Un acuerdo muy vivo

Por Raquel Gamo

El pasado 26 de septiembre, Podemos dio por “muerto” el acuerdo de investidura con el PSOE en Castilla-La Mancha. La noticia encontró un amplio eco no sólo como es lógico en la región sino que alcanzó de lleno la política nacional. Primero porque el episodio puede encuadrarse en el psicodrama que ha vivido el PSOE desde entonces. Y, segundo, por las evidentes conexiones madrileñas de los protagonistas: Emiliano García-Page es uno de los barones que más han destacado en su beligerancia hacia Pedro Sánchez; mientras que José García Molina, secretario regional de Podemos, es un dirigente considerado próximo a la corriente de Pablo Iglesias.

García-Page y García Molina durante la presentación en febrero del acuerdo entre PSOE y Podemos para aprobar los Presupuestos regionales para 2016. // Foto: El País

García-Page y García Molina durante la presentación en febrero del acuerdo entre PSOE y Podemos para aprobar los Presupuestos regionales para 2016. // Foto: El País

Desde una óptica estrictamente autonómica, el anuncio hecho por Molina tenía un interés considerable. Y no sólo por ser el primer toque de atención serio de Podemos al Gobierno de Page, sino por las consecuencias que podría tener para el futuro. PSOE y Podemos no tienen firmado un acuerdo de gobierno para esta legislatura. Desde el arranque de ésta las dos formaciones van pactando, proyecto a proyecto, ley a ley, lo que obliga a un diálogo casi permanente. Eso tampoco cambiará, lo que ha tenido el efecto de provocar una cierta indiferencia del PP ante la maniobra de Podemos. Este cuadro quedó claro en el Debate sobre el Estado de la Región, celebrado el miércoles y jueves, y en el que Podemos tumbó todas las propuestas presentadas por los socialistas.

Antes de cualquier otra consideración, lo primero que cabe decir es que del anuncio de García Molina sorprendieron cuatro cosas. La primera, la fecha: al día siguiente de las elecciones vascas y gallegas, cuando más daño podía hacer al PSOE y más ruido podía generar. La segunda, que fue materializado en un aséptico comunicado, cargado de lirismo pero sin ninguna razón política de fondo, y sin aceptar preguntas de la prensa. La tercera es que se hace difícil adoptar un giro de este calado sin antes modular las reacciones: de un partido que pocos días antes había pactado el techo de gasto con el gabinete de Page no se espera que dé por roto, de golpe y porrazo, el acuerdo de investidura. Y la última sorpresa fue el método para ejecutar la decisión: sin apenas informar a las secretarías provinciales y sin consultar a los círculos.

El revuelo mediático que generó la noticia y la falta de solidez en los argumentos hicieron que los diputados regionales de Podemos, el alcarreño David Llorente y el propio García Molina, dedicaran casi por completo la semana a ir de plató en plató y de reunión en reunión a intentar convertir una rabieta en una decisión con fuste. En ese tránsito, por cierto, han encontrado a un aliado de lujo: al propio presidente Page, enfangado hasta el tuétano en la batalla de Ferraz.

En todo caso, y por ofrecer información al lector, vamos a repasar algunas de las razones expuestas por los portavoces de Podemos y a ponerlas negro sobre blanco, a la luz de los hechos y los datos.

Renta Garantizada: Es la ayuda aprobada en las Cortes en noviembre de 2015, y cuya aplicación urgente reclama Podemos para todas aquellas personas en riesgo de exclusión social o bajo el umbral de la pobreza, equivalente al salario mínimo interprofesional. Una situación social grave que debería ser prioritaria en la región, dado que un tercio de la población castellano manchega está en riesgo de pobreza. Este subsidio se incorporaría al llamado Plan Integral contra la Pobreza y la discriminación social. Es un compromiso que queda pendiente. Como respuesta, el presidente anunció en el Debate sobre la Región una estrategia contra la pobreza y la exclusión social hasta 2020, que incluye la Renta Mínima Garantizada.

Plan de Rescate Habitacional: Una medida fundamental cuya aplicación se esperaba inmediata. El acuerdo Podemos-PSOE para el arranque de la legislatura establecía el compromiso de que en Castilla-La Mancha “no habrá desahucios, sin que la administración haya mediado para dar una alternativa de alquiler social o procurado una mediación con la entidad financiera para un plan de reestructuración de la deuda”.

Pues bien, David Llorente acusaba abiertamente a Page de no haber hecho nada en materia de vivienda: solo crear las Oficinas Antidesahucios. Y lo cierto es que no se ha dado ningún paso en firme para la elaboración de la Ley de Sobreendeudamiento para ajustar la deuda al valor real del inmueble hipotecado y hacer efectiva la dación en pago. Como tampoco se ha presentado la Ley de Vivienda Social. Desde las filas socialistas defienden que, a través de la intervención del Gobierno regional, 8.600 familias sin hogar se han podido acoger a un alojamiento temporal. El jueves, al final del Debate de la Región, Podemos sacó adelante una resolución -con la abstención del PSOE- que aboga por luchar contra la desigualdad social a través de planes de rescate habitacional, la renta garantizada y un plan para la integración social.

García-Page, después de intervenir en el Debate sobre el Estado de la región, el pasado miércoles. // Foto: clm24.es

García-Page, después de intervenir en el Debate sobre el Estado de la región, el pasado miércoles. // Foto: clm24.es

Plan de Recuperación de Servicios Externalizados: Es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el Gobierno de Page. Se trata de restablecer el carácter 100% público de la educación, la sanidad y el bienestar social, servicios públicos heridos maltratados por Cospedal. Según el portavoz de Podemos, no se ha diseñado este plan. Al contrario, se han anunciado ya nuevas privatizaciones y copagos. No se ha derogado el Decreto sobre dependencia del gobierno de Cospedal (2013), no se ha resuelto ni un 20% de los expedientes acumulados –cuando Page se había comprometido en su investidura a tramitarlos todos en un año- e incluso se han reducido las ayudas, como ha denunciado la propia Plataforma de la Dependencia de Castilla-La Mancha. En todo caso, hay que subrayar en enero el Ejecutivo de Page aprobó un nuevo decreto para la dependencia -clave para recuperar este servicio-. Además, se han atendido 5.000 nuevas solicitudes de personas dependientes y se han rescatado 6.000 expedientes paralizados durante la etapa popular. O sea, que sí: que queda mucho por hacer, pero no parece que Fuensalida vaya por mal camino.

Otras demandas que, por ahora, no han llegado a ningún puerto, son la Ley de Transparencia y Buen Gobierno, actualmente en tramitación, que pemite un control exhaustivo de la gestión con medidas como la publicación mensual y pormenorizada de los contratos de la Administración o la declaración de renta, bienes y patrimonio de todos los cargos públicos al inicio y final de su mandato. En cuanto a la Ley de Participación Ciudadana, se propone rescatar la Inicitiva Legislativa Popular como fórmula para fomentar la implicación de los ciudadanos en el gobierno de la región, a través del asociacionismo y el debate.

Pero, al margen de estos puntos, lo cierto es que Podemos se ha empleado a fondo en los últimos días -especialmente en las redes sociales- para refutar el argumentario de los socialistas de que “Page cumple”. “Page no cumple, efectivamente, porque está protegiendo los intereses de esta oligarquía depredadora”, escribió recientemente David Llorente en Público. Antes su compañero Molina dijo que Page es “una versión en diferido” de Cospedal.

Hombre, con la pesadilla que ha vivido Castilla-La Mancha durante los cuatro devastadores años del Cospedalato, y por muchas enmiendas que pueda hacerse al Ejecutivo actual, comparar a éste con aquél no se sostiene en un argumento político mínimamente serio. Básicamente, porque el Gobierno de Cospedal se dedicó durante una legislatura a triturar los servicios públicos a mayor gloria de la corrección del déficit. Nada que ver con lo que ha ocurrido después del cambio de gobierno: 20 escuelas rurales abiertas (todas las que lo solicitaron); 7.464 ayudas para comedores escolares y apertura de los mismos en verano; libros gratuitos para los alumnos de los cursos de la Lomce; reversión del plan de privatización de los hospitales e inicio de las obras que permanecían paradas, como las del Hospital de Guadalajara; descarte del cierre de las urgencias rurales; supresión de tasas en la dependencia y resolución de 5.000 expedientes en un año; creación de oficinas antidesahucios; freno al ATC nuclear en Villar de Cañas; paralización de 30 lanzamientos; plan contra la pobreza energética.

Son medidas todas ellas sobre las que Page reiteró su compromiso durante el Debate sobre el Estado de la Región. Y, aunque quizá dedicara demasiado tiempo a ejercer de “oposición de la oposición”, lo cierto es que al barón socialista le bastó un ratito de su intervención para presentar 72 nuevas medidas, y dejar en entredicho la esceneficación de la ruptura por parte de Podemos. No son medidas hueras: Plan de Rescate Habitacional o la creación de un observatorio para la Dependencia y 40 equipos de atención integral a dependientes, que darán empleo a 80 profesionales más.

Las propuestas tumbadas a Podemos en el Debate en el Parlamento regional pedían regular el mercado en la cadena alimentaria con un organismo autonómico para vigilar comportamientos abusivos; evolucionar hacia una “economía circular” en el reciclaje de residuos; ampliar plantillas de profesores y recuperar el 6% del PIB como horizonte de inversión en educación; o revertir las externalizaciones sanitarias. Muy importantes todas. Pero, ¿suficientes para tensar tanto la cuerda con el PSOE?

David Llorente, Pablo Iglesias y García Molina en una foto de archivo. Foto//: elconfidencialdigital.com

David Llorente, Pablo Iglesias y García Molina en una foto de archivo. // Foto: elconfidencialdigital.com

Las formas son importantes en política. Desorbitar el problema suele ser un mal preludio para que la ciudadanía entienda una posición política. Cualquiera que viva o tenga relación con Castilla-La Mancha sabe que queda mucha tarea por hacer aún. Queda mucho por reconstruir porque el destrozo de los últimos años no tiene precedentes. Sin embargo, no existen razones de fondo –salvo que sean estrictamente de estrategia partidista- que justifiquen el descarrilamiento del acuerdo entre PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha. Un acuerdo, por otro lado, y con la aritmética parlamentaria en la mano, que es el único posible. Porque, ¿cuál es la alternativa que maneja Podemos? ¿Tumbar a Page y dar la Presidencia a alguien del PP?. Precisamente en el debate, Podemos se reafirmó en la paradoja de su situación: insatisfecho con Page, pero sabedor de su imposibilidad de dar el gobierno al PP.

Da la impresión de que este episodio ha formado parte de una tramoya que excede los límites regionales. Y que, en consecuencia, el acuerdo volverá a estar muy vivo en cuanto escampe el panorama de la política nacional.

Pero con los asuntos del comer no debería frivolizarse. Y eso vale tanto para un García-Page enzarzado en las peleas internas en su partido como para un García Molina encantado de haberse conocido y de tocar la lira mientras lo que hace falta son raciones de pragmatismo político.

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