La Sierra viva

Bailes tradicionales durante el VII Día de la Sierra celebrado en El Cardoso, en 2014. Foto:// Asociación Serranía

Folklore durante el VII Día de la Sierra, en El Cardoso, en 2014. // Foto: Asoc. Serranía

Por Raquel Gamo

Lo que empezó como una aventura sin pretensiones se ha convertido ya en una de las actividades más destacadas del calendario festivo de la provincia. Hoy, como cada sábado después del día del Pilar, se celebra el Día de la Sierra. Será la novena edición. Casi una década después, la Asociación Serranía ha demostrado que es posible aunar la divulgación cultural de aquellos rasgos que identifican a los serranos, sin perder el tono reivindicativo acorde con cualquier entidad preocupada por su entorno. Huyendo siempre del sectarismo político y con una visión global, constructiva e integradora.

Desde Hiendelaencina hasta Campillo de Ranas, pasando por Galve de Sorbe, Arbancón, Majaelrayo, Jadraque, Zarzuela de Jadraque, El Cardoso de la Sierra y Pálmaces, la Asociación Serranía ha llevado su voz a todos los puntos cardinales de una comarca tan extensa como heterogénea. Una comarca de contrastes porque todos sus pueblos comparten muchos problemas (despoblación, recortes en los servicios, unas telecomunicaciones rupestres, falta de oportunidades laborales, etc.), pero con sus particularidades en cada zona. A diferencia de la Tierra de Molina, donde existe una comarca delimitada geográfica y jurídicamente y cuya capital indiscutible es Molina de Aragón, en la Sierra hay muchas sierras. Y esta es una realidad que hay que atender a la hora de aplicar las políticas públicas.

La potencia turística de la Arquitectura Negra y la Sierra del Ocejón no es equiparable a la de la Sierra de Pela o Sierra Ministra, en las estribaciones de Sigüenza. Como tampoco se puede homologar la actividad agrícola de las tierras de Jadraque o Cogolludo con la reserva ganadera de Las Minas o Cantalojas, ni los Altos de Barahona con la presierra jadraqueña, ni la zona de El Cardoso con la del Alto Rey.

El valor del trabajo realizado en estos nueve años por la Asociación Serranía –también por otras entidades como la Asociación de empresarios turísticos Sierra Norte- es hacerse eco de la riqueza de contrastes de este territorio, lo que equivale a ser sensible con sus distintas realidades locales. Y esto explica las jornadas organizadas en años anteriores, por ejemplo a través de los sucesivos ciclos de primavera, sobre la caza, la presencia del lobo, el desarrollo de los parques naturales, la gestión del agua o los objetivos en materia turística.

Programa de actos del IX Dia de la Sierra, en Campillo de Ranas. Foto:// Asociación Serranía

Programa de actos del IX Dia de la Sierra, en Campillo de Ranas.

El IX Día de la Sierra presenta, como cada año, un programa cuajado de serranismo, si se me permite el vocablo. Las distintas actividades irradian la esencia de una tierra que está deseando que la gente vaya a verla. Y no sólo por hacer hincapié en los juegos infantiles (transmitir los valores de nuestra cultura debería ser una asignatura obligatoria en los coles de la provincia), sino también por la amalgama de iniciativas alrededor de la naturaleza y el patrimonio cultural. Ya sea con el folklore, el vocabulario serrano –un empeño inédito-, la puesta en valor de los espacios naturales o el reconocimiento a nuestros mayores, a los “abuelos serranos”, eslabón imprescindible de la herencia cultural de la comarca.

Y si a la sierra no le sobran pobladores, lo que desde luego no le faltan son pregoneros que canten sus excelencias. Antonio Herrera Casado, Javier Sanz, Francisco García Marquina, Pedro Vacas, José Ramón López de los Mozos y José Serrano Belinchón integran una nómina a la que este año se sumará el periodista y escritor alcarreño Pedro Aguilar, gran conocedor de las veredas serranas. Junto a ellos lucen también los galardonados con el Serrano del Año, un premio que se ha hecho popular y que ya recibieron el periodista Antonio Pérez Henares, natural de Bujalaro; Fernando Almansa, coordinador de la acción humanitaria internacional de Oxfam desde Sigüenza y Condemios; el fotógrafo Santiago Bernal; Atilano Vicente, considerado el último cartero rural del Valle del Ocejón; la plataforma en defensa del ferrocarril del Henares; el escritor atencino Tomás Gismera; la Asociación ‘Buen Valle’ de Retiendas, por su encomiable lucha en favor del monasterio de Bonaval; y Francisco Burillo, presidente de la asociación Serranía Celtibérica. Este año, el galardón Serrano del Año recae sobre la Asociación Castillo de Galve, que cumple una década bregando por la recuperación de este importante monumento.

A estas alturas ya es imposible imaginar el otoño serrano sin celebrar el Día de la Sierra. Es una fiesta para la alegría y el bullicio en los 85 pueblos del área reconocida como Sierra Norte, pero también una forma de hacer terapia en una zona habitualmente anclada en el silencio y la quietud.

Es verdad que los pueblos han ganado en comodidad en las últimas décadas. Es verdad que nunca como ahora las carreteras habían estado mejor (salvo excepciones escandalosas como la que esta semana hemos conocido en San Andrés del Congosto). Es verdad que nunca como ahora el turismo (pese a las limitaciones) había estado tan en boga en la Sierra.

Sin embargo, la principal lacra –la despoblación- sigue sin ser atajada, no existe coordinación entre las administraciones, no se han erradicado las duplicidades –por ejemplo, son clamorosas en el área de turismo-, no se ha logrado implantar una visión de comarca que vaya más allá del cortoplacismo y quizá tampoco se han aprovechado los fondos europeos para abonar el caldo de cultivo idóneo que dé aliento al tejido productivo local, ya de por sí muy mermado.

Serranos participando en la última ruta de la Jara, el pasado junio. Foto:// A.S.

Serranos participando en la última ruta de la Jara, el pasado junio, en Puebla de Valles.
// Foto: Asociación Serranía de Guadalajara.

La virtud de la Asociación Serranía es recordarnos cada año que la Sierra sigue teniendo muchas cosas por las que luchar, pero también muchas otras por las que desplegar un razonable orgullo de ser serrano. Este colectivo nació de una cena en el restaurante El Albero, en Guadalajara. Surgió por la tenacidad y la curiosidad intelectual de serranos de pro como José Antonio Alonso, José Miguel Llorente, Raúl Conde, Pepa Durán, Pilar Remartínez o José María Alonso Gordo, entre otros muchos. Fruto de su intensa tarea quedan la ristra de exposiciones organizadas en estos años, el extinto periódico La Serranía (un esfuerzo ingente de distribución gratuita por toda la comarca), la página web que sigue activa y publicaciones destacadas como El Ocejón y sus juegos populares (patrocinado por Adel Sierra Norte) o la Lista Roja del patrimonio arquitectónico, que contó con la supervisión del malogrado investigador José Luis García de Paz.

Al frente de la asociación continúa Fidel Paredes, una persona extraordinaria y un enamorado de su pueblo, Villares de Jadraque, y de toda la sierra, acompañado de un grupo de entusiastas que sobresale por su constancia y bonhomía. Un colectivo que es un buen reflejo de la Guadalajara sencilla y humilde de la serranía. La misma Guadalajara que hoy volverá a germinar entre las callejas y la pizarra negra de Campillo. Como exclamó Javier Sanz en su pregón de 2009: ¡Viva la Sierra viva!

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