidrológico Nacional, que inventaríe y reordene los recursos para explotar la solidaridad de otros territorios y no solamente de la cabecera del Tajo; del uso real y efectivo de plantas desaladoras, aunque el agua resultante sea de menor calidad, o si el futuro distópico del que muchos alertábamos, el de las consecuencias tangibles del cambio climático y de la degradación de las condiciones medioambientales del planeta por culpa de la mano del hombre, está cada vez más cerca y hay que establecer verdaderas restricciones al uso de agua, sobre todo aquel que no tenga por objeto el consumo humano. Quizás la respuesta esté en una sabia combinación de estas tres alternativas, pero es innegable que la decisión se ha retrasado ya demasiado tiempo. Por muy dolorosas o polémicas que sean las medidas a tomar, hay que hacerlo. Si mantenemos esta política continuista, se hará bueno el refrán de “de aquellos polvos, estos lodos”, sobre todo en los menguantes embalses de Entrepeñas y Buendía.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s